Ascanio Química cuenta con la certificación ambiental EMAS, uno de los estándares más exigentes en Europa. Más allá del reconocimiento, ¿cómo se traduce esta certificación en cambios concretos en la operativa diaria de la empresa y en la relación con sus clientes?
La EMA es, como certificación, de las más exigentes que hay en el ámbito medioambiental. Al final, como pasa con la mayoría de certificaciones, lo que te aporta es una forma de trabajar bien definida, con procedimientos claros y un control continuo para ir mejorando poco a poco.
En nuestro caso, lo que hemos hecho ha sido ir adaptando toda la experiencia que ya teníamos a los pequeños cambios que han ido surgiendo en la norma. Pero lo cierto es que cuando Ascanio Química decidió, hace ya muchos años, apostar por la certificación EMA, ya trabajábamos con estándares bastante altos.
De hecho, desde la fundación de la empresa, llevamos en el ADN todo lo relacionado con el cumplimiento, y más que eso, con el respeto al medioambiente y con la seguridad y salud laboral. Por eso, aunque la EMA es exigente, para nosotros no fue tanto una dificultad conseguirla, sino más bien una confirmación de que estábamos haciendo las cosas bien.
La industria química está viviendo una transformación marcada por la sostenibilidad, la economía circular y la reducción de emisiones. ¿Cómo está evolucionando el papel de las empresas distribuidoras como Ascanio Química dentro de esta nueva cadena de valor?
Una de las grandes evoluciones de Ascanio Química ha sido pasar de ser solo una empresa distribuidora a convertirnos también en fabricantes. ¿Y por qué damos ese paso? Principalmente porque producir en Canarias nos permite reducir nuestra huella de carbono y, además, ofrecer un servicio mucho más rápido y eficiente a nuestros clientes.
De hecho, uno de los avances más importantes en los últimos años ha sido precisamente empezar a fabricar aquí. Y no solo eso, sino que además estamos desarrollando productos muy ligados al cuidado del medioambiente.
Por ejemplo, somos fabricantes de AdBlue —y los únicos autorizados en Canarias—, que es un producto clave para el tratamiento de emisiones en motores diésel, tanto en automoción como en el sector marítimo. También estamos produciendo reguladores de pH para el tratamiento de aguas en piscinas, spas y otros entornos similares.
En definitiva, este cambio hacia la producción propia ha sido uno de los movimientos estratégicos más importantes de los últimos cinco años, y va totalmente en línea con nuestro objetivo de ser cada vez más sostenibles desde el punto de vista medioambiental.
Operar en un territorio fragmentado como Canarias implica retos logísticos particulares para el suministro de productos químicos. ¿Qué estrategias están desarrollando para garantizar eficiencia, seguridad y continuidad en el abastecimiento?
El reto logístico en Canarias es enorme, prácticamente para cualquier sector. Pero en el caso del sector industrial y, en concreto, en la distribución de productos químicos, es aún mayor. Al final, muchos de estos productos están considerados mercancía peligrosa, así que requieren una logística mucho más específica y exigente.
Desde sus inicios, Ascanio Química tuvo claro que había que apostar fuerte por la logística, y por eso decidimos tener presencia con almacenes en varias islas. A día de hoy contamos con almacenes en Gran Canaria, Fuerteventura y Tenerife, y además tenemos un acuerdo en Lanzarote.
Esto nos permite no solo dar un servicio rápido, sino también algo clave aquí: tener stock en cada isla. Hay que tener en cuenta que, por nuestra condición insular, no siempre puedes depender de que el transporte llegue justo cuando lo necesitas, porque dependemos de las líneas navieras. Y, además, hay que estar preparados ante cualquier imprevisto: situaciones geopolíticas, mal tiempo o cualquier incidencia que pueda afectar al suministro.
Al final, nuestros productos son críticos para muchísimos sectores. La química está presente en casi todo, así que para nosotros es fundamental garantizar que nuestros clientes siempre tengan lo que necesitan.
El concepto de “soluciones químicas” va cada vez más allá del simple suministro de productos. ¿Cómo están trabajando en el desarrollo de soluciones más específicas o personalizadas para sectores clave del tejido empresarial canario?
Nosotros siempre decimos que Ascanio Química no solo vende productos, sino que ofrece soluciones a medida para cada cliente. ¿Por qué? Porque al final trabajamos muy de la mano con ellos. Sí, les suministramos productos, pero además les ayudamos a optimizar sus procesos, especialmente en el ámbito industrial. Ahora mismo, una de nuestras áreas de mayor crecimiento, y que está teniendo muy buena acogida en Canarias, es todo lo relacionado con el tratamiento de aguas. Y tiene sentido, porque contamos con técnicos especializados que analizan cada caso y recomiendan el tratamiento más adecuado en función de las características de esas aguas.
Además, colaboramos con ingenierías para diseñar e instalar plantas de depuración en las instalaciones de nuestros clientes, así que no nos quedamos solo en el producto, sino que vamos mucho más allá.
En definitiva, ofrecemos un servicio integral en todo lo que tiene que ver con tratamiento de aguas y limpiezas industriales, adaptándonos a lo que realmente necesita cada cliente.
La industria química es una de las más reguladas en Europa. ¿Cómo impactan las nuevas normativas ambientales y de seguridad en la actividad de empresas como Ascanio Química y qué oportunidades pueden surgir a partir de ellas?
La regulación, al final, lo que hacemos es adaptarnos a ella. Es cierto que el sector químico tiene una normativa bastante compleja, pero eso no quita que sea totalmente necesaria. Y también es verdad que, en determinados momentos, saber adaptarte bien y rápido puede convertirse en una oportunidad dentro del mercado.
En el caso de Ascanio Química, las certificaciones que tenemos, como las distintas ISO o la EMA, nos han ayudado precisamente a eso: a estar preparados y poder adaptarnos con agilidad a los cambios normativos. Y sí, a veces eso te da cierta ventaja.
Pero más allá de eso, yo creo que lo importante es el mensaje: el cumplimiento de la normativa no es opcional, es esencial. Y en nuestro caso, además, nuestros clientes saben que hay un compromiso real con todo lo que tiene que ver con el cuidado del medioambiente, la seguridad y la salud laboral, y la protección en todas las operaciones que realizamos.
Porque al final, cuando trabajas con productos químicos, la seguridad no es un añadido… es algo fundamental.
En un contexto global marcado por la transición ecológica, la digitalización y los cambios en las cadenas de suministro, ¿qué papel le gustaría que desempeñara Ascanio Química en Canarias durante la próxima década?
Nuestro objetivo es seguir siendo líderes en el mercado canario. Ahora mismo estamos en pleno proceso de redefinir nuestro plan estratégico, y una de las claves pasa por seguir desarrollando y fabricando nuevos productos aquí, en Canarias.
De hecho, hay algunos proyectos que ya tenemos bastante avanzados y que esperamos poner en marcha antes de que termine el año. Y, además, estamos trabajando en varias líneas de investigación y desarrollo, con la idea de poder lanzar productos propios, desarrollados por nuestros técnicos.
Por otro lado, también queremos reforzar y ampliar nuevas áreas dentro del sector. En concreto, vamos a apostar fuerte por todo lo relacionado con el tratamiento de aguas, porque creemos que en Canarias hay una gran oportunidad en la reutilización de aguas regeneradas, por ejemplo, en la agricultura.
Es verdad que este año ha sido muy bueno en cuanto a lluvias, pero sabemos que no siempre es así. Por eso, más allá de años puntuales, creemos que es fundamental tratar bien el agua para poder reutilizarla, especialmente en el sector agrícola, y reservar el agua de lluvia para los acuíferos o para el consumo humano.
En definitiva, se trata de gestionar mejor los recursos y seguir avanzando hacia un modelo más sostenible.










