La salud auditiva sigue siendo una de las grandes olvidadas dentro de la prevención sanitaria, a pesar de su impacto en la comunicación y la calidad de vida. Desde su experiencia como gerente de Auditen, ¿en qué momento suele llegar el paciente al centro y qué señales de alerta suele ignorar antes de pedir ayuda?
En general, la pérdida auditiva es mucho más frecuente de lo que pensamos. Normalmente, los pacientes llegan a consulta cuando ya es bastante evidente. Algunos de los principales síntomas que la gente suele ignorar son, por ejemplo, empezar a aislarse, repetir constantemente “¿qué?”, “¿puedes repetirlo?” o tener problemas para entender conversaciones. Lo más común, y que muchos notan primero, es subir el volumen de la televisión, algo que muchas veces pasa desapercibido pero que es un signo claro de pérdida auditiva.
¿En qué se diferencian de otros centros auditivos y qué es lo que realmente conecta con los clientes cuando los conocen?
Para mí, lo más importante y lo que nos diferencia de otros centros auditivos es que somos un comercio local, canario, no una multinacional. Aquí no vemos a las personas como clientes, sino como pacientes. Cada persona que entra por la puerta recibe un trato totalmente personalizado, no es un número más.
Esa es la principal diferencia: cada paciente tiene su propio tratamiento, adaptado a sus necesidades, y eso es algo que realmente nos distingue.
Existe todavía mucho estigma alrededor del uso de audífonos, especialmente en personas activas o jóvenes. ¿Cómo trabajan en Auditen la parte emocional y social del paciente para que acepte el tratamiento sin sentir que pierde autonomía o identidad?
Mucha gente asocia los audífonos solo con personas mayores, pero la pérdida auditiva puede afectar a cualquier edad.
Lo cierto es que la adaptación de un audífono es algo muy personal. Yo puedo acompañar al paciente, explicarle todo el procedimiento y guiarlo en el proceso, pero la gestión y el uso diario del audífono siempre depende de cada persona.
La tecnología aplicada a la audiología avanza muy rápido, pero no siempre es fácil trasladar esa innovación al día a día del paciente. ¿Qué avances recientes han supuesto un verdadero cambio en la experiencia auditiva y cuáles, en cambio, no han tenido el impacto esperado?
Sí, los avances han sido muchísimos. Prácticamente cada año hay mejoras tecnológicas que hacen que la calidad de sonido de los audífonos sea mucho mejor. Hoy en día son más pequeños, más discretos, cuentan con tecnología digital muy avanzada y se adaptan automáticamente a distintos entornos sonoros.
Antes, en lugares con mucho ruido, por ejemplo, era más difícil entender, pero con estos avances eso se ha solucionado bastante. Y poco a poco, también estamos incorporando la inteligencia artificial en los audífonos, lo que está mejorando aún más la experiencia.
¿Cómo ayuda la IA?
La inteligencia artificial en los audífonos ayuda sobre todo con los reductores de ruido. No es una IA como la que nos imaginamos, que le pides que haga un resumen o algo así. Lo que hace es detectar distintos tipos de ruido en el entorno y enfocarse en lo que realmente importa: el habla. Por ejemplo, si hay un tambor sonando de fondo, el audífono puede reducir ese sonido para que la conversación se escuche más clara y nítida.
A nivel tecnológico, es un gran avance, y seguro que poco a poco veremos mejoras todavía más sorprendentes. Además, hay otras novedades, como la conexión con el móvil o las baterías recargables, que también hacen la experiencia mucho más cómoda.
¿Qué desafíos creen que quizá no se han tenido en cuenta y cómo pueden ustedes ayudar para que las personas con problemas auditivos se vean realmente beneficiadas, teniendo en cuenta los posibles obstáculos a nivel social, público o privado?
Creo que sería importante hacer un poco más de hincapié en la salud auditiva, como ya se hacen campañas de salud visual o vocal. El oído muchas veces es el gran olvidado, pero es fundamental. Por eso estaría genial que hubiera más campañas y concienciación sobre cómo cuidarlo.
¿Cómo es el primer contacto cuando alguien llega a Audité? Es decir, ¿cómo es el proceso inicial, desde la evaluación y el diagnóstico hasta conocer al cliente y sus necesidades?
Lo primero que hacemos es escuchar al paciente. Le preguntamos por sus dificultades, cómo le afectan en el día a día y desde cuándo nota cambios en su audición. También vemos si ha ido al otorrino y, por supuesto, consideramos su edad y antecedentes. Hacemos una pequeña anamnesis y, a partir de ahí, pasamos a la evaluación completa de la audición: exploramos el oído, hacemos las pruebas necesarias y luego explico siempre los resultados al paciente.
La prueba incluye audiometría y un estudio completo de la audición. Después explicamos qué tiene la persona y cómo podemos ayudarla. No se trata solo de vender un audífono y que se vaya, sino de ofrecer soluciones reales y acompañarlo en todo el proceso.
¿Cuáles son los principales objetivos de Audité para este 2026?
De momento ya tenemos tres centros en la isla y por ahora no tenemos previsto abrir ninguno más, quizá en la zona norte en el futuro, pero nada concreto.
Nuestro principal reto y objetivo para 2026 es seguir haciendo lo que ya venimos haciendo: diferenciarnos de otros gabinetes y centros. Para nosotros, cada paciente es diferente, así que siempre hacemos una valoración personalizada antes de recomendar cualquier solución, y ese seguirá siendo nuestro enfoque.











