Ciudadanos una difícil disyuntiva

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Publicado; 03 Mayo 2019 A las; 15:18

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El Parlamento que sale de estas elecciones permite, en teoría, diferentes alternativas de investidura, alejando la aberrante posibilidad de una nueva convocatoria, según ocurrió en 2016, así como la de resignarse a un precario Gobierno en minoría.

No obstante, es previsible que los diferentes grupos no se pronuncien sobre los pactos necesarios para investir a un candidato a la presidencia del Ejecutivo hasta la celebración de la próxima ronda electoral, el 26 de mayo. Esta implícita vinculación entre los resultados de ayer y los futuros no es la mejor salida para la gestión efectiva de las instancias de poder central, autonómico y municipal, cuyos problemas son singulares y específicos, pero es la única realista a la vista de la composición de la Cámara. También la única prudente, por las implicaciones políticas que conllevará para los principales problemas del país el hecho de que el partido socialista se vea forzado a elegir entre una u otra mayoría.

A este respecto, Ciudadanos es la fuerza que tiene ante sí la más difícil disyuntiva y la más grave responsabilidad, puesto que, de mantenerse en la posición expresada ásperamente durante la campaña, su negativa de principio a contribuir con cualquier fórmula de Gobierno en la que participe el partido socialista convertirá sus alarmas acerca de la unidad de España en una profecía autocumplida. La dificultad a la que se enfrenta una mayoría alternativa que incluya a Podemos reside en el hecho de que sus votos no bastan para investir al candidato socialista, pero también en su posición acerca de la crisis territorial en Cataluña. Ni uno ni otro camino pueden ser descartados de antemano, sobre todo, porque el calendario permite una tregua durante la que concentrarse en los programas más que en coaliciones de siglas en abstracto.

La crisis territorial requiere una salida política que se encuentre inequívocamente dentro de la Constitución, pero no es el único problema sobre el que hay que decidir. Sin una respuesta simultánea al devastador desempleo juvenil, la precarización del mercado de trabajo, la desigualdad social, la lucha contra el cambio climático y el futuro de las pensiones, entre otras reformas imprescindibles, un Parlamento abierto corre el riesgo inasumible de transformarse en un Parlamento inviable.

El partido socialista liderado por Pedro Sánchez ha resultado la fuerza más votada en las elecciones generales y, por tanto, es a ella a la que corresponderá en primera instancia la responsabilidad de formar Gobierno. El Partido Popular y Ciudadanos, por su parte, no han obtenido los resultados que esperaban, confiando en que la estrategia de la crispación en la que han rivalizado se traduciría en un severo recorte del apoyo electoral a los socialistas. Antes por el contrario, los populares han padecido un revés de tales proporciones que amenaza la continuidad de su líder, Pablo Casado, en tanto que Ciudadanos ha fracasado en el intento de encabezar la derecha, pese a haber aumentado sustancialmente su presencia en el Congreso. No cabe descartar la influencia ejercida por el discurso apocalíptico que ambas fuerzas han mantenido desde la moción de censura contra Mariano Rajoy, así como el pacto con el que gobiernan en Andalucía, en la irrupción de Vox y en la normalización de su programa extremista.

¿Por qué ha fracasado la derecha?

Al menos por tres razones. La primera, por concurrir a las elecciones dividida en tres partidos de ámbito nacional. La segunda, por abandonar el centro. La tercera, por olvidar la moderación y sensatez que, políticamente, caracteriza a la mayoría de los españoles. El PP nunca ha ganado unas elecciones generales sin atraer a la mayoría de los electores de centro y también a la mayoría de los dicen no tener ideología, los moderados. El surgimiento de Ciudadanos y su éxito electoral entre 2014 y 2016 alejó al PP del centro. El éxito de Vox en las autonómicas andaluzas y el intento de evitar la pérdida de votos por ese flanco hicieron el resto para escorar al PP a la derecha. Y Ciudadanos, el partido que había logrado ubicarse en la posición más central, entre PSOE y PP, no solo se escoró también hacia la derecha, sino que en las semanas previas a las elecciones renunció a competir por buena parte de los votantes de centro al asegurar que no pactaría con el PSOE de Pedro Sánchez. En todo caso, no todas las derechas han fracasado por igual, como es evidente. El PP ha sufrido un durísimo revés, pero si reacciona adecuadamente se podrá recuperar, como lo hizo el PSOE tras los 85 escaños de 2016. Mucho trabajo por delante.

En casi todas las democracias avanzadas observamos, elección tras elección, el aumento de la fragmentación política y el declive, en mayor o menor medida, de los partidos tradicionales. Durante algún tiempo se pensó que este fenómeno tenía menos recorrido en España, debido a nuestro sistema electoral, y que se limitaba estrictamente al terreno ideológico de la izquierda. Pero nada más lejos de la realidad. La derecha, beneficiada durante décadas por el sistema electoral y la lealtad de los votantes del PP, es ahora la principal damnificada tras la emergencia (moderada) de la extrema derecha en España. Es probable que la lectura en Ciudadanos sea la de seguir luchando por ser el principal partido del centro derecha en España. Por otro lado, el efecto arrastre de estas elecciones podría perjudicar a Vox en el triple combate del 26 de mayo y favorecer la coordinación del voto en torno al PP y Ciudadanos.

El fracaso de la estrategia de Casado en estas elecciones.

El escenario andaluz le llevó a un baile equivocado. Abandonó el centro por competir con la caballería de la extrema derecha. El centro se lo ha arrebatado Ciudadanos, próximo al sorpasso. Abascal se quedó esperando ese “algo grande” que pensaba que llegaría (un 10% de los votos es mucho, pero el festejo es bastante menor). El mayor logro de Vox es dejar arrasado al Partido Popular, aunque no sabremos cuánto han cargado los hombros de Casado la herencia de la trama Gürtel. De aquí hacia adelante, a Rivera le va a resultar difícil mantener y justificar su cordón sanitario a Sánchez.

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