Resultado de imagen de cambio climatico

La frecuencia y la intensidad con que se suceden fenómenos meteorológicos extremos en diferentes lugares del planeta, ya sean tormentas tropicales o sequías extremas, relanza con fuerza el debate sobre si se está haciendo todo lo necesario y lo posible para evitar lo que la evidencia científica apunta como principal causa: el cambio climático. Particularmente importante es este debate en Estados Unidos, uno de los dos mayores emisores, junto con China, de gases de efecto invernadero, donde, pese a la abrumadora acumulación de pruebas científicas, el presidente Trump se permite abandonar los acuerdos de París contra el cambio climático.

Hace tiempo que los científicos vienen advirtiendo de que una de sus primeras manifestaciones será la intensificación de fenómenos climáticos que son habituales, pero que cada vez serán más frecuentes y más devastadores.   La ola de calor que han vivido este verano el sur de Europa y los Balcanes, con 10 países en alerta roja por temperaturas extremas, los huracanes que asolan el Caribe o la intensidad que adquieren en Asia los habituales monzones forman parte del mismo fenómeno, el calentamiento global. En los paneles de observación climática se acumulan las evidencias. El año 2017 figura, junto a 2014 y 2015, como el año más cálido de la historia desde que se tienen registros; la temperatura del mar de Barents, en el Ártico, alcanzó este mes de agosto 11 grados centígrados por encima de la media, mientras que en tierra, la temperatura media se ha elevado ya dos grados. La temperatura de la superficie del océano, que ya está 20 centímetros por encima de la época preindustrial, es por sexto año consecutivo más elevada que el año anterior.