23/07/2024

El vaso medio lleno
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Es una sensación común en las formaciones que imparto relacionadas con la gestión emocional en el puesto de trabajo que las personas que asisten esperen con ansia que les diga…”piénsalo y ocurrirá”, “visualízalo y lo obtendrás”, “ser feliz es cuestión de que lo desees” y otras muchas afirmaciones similares. Sin embargo, lo cierto, es que […]

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Es una sensación común en las formaciones que imparto relacionadas con la gestión emocional en el puesto de trabajo que las personas que asisten esperen con ansia que les diga…”piénsalo y ocurrirá”, “visualízalo y lo obtendrás”, “ser feliz es cuestión de que lo desees” y otras muchas afirmaciones similares. Sin embargo, lo cierto, es que esto nunca ocurre. No. No es así de fácil. Por ello, anticipando la decepción que esta revelación pueda provocar, voy preparada con un arsenal de recursos orientados a trabajar con las personas para desmontar el mito y, entrenar de paso, una manera más constructiva y eficiente de gestionar los estados emocionales.

Ya hay muchas voces que alertan de que los libros de autoayuda y la psicología positiva están generando situaciones que, lejos de aliviar a las personas, en muchas ocasiones las sumen en un pozo de frustración del que no les es fácil salir.

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¿Es malo acudir a un libro de autoayuda? No soy amiga de generalizaciones ni es mi intención demonizar este recurso, así que diré que, acudir a un libro de autoayuda no es malo, ni es un mal síntoma, puede, en cambio, que sea una muestra de modificación de la actitud hacia un problema al que se quiere buscar solución. Lo cierto es que es un paso importante y leer ocasionalmente un libro de autoayuda no va a perjudicarnos, lo que si puede hacerlo es la creencia a ciegas en argumentos mágicos, en conceptos de fe- licidad universalizados, y obsesionarse. Por ello es recomendable leer estos libros con criterio.

Por su parte, los/as entusiastas del movimiento positivo tienden a construir el mundo emocional en términos dicotómicos, es decir, positivos y negativos o buenos y malos. También se centran en magnificar el poder de la emoción denominada positiva, otorgándole la capacidad para el cambio, para el amor o la curación de enfermedades. Y si, la emoción positiva tiene una cara A, que es ahí donde reside la fuerza, también tiene una cara B. Un reverso oscuro que no es otro que la interpretación simplista del mensaje, la magnificación de sus implicaciones, la explotación de sus preceptos para la venta de más libros de autoayuda o la formación indiscriminada de especialistas en buenrollismo.

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Gestionar adecuadamente las emociones y sentirse feliz van siempre de la mano. Respecto de esto último, Jorge Bucay, expresó que “Ser feliz es una obligación para el ser humano y no un derecho”. A esta obligación, le suma volvernos cada día mejores personas y ayudar, al menos, a una persona a que cumpla sus obligaciones. Lo cuál, por cierto, incide positivamente en nuestra capacidad de sentirnos felices.

Pero es imperativo que haya método, ya que, se da la paradoja de que pretender ser feliz a toda costa puede provocar infelicidad. La felicidad no es algo a perseguir y no debe pasar por la negación o evitación de las experiencias dolorosas. Un problema no es siempre una oportunidad. A veces un problema es sólo eso, un problema. Y para ser conscientes del mismo y resolverlo tal vez debamos experimentar tristeza, rabia o miedo.

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Fácil decirlo y difícil hacerlo. Y no sabemos porque, la gran mayoría de nosotros, nos encontramos en la categoría de analfabetos/ as emocionales.

Según datos de Gallup Management Journal, sólo tres de cada diez empleados/as están motivados/as con su trabajo. La desmotivación es un problema muy preocupante porque influye en la felicidad individual de las personas, pero también en la productividad de las empresas. No en vano, otras cifras nos dicen que un/a trabajador/a motivado/a es 80% más productivo/a que uno/a que no lo es. Casi nada.

Séneca, el Dalai Lama, Voltaire, Gabriel García Márquez, Eleanor Roosevelt… son solo algunos/as de los ilustres nombres que han definido el concepto de felicidad a lo largo de la historia.

La ONU la define como “una meta humana fundamental”. Desde ahí, podríamos decir que la felicidad en el trabajo es el objetivo principal que persigue cualquier trabajador/a y empresario/a. No obstante, la diferencia entre uno y otro perfil puede hacer que el término signifique algo totalmente diferente para cada uno/a. Sin duda, la felicidad en el trabajo es algo muy subjetivo, ya que cada cual, prioriza alcanzar sus objetivos laborales que están determinados por multitud de factores diferentes.

En muchas ocasiones, cuando hablamos de felicidad laboral, que se traduce en motivación, cargamos las tintas sobre las empresas o los/as jefes/as de departamento. Pero no podemos olvidar que un/a trabajador/a es una persona adulta responsable de sí misma, capacitada para cambiar o mejorar sus propias actitudes, sobre todo, sabiendo que es en pos de su beneficio particular.

Si tenemos en cuenta que dedicamos, con suerte, un tercio de nuestra vida a nuestra labor profesional, cae por su propio peso pensar que, de alguna manera, lo felices o infelices que nos sintamos en nuestro puesto de trabajo, influirán de manera clara y directa en nuestro bienestar personal. De hecho, nuestro trabajo define, en buena medida, nuestra identidad, ya que es a lo que le dedicamos más horas cada día. Cuando conocemos a alguien, una de las primeras preguntas que le hacemos es a qué se dedica o de qué trabaja.

Para estar bien en lo laboral, es indispensable involucrarnos activamente con lo que hacemos: poner atención, concentración, interés y energía en el trabajo. Y esto implica esfuerzo, no hay ninguna otra fórmula “mágica” conocida.

Compromiso con el esfuerzo. Muy al contrario de lo que podamos contarnos, no estamos condenados/as a sufrir; si creemos que tenemos las simientes de una capacidad para superar las contingencias que la vida nos depara, entonces podremos entender qué debemos hacer para cambiar las cosas. Es vital para ello, conocer el papel que las emociones juegan en nuestra vida y aplicar estrategias de regulación emocional entendiendo la importancia de la gestión de las emociones en cada momento, con cada nueva situación que nos ponga a prueba.

Como personas, somos responsables de nuestra propia felicidad. Como empleados/as somos responsables de la felicidad en el trabajo. Tanto de la nuestra como de la de nuestros/as compañeros/ as y superiores. Es con ellos/as con quiénes más tiempo pasamos y, por ello, nuestra incidencia en su estado de ánimo así como en que puedan sentirse felices en el trabajo es muy alta.

Así que será clave cumplir con las obligaciones laborales y contribuir a alcanzar los objetivos de la empresa, pero también lo será fomentar un buen ambiente de equipo. ¿Cómo? Con una actitud positiva, generando confianza a compañeros y superiores, disfrutando y aprendiendo de cualquier reto o situación, ofreciendo ayuda y consejo cuando los demás lo necesiten, aprendiendo de los fracasos, relativizando y no exagerando las dificultades, valorando los pequeños logros, enseñando a dar y recibir … Virtudes humanas que también se trabajan.

Por su parte, las empresas son muy responsables de cómo se sientan sus trabajadores/as. La toma de decisiones de la alta dirección y de los responsables de equipos, determinará lo a gusto y lo contentos/as que puedan sentirse los empleados/as. Tanto por cómo enfoquen y hacia dónde dirijan la actividad empresarial como por la gestión que hagan de la plantilla.

En esa línea, las condiciones laborales que establezca serán fundamentales para generar un buen clima laboral. A su vez, hacer gala de la empatía, la honestidad, la capacidad de liderazgo, saber escuchar y ser flexibles son cualidades que debería dominar cualquier jefe/a o alto cargo.

Sin duda, la actitud positiva nos puede llegar gracias estímulos exteriores, pero no hay nada más sabio que saber construirlos desde nosotros/as mismos/as y nuestra fuerza de voluntad. La negatividad conlleva más negatividad. Fomentar la tendencia de ver el vaso medio lleno, alejarnos del piloto automático buscando de manera consciente una alternativa positiva a la realidad, valorando lo que tenemos y no lo que nos falta, siempre son buenas elecciones.

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