La Casa de los Volcanes es un referente científico y turístico, ¿qué estrategias están empleando para equilibrar la investigación con la experiencia del visitante?
Los visitantes que eligen Lanzarote no solo lo hacen por ser un lugar de una belleza singular y única, sino que también buscan seguridad. Esta seguridad que busca el turista no es solo a nivel personal; también se refiere a la seguridad del terreno que pisan, a pesar de la actividad volcanológica reciente de nuestra isla.
Gracias a la Casa de los Volcanes, como centro de referencia científica en investigación volcanológica, Lanzarote es un lugar geológicamente seguro, sin perder de vista la realidad de que sigue siendo una zona activa.
La Casa de los Volcanes siempre ha tenido como objetivo el equilibrio entre la investigación y el turismo. Por lo tanto, no solo damos información, sino también seguridad, en un entorno tan protegido como Lanzarote, donde hay más de cien sensores instalados en toda su geografía que miden diferentes parámetros geofísicos con un impacto mínimo sobre nuestro paisaje. Todos los sistemas de vigilancia e investigación están ocultos a la vista del turista, pero siempre vigilantes. Además, en la exposición de la Casa de los Volcanes, en los Jameos del Agua, se pueden ver señales en tiempo real de la actividad geofísica de Lanzarote. Por lo que podemos garantizar que Lanzarote es seguro, geofísicamente hablando, tanto para sus habitantes como para quienes nos visitan.
¿Cuál considera que es el mayor desafío ambiental actual de la Reserva de la Biosfera y cómo se está abordando?
El mayor desafío ambiental de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote no es solo un problema técnico o normativo, sino profundamente cultural y social: el distanciamiento progresivo entre la población y el territorio. En distintas ocasiones hemos señalado que el desarraigo, la pérdida del vínculo con la tierra y con los ecosistemas que sostienen la vida, está en la base de muchos de los impactos ambientales que hoy afrontamos.
Cuando se pierde la conciencia de interdependencia con la naturaleza, aparecen problemas como la degradación del paisaje, el aumento de vertidos, la presión urbanística y turística o el uso inadecuado del territorio. Por eso, abordar este desafío implica ir más allá de la protección estricta y trabajar en la reconexión con la isla.
Desde la Reserva de la Biosfera se está actuando reforzando la educación ambiental, la sensibilización y la participación social, recuperando el valor del conocimiento tradicional y promoviendo modelos de desarrollo más equilibrados. Se trata de avanzar hacia una Lanzarote que piense su progreso desde el respeto a sus límites, con una relación más consciente entre las personas y el entorno, garantizando así la conservación del patrimonio natural y cultural tanto para el presente como para las generaciones futuras.
¿Qué estrategias están desarrollando para que el Geoparque sea un motor de desarrollo local respetuoso con el medio ambiente?
La primera estrategia para equilibrar esta relación es el vínculo entre el Geoparque y los CACT, mediante un futuro convenio y, en la actualidad, con un representante nombrado. Los contenidos científicos de la Casa de los Volcanes fueron coordinados por el Geoparque, y actualmente todo lo que tiene que ver con la ciencia que se desarrolla en el museo lo realiza el Geoparque, como el proyecto de ciencia ciudadana llevado a cabo en los Jameos del Agua, donde se monitorizó el cangrejo blanco con la población local, a través de los centros educativos.
Por otra parte, el Geoparque reserva parte de su presupuesto a la monitorización de los lugares de interés geológico, para que se conserven y los puedan seguir disfrutando tanto la población local como nuestros visitantes. No olvidemos que los lugares de interés geológico son los espacios más visitados de nuestra isla.
Además, el Geoparque también ha ayudado a promover la ciencia, ya que Lanzarote es el lugar elegido para que astronautas de la ESA (Agencia Espacial Europea) vengan a entrenar aquí sus respectivas misiones en el espacio. Es solo un ejemplo de los proyectos internacionales que coordina el Geoparque de Lanzarote, que además ha tenido una gran repercusión, atrayendo a otro tipo de visitantes más conscientes y respetuosos con el entorno.
Tras recibir el Premio Endecan a la Sostenibilidad, ¿qué objetivos específicos se han marcado para seguir fortaleciendo la resiliencia y conservación de La Geria hasta 2026?
Recibir el Premio Endecan a la Sostenibilidad no es una meta alcanzada, es un empujón para continuar haciendo bien las cosas. En el marco del Plan de Acción de Lanzarote como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, hasta 2026 nos hemos marcado objetivos muy concretos, siempre con la idea de que La Geria siga siendo un paisaje vivo, productivo y cuidado por su gente.
Por un lado, queremos reforzar la resiliencia agraria del sistema, apoyando directamente a viticultores y viticultoras a través de acciones como subvenciones para el mantenimiento de los hoyos, los muros de piedra seca y el buen manejo del rofe, porque ahí está la clave de la adaptación al clima árido y al cambio climático. La conservación de La Geria no se entiende sin una actividad agrícola real.
Además, ¿qué medidas se están implementando para proteger La Geria frente a fenómenos extremos asociados al cambio climático, como sequías o lluvias intensas?
La conservación de La Geria frente a fenómenos extremos no parte de inventar soluciones nuevas, sino de reforzar y actualizar un sistema agrícola que ya nació como una respuesta inteligente a un clima extremo.
Por un lado, se está trabajando en la conservación activa de los elementos tradicionales que protegen el suelo y los cultivos: los hoyos, los socos de piedra y el uso del rofe como cubierta que aporta minerales. Estas estructuras no solo reducen la evaporación en periodos de sequía, sino que también amortiguan el impacto de lluvias intensas, favoreciendo la infiltración del agua y evitando la erosión. Además, el Plan de Acción impulsa actuaciones de mantenimiento y restauración allí donde el abandono o el deterioro hacen al sistema más vulnerable. Mantener un hoyo bien definido o un muro en buen estado es, en la práctica, una medida de adaptación climática.
Otro eje importante es la mejora del conocimiento y el seguimiento, incorporando criterios técnicos y científicos que permitan anticiparse a los impactos del cambio climático. Esto incluye el análisis del comportamiento del suelo volcánico frente a episodios de lluvia intensa o sequías prolongadas, siempre respetando la lógica del sistema tradicional.
También se está apostando por la formación y la sensibilización, tanto del sector agrario como de la ciudadanía. Entender cómo funciona La Geria ayuda a que se valore y se cuide, y eso reduce los riesgos asociados al uso inadecuado del territorio.
¿Qué iniciativas están contemplando para combinar la tradición vitivinícola con prácticas agrícolas sostenibles que mitiguen los efectos del cambio climático?
El agrosistema de La Geria es un ejemplo de agricultura sostenible, y lo que estamos haciendo es reforzar ese modelo para que siga funcionando en el contexto actual. Al mismo tiempo, se están incorporando criterios de manejo agrícola más sostenibles, compatibles con la tradición: mejora del suelo con materia orgánica, reducción del uso de insumos externos, manejo respetuoso de la biodiversidad y adaptación de los trabajos agrícolas a las nuevas condiciones climáticas. Todo ello sin perder la identidad del sistema vitivinícola de La Geria.
Otro eje importante es la formación y el acompañamiento al sector vitivinícola, para que el conocimiento tradicional dialogue con el técnico y el científico. No se trata de imponer cambios, sino de sumar herramientas que ayuden a tomar mejores decisiones frente a sequías más largas o episodios de lluvia intensa.
Además, desde el SIPAM se trabaja en dar valor económico y social a esta viticultura sostenible, reforzando su reconocimiento, su vínculo con el paisaje y su papel en la soberanía alimentaria. Cuando el agricultor y la agricultora pueden vivir dignamente de su trabajo, el paisaje se cuida solo.
¿Cómo valoran el equilibrio entre la promoción turística y la conservación del paisaje, evitando impactos negativos en su ecosistema?
Entendemos que el equilibrio entre la promoción turística y la conservación del paisaje no es una cuestión de prohibir, sino de ordenar, cuidar y explicar bien el territorio.La Geria no es un parque temático ni un decorado: es un paisaje agrícola en activo, con personas que trabajan la tierra y lo mantienen vivo.
Nuestra valoración es clara: el turismo puede ser un aliado de la conservación si se gestiona desde el respeto y el conocimiento. Por eso, una de las líneas clave del SIPAM es compatibilizar los usos, estableciendo límites claros, ordenando flujos y evitando prácticas que degraden el suelo, los muros de piedra o la actividad agraria.
También apostamos firmemente por la sensibilización. Cuando quien visita entiende cómo funciona La Geria, por qué los hoyos no se pisan o por qué los muros son fundamentales para el sistema, cambia la manera de relacionarse con el paisaje. Explicar es una forma muy potente de proteger.
En definitiva, el equilibrio se consigue teniendo claro que la conservación es la base del atractivo turístico, no al revés. Si el paisaje se deteriora, perdemos todos. Si se cuida, La Geria seguirá siendo un referente de sostenibilidad, identidad y soberanía alimentaria a largo plazo.
“El equilibrio entre la
promoción turística
y la conservación
del paisaje no es una
cuestión de prohibir,
sino de ordenar,
cuidar y explicar bien
el territorio”
En su papel como consejero de la Reserva de la Biosfera, ¿qué proyectos prioriza para fortalecer la sostenibilidad y resiliencia del territorio de cara a 2026?
El trabajo de la Reserva de la Biosfera responde a esa multiplicidad de frentes abiertos a que hacía mención.
Nos encontramos en plena redacción del documento Estrategia Lanzarote 2035 y Plan de Acción, que define nuestro statu quo y objetivos; a través del proyecto BIOCRIT diagnosticamos y corregimos las distorsiones del paisaje respecto del modelo manriqueño; trabajamos en múltiples acciones de sensibilización con los centros educativos, entidades sociales y familias; estamos cerrando un concurso de ideas con participación ciudadana para un parque en Arrecife; acabamos de adjudicar 146.000 euros en subvenciones a proyectos ejemplares en materia de sostenibilidad, entre otros proyectos.
La tarea es enorme, pero nos guía la convicción de que, entre todos y todas, podemos avanzar hacia una isla más justa y solidaria para toda su población.








