03/03/2024

Polarización económica
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Leyendo estos meses el ensayo “La batalla por el mercado libre”, ensayo sobre el duelo intelectual entre los economistas americanos Samuelson y Friedman, Keynesiano el primero y de la Escuela de Chicago el segundo y que se sustanció en forma de artículos económicos publicados en prensa durante un par de décadas, uno puede darse cuenta de cuanto tiempo atrás pueden gestarse las bases de las circunstancias económicas del hoy.

Este libro, altamente recomendable para todos aquellos con querencia por la Historia económica e incluso para cualquiera con algo de sensibilidad frente al porqué de las cosas, nos muestra como el Siglo XX fue el periodo de tiempo con la más rápida aceleración de transformación social que hasta ahora hayamos conocido, aunque tristemente haya venido provocada por dos grandes guerras mundiales. Y esto en que afecta a nuestro mundo de hoy, pues ni más ni menos a que estos dos economistas representan dos visiones del mundo económico, insertas ambas en el libre mercado pero opuestas en muchos de sus planteamientos.

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Este debate económico protagonizado por estos dos gigantes del pensamiento, representa perfectamente el periodo de entreguerras del siglo XX y en que derivó el mundo desde el fin de la II Guerra mundial hasta nuestros días. Ambos personajes nacidos en torno a los años de la primera gran contienda mundial y formados en el periodo entre las dos grandes guerras, ejemplifican a la perfección que la gestión económica debe evaluarse fundamentalmente por sus resultados pero que aún más que esto, el que las decisiones deben tomarse según la coyuntura de cada momento.

El porqué de esta afirmación reside en como los Estados Unidos afrontaron el intentar salir cuanto antes de la Gran Recesión derivada del Crack de 1929 y como estos dos economistas reflexionaron sobre el más Estado o menos Estado a partir del “New Deal” impulsado por el presidente de los EEUU en aquellos años, pero sobre todo por los efectos que de estas políticas se derivaron en un contexto altamente polarizado y solamente resuelto tras una bestialidad llamada II Guerra Mundial, y es que solo el efecto tranquilizador sobre las ansias de contienda que produjo esa barbarie finalizada con dos bombas nucleares, templó los ánimos y al menos el mundo occidental o bloque que forma actualmente la OTAN vivió décadas de moderación política, económica y social.

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Tras la II Guerra Mundial se crearon los organismos internacionales, con la ONU a la cabeza, se impulsó la alianza militar que defiende los intereses de occidente en el mundo a la par que otras alianzas hacían lo propio con sus compañeras de viaje en visión de lo que debería ser el planeta y en concreto me refiero a la Unión Soviética y sus países satélites, en este punto el lector podría pensar a que viene este recordatorio de acontecimientos por todos conocidos y la respuesta es que ese estado de cosas templado, moderado y de consensos que derivaba de la salida de esa gran guerra mundial ha saltado en pedazos desde hace tiempo y la polarización se ha instalado en nuestras vidas en todos los órdenes y evidentemente el económico no iba a ser menos.

En la actualidad el debate sobre intervención del Estado en la economía o mínima intervención está en posturas de máximos y asistimos atónitos a como hay personajes con mucha capacidad de influencia que apuestan por una suerte de anarco liberalismo económico a la par que otros ensalzanlas “bondades” de los que fue el desastre de la economía estatalizada y autoritaria de los países comunistas y todo esto con las voces moderadas y reflexivas de los más templados apagadas por su ausencia de histrionismo, academicismo riguroso pero quizás excesivo, o simplemente por no apetecerles tener un canal de You Tube o estar todo el día en medio de todos los eventos del ramo.

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Con todo esto, en el ánimo de la ciudadanía se están comprando marcos mentales muy peligrosos de todo o nada, unos en aras del triunfo de la libertad y otros del de la igualdad, pero en cualquier caso de consecuencias dudosamente exitosas en ambos casos dado que cuando hablamos de blanco o negro, de arriba o abajo, de todo o nada… generalmente se expulsa, aísla e incluso se pretende hacer desaparecer del mapa a aquellos que están en tu opuesto.

En lo económico hacen falta más voces templadas, algún Samuelson defensor del libre mercado y sus bondades pero revisionista frente a excesos desreguladores le vendría bien a nuestro país para abrir debates como el de aquellos años de posguerra duros pero ilusionantes y en los que el contrario era un compañero con ideas en ocasiones contrapuestas, pero en ningún caso un enemigo a batir con términos como “fachas machirulos” o “zurdos de mierda”.

Como así mismo es imprescindible contar con algún Friedman que le enmendase la plana al anterior y es que depende de circunstancias de todo tipo y del contexto en el que se insertan, el que unas mismas medidas económicas tengan unos resultados u otros independientemente del sesgo ideológico que se le quiera inferir a los resultados desde las distintas bancadas políticas.

Y para esto último deben estar los técnicos, los académicos, para interpretar los datos y explicar el nivel de bienestar que han generado esas medidas y el porque han sido necesarias, equilibrando así la interesada y en ocasiones negativa influencia política sobre el mensaje que se hace llegar a la población y que en ocasiones solo polariza, divide y enfrenta de manera muy agresiva y enconada.

Aprendamos del pasado y revisemos como hemos llegado hasta aquí, nos hará mucho bien y quizás hasta evitemos que de nuevo haya que aprender la lección tras padecer una hecatombe.

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