03/03/2024

¿La sociedad del ocio?
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Desde hace décadas se viene debatiendo sobre la preparación o no del ser humano para una hipotética sociedad sin trabajo y por ello, de una nueva etapa en la que la ociosidad pasase a formar parte de la cotidianidad de cualquier persona.
Con esto se viene especulando desde tiempo atrás, pero el tema ha ido últimamente abordándose más dado el aumento y mejora en la utilización de la IA y la robótica en el mundo del trabajo y derivada de esto la sociedad que nacería en la que el trabajo desaparecería en gran medida porque no habría labor que hacer por parte del ser humano, toda vez que la robótica sustituiría el trabajo manual y repetitivo y la IA las labores de gestión en gran medida.
Visto así y de manera simplona parece que tiene una fácil respuesta, pero tal es el número de factores que afectarían a
esta nueva sociedad y no sólo económicos, que esta temática está generando gran parte del debate teórico en muchas áreas del saber, ocupando la ética gran parte de este como rama del conocimiento que afecta a todas las demás, habiendo así una gran tarea por delante para definir cuales son las repercusiones que este cambio en el modelo productivo y las implicaciones que tendría en nuestro modo de vida y en la forma de relacionarnos
entre nosotros y entre nosotros con el resto del planeta.
Vayamos a la derivada económica como matriz y origen del debate ya que sin la aparición e inclusión de la IA en los procesos productivos nada de esto se estaría planteando de la forma en la que lo está haciendo. Cogiendo a España de ejemplo y dado que de media ha subido el PIB desde los años 70 del siglo pasado al año 2019 un 2% por habitante y año y ello ha permitido que los estándares socioeconómicos hayan mejorado de manera sustancial, cuanto más podría mejorar si introduciendo la IA de
forma masiva e intensiva en la producción de bienes y servicios el PIB habitante y año duplicase su crecimiento y estuviese en cotas del 4% de incremento anual.
Pero claro, este incremento vendría impulsado por el aumento que en la productividad tiene el uso y la mejora de la tecnología sumado a la reducción de costes de producción, los cuales se reducen exponencialmente al sustituir la IA al ser humano en
un gran número de tareas o en algunos casos en la totalidad de los procesos de muchos empleos hasta ahora realizados por personas y ahora le seguiría la siguiente cuestión: ¿qué número de empleos seguirán estando desempeñados por humanos?, ¿qué grado de empleabilidad generarán sobre el total de población activa? Y la más importante por la repercusión directa que tiene en el resto de áreas vitales de cada persona: si no hay
empleo para la mayor parte de la población en edad de trabajar, ¿cómo se va a obtener una retribución digna para cubrir necesidades sin trabajo?. A esta última pregunta hay varias propuestas, pero las más repetidas por obvias pasan por cargas impositivas sobre robots e IA que financien una suerte de renta básica universal que permita vivir con unas condiciones de vida aceptables, dado que la empleabilidad en este caso no vendría condicionada por las ganas y esfuerzo que cada uno dedique a la búsqueda de trabajo si no más bien sería una consecuencia sobrevenida y no deseada, derivada de la sustitución del hombre por la IA.
Ahora bien, en la extensión, cuantía y en como afecta esta renta básica al sector público y al sector privado hay diferencias como de costumbre entre “más liberales” o “más estatistas”, y por reducirlo a las principales líneas generales los liberales ven suficiente con esta renta básica para que cada individuo dedique parte de esta renta a sufragarse su sanidad o educación privadas, sin por ello necesitarse ni una red de sanidad pública ni lo mismo en lo que respecta a educación gestionada por la cosa pública, y por otro lado los socialdemócratas pretenderían conjugar esta renta básica con redes públicas de estos servicios anteriormente citados y que ellos verían como derechos consolidados debiendo estar por ende asegurados desde las instancias del Estado.
Los más liberales justifican su propuesta en que menos gasto público genera una sociedad más eficiente con menos Estado y más libertad del individuo, así como una estructura económica más saneada y menos endeudada. Y desde la heterodoxia económica aducen que el individuo debe ser beneficiario de derechos desde el Estado y que cada uno podrá dedicar más al consumo de bienes y servicios en general con aquella renta que le queda disponible, al no necesitarla para servicios sanitarios o de educación con el consiguiente crecimiento del consumo y de la recaudación vía impuestos.
Ambas corrientes tienen defensores y detractores según se escore más cada uno hacia una u otra postura filosófica, pero las dos abordan desde la óptica de la renta básica la problemática derivada de la ausencia de trabajo para todos y en como podemos cubrir necesidades sin trabajar.
Una vez hayamos solventado el problema económico vendría
la gran pregunta de: ¿estamos preparados para una sociedad ociosa?, ¿es capaz el ser humano de vivir sin una obligación laboral?, ¿sin propósito, objetivos y retos a cumplir como horizonte vital?, pues imagino que dependerá de cada persona según carácter y valores personales, pero a grandes rasgos es difícil de imaginar y ahí si que deben entrar otros científicos sociales y áreas de conocimiento distintas a la economía para intentar vislumbrar la mejor forma de hacerlo para que acabe llegando a buen puerto.
¿Y cómo podríamos aprovecharlo desde el sector del ocio en general y del turismo en particular?, pues hay que reconocer
que es una gran oportunidad de creación y ampliación de negocios de esta índole dado que el volumen de tiempo libre aumentaría sustancialmente y con ello la demanda de viajes, alojamiento, actividades complementarias…etc., así que estemos preparados para lo que pudiera venir y que está avisando desde hace tiempo.
Ahora que cada uno se de sus propias respuestas a las preguntas sobre una posible sociedad del ocio, si es que fuésemos capaces de vivir de esta manera.

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