Trump, contra el mundo. La guerra económica ha llegado para complementar los conflictos armados que sufrimos en el planeta hace varios años, siendo casi igual de protagonista y copando las noticias de la actualidad diaria. “El día de la liberación”, “American First” y otros eslóganes que complementan el show que vemos, práctica- mente a diario, ha trascendido la esfera de lo marketiniano para convertirse en realidad.
De esta manera, y cumpliendo promesas electorales y posteriores amenazas, entran en vigor una serie de gravámenes a distintos productos importados, sacudiendo a muchos países y regiones, entre las que se encuentra la Unión Europea y, por lo tanto, también a España. El fanatismo, el radicalismo y la guerra comercial ha podido con la diplomacia y con el libre mercado, con el mundo de las oportunidades razonablemente establecidas. Un solo gobierno, más bien una sola persona, ha tambaleado las reglas del juego de medio mundo, generando una incertidumbre poco conocida. Trump, su gobierno y su Casa Blanca, certifican así su objetivo de generar desequilibrio e inestabilidad en el horizonte. El país de la libertad, más encorsetado que nunca.
Como respuesta, la UE está preparada para todos los escenarios, y Von der Leyen ha asegurado que tiene «fuerza para negociar» e incluso «contraatacar» llegado el caso. ¿Lo haremos? Nadie lo sabe. Mientras tanto, en España, muchas empresas respiran entrecortadamente e intentar armar un puzle al que le han quitado piezas de la noche a la mañana. En nuestro país, las exportaciones de bienes hacia EE. UU. representaron en 2023 el 4,9% del total de exportaciones, el 1,25% del PIB, la exposición a Estados Unidos podríamos decir que es relativamente baja, pero todo esto tiene unaespecial incidencia en algunos sectores, pues cabe recordar que España exporta a EE. UU. cantidades nada desdeñables de bienes de equipo –sobre todo maquinaria industrial y apa- ratos eléctricos– y semimanufacturas –básicamente produCtos químicos–. Asimismo, el sector agroalimentario, con especial protagonismo de aceites y vinos, hace números, unos números que ahora no salen.
Urge trazar estrategias que ayuden a mitigar el impacto que estos aranceles y medidas puedan provocar en nuestras empresas y, por lo tanto, en la economía de nuestro país y de la Unión Europea. Siempre repetimos el mismo mantra: la economía necesita de estabilidad y seguridad jurídica. Precisamente eso, es lo que menos está proyectando este escenario que transitamos.
Hace un mes hablábamos de un nuevo “orden mundial”, y hace unos meses algunos aseguraban que el señor Trump basaba sus actuaciones políticas en amenazas que luego no se materializaban. Está claro que se/nos equivocábamos. Trump va en serio, y se ha erigido como protagonista mundial de la esfera política, así sea en los conflictos armados, donde se ha autoproclamado mediador y de los que espera sacar un provecho económico, en la política económica mundial o incluso lo que debe pasar dentro de los diferentes países soberanos. Es evidente que Estados Unidos es una potencia mundial, pero, ¿cómo una sola persona es capaz de hacer temblar los cimientos de tantos edificios y de casi proclamarse un emperador mundial?