06/02/2026

Emilio Murias: “Cuando una empresa tiene conciencia real, se nota más allá de cumplir el papel”
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Emilio Murias. CEO de Economía Circular Canarias.

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Como CEO de Economía Circular Canarias, ¿qué cree que distingue a una empresa realmente comprometida con la sostenibilidad de aquellas que solo cumplen de manera simbólica?
Muchas veces se nota rápido cuando una empresa tiene conciencia real, más allá de “cumplir el papel”. Yo lo percibo desde que entras: cosas simples como las papeleras, si hay separación de residuos, la cantidad de plástico, incluso cómo comunican sus estrategias.
Por ejemplo, bajar la basura puede decir mucho: ves si aprovechan los recursos o si todo se desperdicia. También se nota al cerrar una venta: algunas empresas todavía dan bolsas de plástico, mientras que otras usan materiales reutilizados, como papel de periódico.
Para mí, todo empieza en el CEO: su conciencia se transmite al resto de la empresa y cada empleado lo adapta a su manera. Es un tema de cultura, no solo de normas.

¿Cuáles son los indicadores que les permiten saber si su formación está funcionando?
Sí, trabajamos tanto con niños como con empresas. Con los niños en institutos es más complicado porque a veces solo tenemos una hora, pero cuando empiezan a preguntar y muestran interés, eso es un indicador fantástico de que están aprendiendo.
Con las empresas, al tener más tiempo, podemos ver resultados más concretos: por ejemplo, si reducen consumo de papel o electricidad, esos datos reflejan el impacto real de nuestra formación.
En general, nuestro principal indicador es la interacción: cuando la gente pregunta, se interesa y aplica lo aprendido, ahí ves que la formación funciona.

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¿Cómo acompañan a los participantes tras los talleres para asegurar que la circularidad se implemente realmente y no quede solo en teoría?
A veces lo más difícil es ver los resultados, sobre todo con los niños, porque los cambios son pequeños y van poco a poco. Pero cuando regresamos a los colegios, vemos cómo se implantan cosas: talleres con juguetes reciclados, menos bollería, fruta en bolsas reutilizables… Eso es fantástico.
Con las empresas pasa algo similar: si la formación es puntual, es difícil ver resultados, pero con programas a largo plazo sí recibimos feedback. Por ejemplo, apartamentos turísticos nos dicen que han reducido electricidad y agua solo con pequeñas acciones, como
colocar un cartel para que los huéspedes reutilicen toallas.
Esas pequeñas mejoras muestran que concienciarse también puede ahorrar dinero y ser sostenible.

En turismo sostenible, ¿qué estrategias específicas recomiendan para minimizar el impacto ambiental y al mismo tiempo generar valor económico?
El turismo siempre tiene un impacto, desde el transporte hasta la cantidad de visitantes. Es positivo económicamente, pero también genera consumo y presión sobre recursos.
Por eso, promovemos prácticas sostenibles: hoteles que usan productos locales, artesanos que venden souvenirs hechos a mano, y restaurantes que ofrecen carga para coches eléctricos mientras los clientes comen.
También vemos iniciativas contra el desperdicio alimentario o compostaje en los hoteles. Todo esto genera empleos de calidad y productos más ecológicos, aunque a veces sean un poco más caros. La clave es querer hacerlo y dedicarle tiempo.

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Respecto a la lucha contra el desperdicio alimentario, ¿qué proyectos o iniciativas han tenido mayor éxito en Canarias?

Nosotros nos centramos en formación, pero también colaboramos con empresas que aplican estas ideas. Por ejemplo, en el sur de Tenerife hay un hotel que usa inteligencia artificial en la cocina:
identifica los alimentos que se tiran, los pesa y así saben exactamente cuánto desperdician.
Gracias a eso, pueden ajustar las compras y reducir el exceso de comida. La gente muchas veces no se da cuenta de lo que se tira hasta que lo ve reflejado. Este sistema ayuda a concienciar, beneficia al medioambiente y además ahorra dinero al hotel.

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¿Qué papel juegan los artesanos en la sostenibilidad y cómo combinan tradición y creatividad en su trabajo?
El mundo de la artesanía es muy amplio y sorprendente. He trabajado con artesanos que manejan cuero, vidrio, madera o incluso reciclado de materiales, reutilizando materiales locales. Muchos generan su propia energía limpia y aprovechan cada sobrante: plata, tela, papel… todo se reutiliza.
Además, integran elementos locales, como piedras volcánicas, lo que hace sus productos únicos y sostenibles. Son profesionales que crean artículos de gran calidad, totalmente locales, con una huella de carbono mínima. Para mí, los artesanos son un ejemplo de cómo tradición, creatividad y sostenibilidad pueden ir de la mano.

¿Cómo fomentan la colaboración entre sector público, empresas y startups para lograr un impacto más amplio y sostenible?
Muchas veces llegamos a las empresas gracias a programas del sector público, como los de la Cámara de Comercio, el Cabildo  asociaciones de empresarios.
Por ejemplo, en La Palma está la cuarta edición del proyecto Volcate, que ayuda a las empresas en digitalización y economía circular.
Muchas no saben bien qué es, pero al participar descubren cómo les puede beneficiar.
Estas colaboraciones público-privadas son clave, porque permiten que empresas que no harían inversiones en sostenibilidad se acerquen a nuevas oportunidades y aprendan a aprovecharlas.

«Los artesanos son un
ejemplo de tradición
y sostenibilidad»

Y para finalizar, ¿qué retos más urgentes deberían abordarse hoy para evitar consecuencias ambientales, sociales y económicas?
Está claro que en Canarias uno de los grandes retos es controlar el impacto del turismo. No se trata de dejar de recibir visitantes, sino de gestionar lo que llega y ver qué les podemos ofrecer de manera sostenible.
Lo importante es concienciar desde lo más básico. Con el tiempo, las nuevas generaciones
ya vienen con otra mentalidad: respetan más el entorno y buscan no solo no dañarlo, sino incluso restaurarlo. Cuando esos jóvenes llegan a las empresas, traen esa cultura: cuidar la energía, no desperdiciar recursos y pensar en un turismo más responsable.

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