La economía regional parece que podría estar ante un punto de inflexión, ya que tras varios ejercicios de récords históricos en la llegada de visitantes, algunos centros de estudios económicos y sus informes de previsión indican que hay síntomas de cambio en los principales mercados emisores, definidos sobre todo por la aparente estabilización de las plazas aéreas ofertadas por algunas compañías. Pero hasta aquí y si nos quedamos solamente con la lectura superficial de titulares de prensa, o el primer párrafo de cualquier previsión realizada por estos centros de estudios económicos, saltarían las alarmas de manera infundada, ya que no se trata de una contracción si no más bien de un ajuste que hace que no crezcamos de la forma en que se ha hecho en los cuatro últimos años, pero que se crece y se mantienen datos económicamente sólidos y robustos.
El dato, mil veces repetido, de que el turismo representa el 35% – directa e indirectamente- del PIB canario, es la constatación más palmaria de lo importante del sector en nuestra región y la prueba de que en los últimos años ha demostrado una capacidad enorme de absorción de shocks externos. La rápida recuperación post-pandemia debido a la fuerte demanda europea, bien leída y anticipada por las líneas aéreas que aumentaron rápidamente el número de plazas a la venta hacia Canarias, compensó la debilidad de otros sectores y hasta lideró un efecto arrastre de estos, que hizo que crecieran, siendo por ello el turismo en gran medida el responsable de los buenos datos económicos post 2020. Sin embargo, el actual contexto macroeconómico internacional introduce nuevas variables: aumentos de la inflación en algunos países emisores, tipos de interés elevados que disminuyen la demanda de crédito, y sobre todo, y derivado de los dos anteriores, una cautelosa planificación de las vacaciones por parte del consumidor.
En este escenario, parece que las aerolíneas están ajustando su estrategia, manteniendo algunas el número de plazas sin crecimiento de estas, u otras aumentándolo levemente con un manejo eficaz de temporadas y meses, que no responde únicamente a hipotéticas ralentizaciones de la demanda, sino también a un proceso de optimización de flotas y rutas, ya que los costes operativos como el coste del combustible, las tasas aeroportuarias o el personal, llevan a las compañías aéreas a organizar su oferta de servicios hacia unos destinos u otros, y Canarias, altamente dependiente del aéreo, como cualquier territorio insular alejado del continente, podría resentirse con estas circunstancias.
Los primeros datos, apuntan a una ralentización – que no reducción – en el crecimiento interanual de visitantes. Mercados tradicionales y de mucho volumen, como el británico o el alemán, parecen estar mostrando mayores sensibilidades a los precios, mientras que otros como el nórdico ajustan las frecuencias según la ocupación prevista, con lo que el número de plazas aéreas ofertadas, actúan como un factor limitante, ya que aunque la demanda potencial exista, sin la conectividad suficiente no es posible materializarla.
Todas estas variables económicas combinadas, pueden tener implicaciones directas sobre el tejido productivo, ya que si se disminuyeran las plazas aéreas habría una mayor presión sobre los precios, una ocupación hotelera acusando una mayor volatilidad y una menor capacidad de planificación para el sector en general, que a medio plazo podría traducirse en una moderación en el empleo turístico, dado que la economía canaria acusa cualquier cambio de este sector con gran rapidez.
Frente a todo esto, la respuesta institucional es clave, debido a que la colaboración público – privada que garanticen rutas estratégicas, el uso inteligente del dinero público para adaptar y modernizar infraestructuras y la promoción turística orientada a mercados que aúnen volumen y capacidad de gasto son herramientas indispensables para seguir creciendo, como asimismo es imprescindible mejorar la información y la anticipación de las reservas y la capacidad aérea que permitan reaccionar y tomar decisiones ante cualquier cambio de tendencia.
En paralelo, el sector privado deberá reforzar la profesionalización de su gestión, la digitalización y la diversificación del producto, contribuyendo a disminuir la dependencia de unos pocos perfiles de visitante, y para ello la conectividad aérea es fundamental, pero sin ser el único pilar sobre el que se asiente la competitividad del destino.
Los canarios hemos demostrado a lo largo de la historia una gran capacidad de adaptación. Cambios en el entorno no tienen que significar el final de un ciclo, sino más bien un ajuste ante un entorno global más complejo y con menores certidumbres. Para ello, anticiparse, analizar, planificar y transformar el sector cuando sea necesario, serán las claves para que el archipiélago siga siendo un destino líder a través del número de visitantes y su capacidad de gasto, que se traduzcan en una economía sólida y sostenible en el tiempo.








