La Isleña cuenta con una larga trayectoria en Canarias, donde ha sabido preservar su esencia a lo largo del tiempo. ¿Cuál ha sido el mayor desafío a la hora de mantener esa tradición centenaria mientras se incorporan procesos de modernización e innovación industrial?
Creo que el principal desafío, sin duda, ha sido evolucionar sin perder nuestra esencia. Porque La Isleña no es solo una empresa; es una familia, una marca profundamente arraigada en la historia y la cultura de Canarias.
De hecho, solemos decir que La Isleña no es de Canarias, es canaria. Y cuando uno apuesta por la modernización, es fundamental incorporar tecnología, mejorar procesos y ganar eficiencia, pero siempre lo hemos hecho bajo una premisa clara: que nuestros productos sigan teniendo el mismo sabor que ha estado presente durante generaciones en los hogares canarios.
Hemos avanzado en innovación, en el ámbito industrial, en automatización y en control de calidad, pero siempre respetando nuestras recetas, nuestros formatos y las referencias que forman parte de nuestra identidad.
Ese equilibrio entre tradición y modernidad es, probablemente, la mayor fortaleza de La Isleña.
“La Isleña no es de Canarias, es canaria”
La marca ha logrado mantener una fuerte conexión con los hogares canarios, respetando su identidad y costumbres. ¿Cómo consigue La Isleña equilibrar ese compromiso con la sociedad local frente a los retos actuales y la creciente competencia en el sector alimentario?
Tenemos muy claro que nuestra ventaja competitiva reside precisamente en nuestra forma de hacer las cosas. La Isleña, como comentaba antes, es una marca que forma parte del día a día de muchas familias canarias. Y eso no se construye únicamente a través del producto, sino también generando confianza a lo largo del tiempo.
Competimos en un mercado cada vez más globalizado, pero lo hacemos desde una posición muy definida: mantenemos una cercanía real con el consumidor, contamos con un profundo conocimiento del mercado local y tenemos un firme compromiso con la economía canaria.
Por eso entendemos que no se trata solo de competir en precio, sino en valor, en identidad y en calidad percibida. Es fundamental que lo que contamos y lo que hacemos vayan siempre de la mano. Somos canarios y trabajamos cada día con el objetivo de ser una empresa relevante para la sociedad canaria.
El rancho canario con fideos “La Isleña”, especialmente con el fideo nº4, forma parte del imaginario colectivo del archipiélago, como refleja la campaña “Gloria al Rancho”. ¿Qué papel juega este tipo de iniciativas en el refuerzo del vínculo emocional con el consumidor y en la consolidación de la marca?
Una campaña como “Gloria al Rancho” refuerza algo que para nosotros es fundamental: la conexión emocional con el consumidor. Porque el rancho canario no es solo una receta, es tradición, es familia y es memoria.
La Isleña ha estado presente en esa historia durante generaciones. No hay que olvidar que la marca se fundó en 1870, hace más de 150 años. Por tanto, este tipo de iniciativas nos permite reforzar nuestra trayectoria, consolidar nuestro posicionamiento y poner en valor nuestras raíces, que son profundamente canarias. Además, también nos ayuda a destacar elementos que nos diferencian, como el fideo del 4, que es el formato ideal para el rancho y que forma parte de nuestra identidad.
Hoy en día, las marcas no solo venden productos, construyen relatos. Y ese relato tiene que ser auténtico y coherente. El nuestro está profundamente ligado a Canarias, y es precisamente eso lo que le da sentido y valor.
En relación con la evolución de la imagen de marca, recientemente se ha trabajado en la renovación del packaging de la gama de pastas. ¿Qué objetivos persigue esta actualización y cómo influye en la percepción del producto por parte del consumidor?
Al final el objetivo está muy claro: adaptarnos a lo que busca el consumidor sin perder nuestra identidad. Hemos trabajado mucho en ser más visibles en el punto de venta y en explicar mejor el producto, porque para nosotros el packaging ya no es algo secundario, es una herramienta clave.
No solo protege el producto, también es una forma directa de conectar con el consumidor: transmite la marca, la calidad, la confianza… y todo eso tiene que hacerlo en cuestión de segundos. Tiene que ser ese “clic”, ese chispazo que hace que te elijan. Y ahí es donde estamos poniendo mucho foco.
La Isleña es muy conocida por su pasta, pero también tiene una larga tradición en chocolate. ¿Qué papel juega hoy esa parte de su historia dentro de la marca?
Muchas veces se nos asocia únicamente con la pasta, pero nuestra historia también está muy ligada al chocolate. De hecho, contamos con el reconocimiento como proveedores de la Real Casa desde el año 1901.
A lo largo de todo este tiempo hemos mantenido nuestra esencia, nuestras fórmulas y una forma de hacer las cosas muy cuidada. Y eso es precisamente lo que buscamos también en el chocolate: conservar el sabor de siempre, garantizar la calidad y mantener la autenticidad del producto. Después de más de 150 años de historia, nuestro compromiso sigue siendo el mismo: hacer productos con ese cariño y ese respeto por la tradición que nos ha traído hasta aquí.
En el marco del proyecto de colaboración público-privada con el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), ¿qué oportunidades abre el desarrollo de productos como la pasta con espirulina y cómo encajan estas innovaciones dentro de la estrategia de la empresa?
Para nosotros, en primer lugar, es un orgullo haber colaborado con el Instituto Tecnológico de Canarias en este proyecto. Además, queremos destacar y agradecer su predisposición, porque ha sido clave para sacar adelante esta iniciativa de colaboración público-privada. Creemos que este proyecto es un buen ejemplo de hacia dónde debe avanzar la industria canaria: hacia una innovación conectada con el territorio y apoyada en el conocimiento, capaz de generar valor y transferencia tecnológica. En este caso concreto, la espirulina nos abre nuevas oportunidades en ámbitos como la alimentación saludable, el desarrollo de productos funcionales y la apertura a nuevos mercados. Pero, además, contribuye a impulsar una industria de materias primas que puede beneficiar al conjunto del sector agroalimentario. Y, en definitiva, iniciativas como esta ayudan a posicionar a Canarias como un espacio de referencia en innovación dentro de la industria agroalimentaria.
“La Isleña es tradición, pero con156 años de vida también es futuro”
La introducción de ingredientes innovadores como la espirulina supone un cambio relevante en los hábitos de consumo. ¿Qué estrategias está siguiendo La Isleña para facilitar la aceptación de estos nuevos productos entre los consumidores?
Sí, totalmente. Nosotros estamos en la línea de acompañar al consumidor, ayudándole a evolucionar sin romper sus hábitos.
Estamos trabajando en una comunicación más clara de los beneficios de nuestros productos, en integrarlos de forma natural en recetas tradicionales y también en generar experiencias, como degustaciones, que acerquen estos productos al día a día de la gente.
Porque al final no se trata de sustituir lo tradicional, sino de hacerlo evolucionar de manera natural y coherente con lo que el consumidor ya conoce y valora.
En los últimos años se ha reforzado el debate sobre la importancia de impulsar el sector industrial en Canarias. Desde su experiencia, ¿qué factores considera clave para fortalecer el tejido industrial del archipiélago y mejorar su competitividad?
Yo creo que lo primero que tenemos que tener claro es que la industria hay que fortalecerla y reforzarla. Al final, es una seña de identidad y una garantía de autoabastecimiento, algo que quedó claramente demostrado durante la pandemia.
Para avanzar en esa dirección, es fundamental actuar sobre aquellos factores que hoy la hacen menos competitiva. Hablamos, por ejemplo, de reducir los costes estructurales, tanto energéticos como logísticos; de garantizar seguridad jurídica y estabilidad normativa; y también de impulsar incentivos que favorezcan la inversión productiva.
Hay además un aspecto clave que el sector está reclamando con fuerza: el talento y la formación. Necesitamos preparar a los jóvenes para que se incorporen al tejido industrial, aporten conocimiento y aseguren el relevo y la continuidad de la industria canaria.
Y, por supuesto, no podemos olvidar el proceso de digitalización en el que está inmersa la industria, y que también requiere acompañamiento. Porque no hay que perder de vista que la industria es fundamental: genera empleo estable, aporta valor añadido y contribuye a la solidez económica del territorio. Y todo esto, insisto, quedó especialmente claro durante la pandemia.
Además, respecto al Régimen Económico y Fiscal de Canarias, ¿cree que se está aprovechando plenamente para impulsar la industria o aún hay margen de mejora en su aplicación?
Yo creo que nuestro Régimen Económico y Fiscal debe ser un instrumento vivo. Los tiempos cambian, y con ellos cambian también las necesidades de las empresas y, en particular, del sector industrial.
El REF es una herramienta clave, pero como cualquier instrumento, tiene margen de mejora. En ese sentido, es fundamental avanzar en la simplificación de su aplicación, orientarlo aún más hacia la inversión productiva y, sobre todo, garantizar la seguridad jurídica.
Porque hay algo importante que conviene recordar: el REF no es un privilegio, es un mecanismo para compensar desventajas estructurales. Y esas desventajas evolucionan a medida que cambia el entorno económico y global. Por eso, el REF debe ser capaz de adaptarse y dar respuesta a las necesidades reales tanto de la industria como del conjunto de Canarias. En definitiva, debe seguir siendo un instrumento dinámico, útil y alineado con la realidad de cada momento.
Mirando hacia el corto y medio plazo, ¿cuáles son los principales retos estratégicos de La Isleña en ámbitos como la sostenibilidad, la innovación de producto y la adaptación a las nuevas demandas del mercado?
En sostenibilidad, está claro hacia dónde vamos. Reducir el impacto ambiental, mejorar la eficiencia energética y apostar por un packaging más sostenible son retos fundamentales en nuestro compromiso con el medio ambiente. En cuanto a innovación, seguimos trabajando en generar nuevos productos, fomentar la alimentación saludable y diferenciarnos frente a nuestros competidores. Y en el ámbito del mercado, tenemos muy presente la necesidad de adaptarnos a los nuevos hábitos de consumo y a lo que buscan los consumidores canarios.
Nuestro objetivo es seguir mejorando y apostando por la calidad de nuestros productos, manteniendo una exigencia constante de mejora continua. Al mismo tiempo, estamos preparados para competir en un mercado global, teniendo en cuenta que Canarias está en una posición tricontinental, lo que hace que aquí lleguen productos de todo el mundo y nos obliga a ser muy competitivos.
En resumen, nuestro reto es continuar siendo la marca de siempre, pero en un mercado cada vez más competitivo. La Isleña es tradición, pero con 156 años de historia también mira al futuro. Nuestro compromiso es seguir creciendo desde Canarias, innovando, generando valor y manteniendo la confianza que nos han dado las generaciones pasadas, a la vez que la ganamos con los consumidores del futuro.









