23/07/2024

El colapso de la honradez
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La dignidad y la honradez siempre fueron conceptos complejos. Complejos y subjetivos. La vara de medir con la que analizamos los comportamientos siempre es subjetiva, lo que para una persona significa actuar con dignidad y honradez, puede no serlo para otra. Ahora bien, siempre ha habido unos límites, una moralidad “básica” a la que todos […]

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La dignidad y la honradez siempre fueron conceptos complejos. Complejos y subjetivos. La vara de medir con la que analizamos los comportamientos siempre es subjetiva, lo que para una persona significa actuar con dignidad y honradez, puede no serlo para otra. Ahora bien, siempre ha habido unos límites, una moralidad “básica” a la que todos los que vivimos en sociedad nos debemos, al menos en primera instancia.

Las últimas décadas hemos sido testigos de bochornosos episodios que han supuesto la deshonra de mucha clase política y empresarial, incluso bancaria, de nuestro país. Numerosos casos de corrupción, estafas, desmantelamientos económicos de instituciones e incluso sonados casos de consumo de prostitución han abiertos los telediarios y protagonizado portadas de periódicos en demasiadas ocasiones, sacando los colores a un país avergonzado que se ha esforzado por poner mecanismos de control mediante leyes y otros instrumentos para que estas prácticas quedaran en el pasado. Sin embargo, estos días nuestras islas despiertan con un escándalo que se actualiza por horas y donde esas actuaciones que acabo de mencionar son protagonistas. Políticos, corrupción, destituciones y dinero en una misma oración. Vivimos un flash back. Tristeza y bochorno.

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Sin entrar en acusaciones o culpabilidades, porque eso le corresponde al sistema judicial (y porque es muy peligroso acusar sin tener la certeza y seguridad), me gustaría reflexionar acerca de la idea de “corromperse”. La mayoría de políticos, y ciudadanos en general, aseguran que ellos, bajo ningún concepto, se corromperían jamás, nunca “barrerían para casa” si nadie se enterara, y jamás serían devorados por la soberbia que te otorga el tener cierto poder. ¿Es eso cierto? ¿O todos somos, en cierta medida, corrompibles?

Que el poder corrompe siempre ha sido algo sonado, pero también que la persona que es honrada de verdad, lo es para siempre. Sigo siendo una romántica con el ser humano, y con la política, porque les digo honestamente que creo que la honradez es algo con lo que se nace, y hay personas enteras que jamás pasarían ciertos límites. Tal vez, nuestro fallo es pensar que todos actuamos bajo la misma moralidad. Y no, amigos, hay personas que nacen o aprenden a actuar con picaresca, gente con ambición de lo que no es suyo, por abusar del poder que se les ha otorgado. Lo curioso de todo, es que ese poder se los ha dado el pueblo, en el caso de los políticos. Un poder que no es suyo, solo prestado, y que utilizan para fines personales. Lo mismo pasa con la soberbia, la vanidad y la supremacía. No olvidemos, queridos amigos, que un día estás en lo más alto del rascacielos, pero en poco tiempo puedes habitar el sótano, en cualquier ámbito de nuestra vida. Necesitamos educar en valores y humildad, al final, las personas somos el foco de todo: empresas, instituciones, sociedad.

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Siendo políticamente incorrecta, como me gusta ser, hay una frase que afirma “no hay nada más peligroso que darle un cargo a un tonto”. Nada más que añadir.

Montserrat Hernández
Directora de Tribuna de Canarias

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