Durante mucho tiempo, la dirección de empresas se asentó sobre un conjunto relativamente estable de competencias: conocimientos financieros, operativos y comerciales, capacidad para planificar, organizar, gestionar y controlar sumado a una amplia experiencia del sector del que se tratase. Pero hoy pretender que esas competencias sean suficientes para dirigir ha quedado obsoleto, y no porque esas habilidades no sean necesarias, sino porque ya no son suficientes para dirigir organizaciones que se mueven en realidades cada vez más complejas, en medio de entornos cada vez más cambiantes y que exigen una adaptabilidad a estos cada vez en un tiempo menor.
Por ello, deberemos saber aparte de lo que sabe un directivo, también el cómo piensa, de qué forma decide y cómo lidera en medio de situaciones con una elevada carga de incertidumbre, y de ahí que una de las grandes habilidades con las que debe de contar un gestor actualmente es la capacidad de pensar de forma estratégica sin certezas, ya que el mercado se ha vuelto menos predecible con cambios tecnológicos hiper acelerados, modificaciones regulatorias, tensiones sociales y geopolíticas de diversa índole…etc., y de todo ello se extrae que el equipo directivo de una empresa en la actualidad deba de ser capaz de modificar el rumbo en medio de planes estratégicos que se pueden ver alterados con mucha facilidad, por lo que será preferible predecir futuros posibles en una diversidad heterogénea de escenarios, en lugar de planificar de manera rígida a cinco años o incluso más. La toma de decisiones con información incompleta y por ello con una alta carga de incertidumbre, es otra de las habilidades con las que se debe de contar en la actualidad si se pretende gestionar con éxito, ya que esperar a tener toda la información no suele ser viable, y todos habremos podido observar en algún momento como el entorno castiga más la parálisis en la acción que el error razonable. Para ello, la exigencia actual de la realidad empresarial nos pide que distingamos lo relevante de lo accesorio, siendo capaces de asumir riesgos cuando sea necesario y con la humildad suficiente para rectificar cuando el entorno cambia, aunque con ello tengamos que contradecir algunas de nuestras propias predicciones iniciales.
El tercer punto, y que creo es una de las cuestiones más esenciales en la dirección de empresas en la actualidad, es el liderazgo humano y la gestión de equipos en general, ya que en un contexto de escasez de talento real, sumado a una confluencia de generaciones con valores en algunas ocasiones diametralmente opuestos entre ellas, la capacidad de atraer, desarrollar y fidelizar a las personas que integran nuestros equipos, se ha convertido en una habilidad capital del directivo moderno. Y de ahí, que muchas empresas tengan asumido, que aparte de competir con salarios, haya que hacerlo también con proyectos profesionales estimulantes liderados con coherencia y propósitos creíbles, creando las condiciones para que nuestros equipos crezcan dando lo mejor de sí mismos, en lugar de controlarles en una microgestión fiscalizadora sin fin.
El entendimiento del impacto del cambio tecnológico debe formar parte también del background directivo en nuestros días, ya que si bien no se necesita ser un experto en IA o automatización, si se requiere que se entienda su impacto en la realidad del mercado y del sector en el que nos desenvolvemos, siendo imprescindible que aquellos que lideran las organizaciones sean capaces de conectar la tecnología con la estrategia empresarial, los procesos que la sustentan y las personas que la hacen posible, de forma que la tecnología aplicada a la creación de bienes y servicios esté adaptada a las necesidades operativas y comerciales de nuestras organizaciones.
Y una habilidad menos exigida en el pasado, como es la visión ética y la responsabilidad empresarial, ha pasado a formar parte del conjunto de atributos con los que un directivo debe de contar, debido en gran medida a la presión regulatoria y social del entorno actual, que hacen necesario que las decisiones que se tomen tengan en cuenta el impacto económico, social y reputacional de manera simultánea. De ahí que los directivos necesiten hoy más que nunca que haya una coherencia entre su discurso y lo que llevan a la práctica, en medio de circunstancias complejas y con la suficiente capacidad de evaluar a priori el impacto de sus decisiones, derivando todo ello en la generación de una confianza que se ha convertido en un activo estratégico más.
Y como no podía ser de otra forma, la capacidad de aprender continuamente, siendo capaz de cuestionar lo que en el pasado si pudo funcionar pero quizás hoy en día no, debe de formar parte de las aptitudes necesarias en la dirección de empresas en nuestros días, ya que en equipos multidisciplinares habrá que escuchar a perfiles diversos para alinear los objetivos de la organización con los de aquellos que la integran, y para ello la formación contínua y permanente es condición sine qua non para conseguirlo. Siendo necesario también que por parte del directivo se localicen las áreas con necesidades formativas de los equipos que se dirigen.
Como conclusión, la dirección de empresas en la actualidad entraña algo más que conocimientos técnicos y experiencia acumulada, y es que el entorno empresarial actual exige una combinación de pensamiento estratégico, valores éticos, capacidad de adaptación constante y liderazgo humano que conduzcan a las organizaciones a una prosperidad sostenible en el tiempo, fundamentalmente por estar bien dirigidas por personas que cuenten con ese conjunto de requisitos indispensables en nuestros días.










