Jueves 3 de septiembre de 2026
Nueva Economía

Invierno demográfico y empleo

Que es lo primero que nos viene a la cabeza si estamos hablando sobre economía y empleo y alguien nos da el siguiente dato: “a partir del 2030 y al menos durante dos décadas, habrá de media un 24,9% más de personas de 50 a 64 años que de 20 a 34”. Creo que con estos números, salta a la vista que en gran medida el relevo generacional en las empresas podría complicarse a partir del comienzo de la próxima década, aunque introduciendo la variable de la IA y la robótica, los más optimistas creen que de alguna forma se podrá acolchar esta desviación entre las personas que abandonan el mercado laboral por jubilación y aquellos que tendrían que sustituirles.

A este aumento de la proporción de seniors que posteriormente se jubilarán, con una reducción simultánea de jóvenes que los sustituyan se le ha dado en llamar invierno demográfico, hecho que puede poner en riesgo según los datos la sostenibilidad económica y social de los países occidentales en las próximas décadas, por lo que urge analizarlo y definir medidas que hagan que la situación mejore, ya que se calcula que en el año 2050 habrá 4,8 millones más de personas por encima de los 64 años, lo que significa que aparte de tener por delante un reto para poder financiar las pensiones, tendremos que afrontar otro en lo que al relevo generacional se refiere debido a que a partir de 2033 – año en el que se calcula que alcanzaremos el techo histórico de personas en edad de trabajar (16 a 64 años) – iniciaremos un camino descendente que supondrá en torno a un pérdida de 1,8 millones de personas activas a lo largo de las dos décadas siguientes.

Con este panorama, la capacidad de las empresas para cubrir vacantes podría complicarse, siendo esta una circunstancia que ya en muchos casos está empezando a padecerse en sectores clave de nuestra economía. De ello se deduce que hará falta retener e incluir en procesos de formación continua al grupo de los seniors, de forma que las competencias y las necesidades de las empresas se alineen, que la IA y la robótica aumenten la productividad y sustituyan tareas repetitivas que permitan al factor humano dedicarse a aquellas que aporten un mayor valor y que una migración ordenada y lo mejor cualificada posible, ayude a reducir el impacto negativo que esta desviación demográfica nos va a generar en los próximos años.

Publicidad TdC - Newsletter

Será este envejecimiento poblacional y el descenso de la capacidad de relevo el que podrá consolidar al talento senior como soporte fundamental de la estructura laboral, ya que se calcula que entre 2030 y 2050 aproximadamente uno de cada tres trabajadores superará los 50 años y de ahí que el segmento laboral de mayor edad cobre especial importancia ante este desafío demográfico, que obligará a utilizar recursos y a poner a trabajar la imaginación de los expertos y agentes implicados, de forma que este estrechamiento de nuestra base demográfica sobre el que se sostiene nuestra economía y el sistema de pensiones, continúe aportando bienestar y una sociedad cohesionada y bien estructurada.

Por supuesto que cuestión aparte es la de fomentar la natalidad, en aras de que las generaciones que se incorporen al mercado laboral en el futuro sean más numerosas y contemos con un mejor equilibrio entre las entradas y salidas de este, de forma que no se vea puesta en riesgo la base potencial de profesionales. Pero esta cuestión y su continuo descenso - bastante complejo de analizar - parece que responde aparte de a las circunstancias y dificultades económicas que plantea, por ejemplo, el difícil acceso a la vivienda entre otros, a cuestiones sociales que no son objeto de estudio directo de la economía, o también a que por ejemplo, el apoyo público a las políticas de familia brille por su ausencia, por lo que con todo esto mezclado, parece que sea más realista el continuar con el fomento de la inmigración legal y ordenada, que el apelar o fomentar la natalidad de los nacionales, al menos en los próximos años. Sin olvidar que otra medida a tener en cuenta, debería ser la de la participación laboral de colectivos que hasta ahora habían encontrado barreras de acceso al empleo, sumando así el apoyo social que para estos segmentos supone el tener trabajo, al gran aporte en la resolución de este contratiempo económico que nos viene encima con una pirámide poblacional invertida.

Quizás por todo ello el invierno demográfico debería dejar de contemplarse como una serie de datos que afectan al futuro, para empezar a gestionarse como una variable económica del presente. Porque el conjunto de una sociedad puede sobrevivir con una población más reducida, pero lo que resulta más difícil es que una generación de empresas sobreviva sin relevo.

Publicidad Spring Hoteles (Junio 2025)