Gran Canaria se ha consolidado como una isla referente en políticas de sostenibilidad. Desde su responsabilidad como consejero, ¿cuál es la visión estratégica que está guiando en esta legislatura las políticas de medio ambiente, clima y energía del Cabildo?
Además del programa de gobierno que marca la hoja de ruta del Cabildo, nuestras políticas están muy condicionadas por el contexto, especialmente por la disponibilidad de fondos. En los últimos años, los fondos europeos Next Generation han permitido acelerar mucho la transición energética, ya que no es lo mismo financiar un proyecto solo con recursos propios que contar con apoyo europeo. Esto hace que la intensidad de las políticas varíe según las circunstancias.
Aun así, el horizonte está muy claro. El proyecto Ecoisla, impulsado por el presidente Antonio Morales, es el referente que guía nuestras políticas de sostenibilidad. Apostamos por la soberanía energética y tenemos como objetivo alcanzar la descarbonización en 2040, en línea con la agenda del Gobierno de Canarias.
Además, contamos con una estrategia de adaptación al cambio climático, participamos activamente en la misión europea en este ámbito y presentamos proyectos a convocatorias como LIFE o Horizon. A esto se suma la estrategia
de economía circular y políticas ambientales clave como la gestión de residuos, con la implantación del contenedor orgánico, la mejora de los ecoparques, y el refuerzo de las acciones de prevención de incendios, que van desde los medios humanos hasta la restauración ambiental durante todo el año.
Nos gustaría que nos explicaras qué es el proyecto Ecoisla y en qué consiste exactamente.
Ecoisla es una visión compartida de desarrollo sostenible para Gran Canaria basada en tres grandes soberanías: energética, alimentaria e hídrica. Apostamos por dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles y avanzar hacia un modelo energético propio, apoyado en las energías renovables y el almacenamiento, con proyectos como el Salto de Chira, el hidrobombeo o las baterías.
También defendemos la soberanía alimentaria, impulsando la recuperación del sector agrícola y ganadero para reducir la dependencia del exterior. De hecho Gran Canaria es hoy la única isla que está aumentando su superficie cultivada. Y, por supuesto, la soberanía hídrica es clave: garantizar el agua en un contexto de cambio climático es fundamental, y proyectos como el Salto de Chira permitirán destinar agua a la agricultura.
Todo esto va de la mano de la justicia social, porque estas transformaciones solo tienen sentido si contribuyen a una sociedad más igualitaria y justa.
Ecoisla es nuestro
proyecto para lograr
soberanía energética,
alimentaria e hídrica
El turismo tiene un peso enorme en unas islas como las nuestras y la presión sobre el territorio es uno de los grandes retos. ¿Cómo se puede compatibilizar la protección del medio ambiente con el desarrollo económico y social de Gran Canaria, especialmente en sectores como el turismo o las infraestructuras?
Este es un reto que no es exclusivo de Canarias, sino común a muchos territorios insulares con una fuerte dependencia del turismo. Precisamente por eso, en abril Gran Canaria acogerá el Global Sustainable Islands Summit, un foro internacional en el que distintas islas del mundo debatiremos sobre cómo gestionar nuestros espacios naturales en un contexto de alta presión turística.
En los últimos años se ha ido imponiendo una idea clara: es necesario ordenar y controlar las visitas a los espacios naturales para que no superen su capacidad de carga y no se dañe el ecosistema. Ya lo estamos haciendo en lugares como Maspalomas, con proyectos de recuperación ambiental, más vigilancia y la implantación de sistemas de control con sensores y cámaras.
También en el Roque Nublo, con el sistema de reservas y la guagua circular, hemos logrado reducir de forma significativa el número de visitas y, con ello, el impacto ambiental. Este año seguiremos ajustando el modelo, reforzando la vigilancia y evitando el aparcamiento indebido. Los datos confirman que estas medidas funcionan.
En este camino, creemos que es fundamental avanzar hacia una ecotasa turística, como ya ocurre en muchos destinos que compiten con nosotros, para poder mejorar la protección, la restauración ambiental y la calidad de nuestros espacios naturales.
Retomando un tema que mencionabas al principio: la economía circular. ¿Qué avances se están logrando en Gran Canaria en reducción, reutilización y reciclaje de residuos, y qué cambios crees que aún son necesarios?
Gran Canaria está demostrando con datos que es una isla referente en sostenibilidad. El año pasado concentramos más de la mitad de las ventas de vehículos eléctricos de Canarias y seguimos ampliando la red pública de recarga: ya tenemos 75 puntos y este año alcanzaremos los 100 repartidos por toda la isla. También lideramos el autoconsumo doméstico, con la mayor potencia instalada en baja tensión de Canarias.
En economía circular ocurre algo parecido. Cuando visitas empresas de la isla te das cuenta del ecosistema tan potente que existe. Aquí, por ejemplo, se reutilizan restos del sector alimentario, como las cortezas de pan, para producir harinas destinadas a la ganadería. Tenemos empresas punteras en reciclaje de papel, cartón, plásticos, residuos orgánicos o metales, que permiten alargar la vida de los productos y reducir al máximo lo que acaba en el vertedero.
A esto se suma el biodigestor de Arinaga, que ya se está construyendo y que transformará residuos del sector hotelero en energía renovable, gas para uso en los propios hoteles y fertilizantes para jardines y agricultura. Es un proyecto único en Canarias y un ejemplo claro de economía circular.
Por todo ello, creo que podemos decir con orgullo que Gran Canaria lidera hoy la economía circular en Canarias.
Protegemos los
espacios naturales
sin frenar el
turismo
¿Cuáles son actualmente esas prioridades más urgentes en materia de medio ambiente, clima, y qué objetivos se marcan para este 2026?
En materia ambiental, este año hemos seguido reforzando las inversiones en gestión de residuos para mejorar el reciclaje en la isla. En ese sentido, es clave que los ayuntamientos implanten el quinto contenedor para la recogida de la orgánica, algo que ya es obligatorio por normativa europea.
También hemos aumentado de forma importante los presupuestos destinados a la prevención de incendios. A través del programa Gran Canaria Mosaico estamos apostando por un territorio más resiliente, donde la agricultura, la ganadería y los usos tradicionales ayuden a frenar la propagación del fuego. Un territorio abandonado es mucho más vulnerable, y por eso trabajamos tanto en la prevención, la selvicultura y la restauración ambiental.
En adaptación al cambio climático, estamos desarrollando proyectos como el drenaje urbano sostenible en Maspalomas y apostamos por soluciones basadas en la naturaleza, como parques inundables, para hacer frente a lluvias intensas, olas de calor o inundaciones. Todo ello sin dejar de avanzar en la transición energética y en la movilidad sostenible.
Al final, sostenibilidad y empleo van de la mano. Estas políticas no solo responden a una responsabilidad frente al cambio climático, sino que también generan empleo verde, fortalecen a las empresas locales y contribuyen a una Gran Canaria más verde, pero también más próspera, pensando en el futuro de las próximas generaciones.








