17/07/2024

¿Tenemos la Inteligencia Artificial que necesitamos?
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La Inteligencia Artificial está de moda y parece que todo aquel que no esté al tanto de las últimas novedades es un bicho raro o, definitivamente, se ha quedado fuera del tablero de la digitalización. Pero es bien sabido que las modas suelen venir acompañadas de mucho ruido y sucede que, en la mayoría de […]

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La Inteligencia Artificial está de moda y parece que todo aquel que no esté al tanto de las últimas novedades es un bicho raro o, definitivamente, se ha quedado fuera del tablero de la digitalización. Pero es bien sabido que las modas suelen venir acompañadas de mucho ruido y sucede que, en la mayoría de las ocasiones, resulta muy complicado separar el trigo de la paja.

Con la Inteligencia Artificial pasa exactamente eso. El brillo de una tecnología tan poderosa como esta, está dificultando que las empresas tengan una visión clara de su potencial; y lo que es aún peor, las está llevando a una inacción propia de quien no sabe exactamente qué tiene entre manos y cómo usarlo.

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Damos por hecho que esta nueva tecnología, que ha venido para cambiarlo todo, es infalible, rápida, fiable, fácil de usar, asequible… Pero, ¿realmente la IA que tenemos hoy a nuestro alcance reúne todas estas características, o todavía nos queda un largo camino por andar para que, de verdad, sea esa herramienta de ensueño en la que tantas expectativas hemos depositado?

Lo cierto es que, en la práctica, son muy pocas las empresas que, a día de hoy, están apostando – y por tanto, invirtiendo recursos – para incorporar herramientas de IA en su negocio. Es muy probable que esto sea así, simplemente, porque no saben cómo hacerlo; y se han quedado instaladas en un compás de espera que juega claramente en su contra.

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Quizás todo el problema se reduce a una cuestión de enfoque. De ser así, puede que convenga hacer un replanteo de nuestras expectativas y empezar por entender la IA como una herramienta de productividad. Si partimos de esta premisa tan simple, de repente, todo se vuelve más sencillo y la estrategia de implantación se define casi de manera natural, pues si de algo entienden las empresas es de productividad y de saber identificar, de manera inequívoca, aquello que aporta valor a la compañía desechando de forma instintiva lo que solo son modas pasajeras.

Por lo general, las herramientas de productividad están asocia- das a nuestro día a día y las usamos de manera cotidiana casi sin darnos cuenta. El correo electrónico, el procesador de textos, las hojas de cálculo… ¿Qué sucedería si a estas mismas herramientas le incorporamos capacidades de IA? Pues justamente esta es la estrategia que están desplegando las grandes compañías, como Microsoft y Google para, ahora sí, empezar a implementar con garantías la Inteligencia Artificial en las empresas.

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El siguiente paso, una vez hayamos incorporado la IA en nuestra solución ofimática habitual, será dotar a las herramientas de gestión (ERP, CRM, RRHH…) de nuevas capacidades inteligentes que supongan un salto cualitativo en nuestras tareas. Hay que reconocer que en este sentido las soluciones de IA para estos procesos de gestión están todavía un tanto inmaduras, pero tiempo al tiempo, es solo cuestión de meses. Ahora bien, la realidad es que el partido se juega en la capa de negocio. Cada empresa, en su vertical, intentando marcar distancia con el resto de competidores en donde la lucha por el margen se vuelve titánica. Es ahí donde esperamos que la IA nos ayude a definir realmente la diferencia.

A día de hoy, quizás podemos conformarnos con decir que la IA es una herramienta de productividad para nuestra empresa, pero esto es solo una estación intermedia. Nuestroo bjetivo final debe ser convertir la Inteligencia Artificial en una herramienta de negocio. El reto no es sencillo, pero el resultado es tan potente que conseguirlo será innegociable porque en este mundo digital solo sobreviven los que se adapten al medio.

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