Elías Marrero: “La agricultura canaria necesita producir más valor con los mismos recursos”
Elías Marrero. Delegado del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias
A día de hoy, ¿qué está fallando para que producir alimentos en Canarias siga siendo una actividad tan difícil?
Desde un punto de vista técnico, el problema no es la capacidad de producir alimentos, sino las limitaciones estructurales que dificultan que la actividad sea rentable. El acceso al suelo agrario sigue siendo uno de los principales cuellos de botella por la escasez de superficie disponible, su fragmentación, su precio y las dificultades de acceso a la tierra. A ello se suman el elevado coste y la limitada disponibilidad de agua de riego, especialmente en un contexto de cambio climático.
La condición de región ultraperiférica incrementa además los costes de producción, al depender del exterior para el suministro de insumos, mientras que el reducido tamaño de muchas explotaciones dificulta ganar eficiencia y amortizar inversiones. Tampoco basta con producir; es necesario vender con rentabilidad. La competencia de productos importados, el escaso poder de negociación del productor y la burocracia siguen restando competitividad.
A esto se añaden el déficit de relevo generacional y la desigual incorporación de innovación y tecnología en las explotaciones.
¿Cree que el modelo agrícola canario se está transformando con la rapidez que exigen los nuevos desafíos o seguimos actuando cuando los problemas ya son urgencias?
En muchos aspectos seguimos reaccionando cuando los problemas ya son una urgencia. El mejor ejemplo ha sido la gestión del agua. Durante los periodos de sequía todos coincidimos en que es una prioridad, pero cuando la situación mejora tendemos a relajarnos. De hecho, hemos solicitado, en la actualización del Reglamento del Dominio Público Hidráulico de Canarias, hasta hace poco en periodo de consulta pública, que se priorice el uso agrícola del agua de mayor calidad, el impulso de las aguas regeneradas mediante nuevas infraestructuras de distribución, especialmente en medianías, la reducción de las pérdidas en las redes hidráulicas y el refuerzo de la seguridad jurídica. La planificación debe ser permanente y no depender de las circunstancias del momento. Si queremos un sector fuerte, debemos anticiparnos a los problemas y no limitarnos a resolverlos cuando ya están encima de la mesa.
El relevo generacional se señala como uno de los principales retos del sector. ¿Es realista pedir a los jóvenes que apuesten por la agricultura?
La mejor política para atraer jóvenes al sector primario es que la agricultura sea una actividad rentable. Ningún joven apostará por el campo si no percibe que puede desarrollar un proyecto empresarial viable y obtener unos ingresos dignos. Cuando un sector es económicamente sólido, muchas de las barreras para la incorporación de nuevos profesionales se reducen de forma natural.
Sin embargo, la rentabilidad no es el único desafío. También existe un problema de percepción social. Con frecuencia, el discurso sobre la agricultura y la ganadería se centra en las dificultades, como los bajos márgenes, el incremento de los costes o la dependencia de ayudas. Aunque son cuestiones reales, transmitir únicamente esa imagen dificulta que los jóvenes identifiquen el sector como una oportunidad de futuro.
La realidad es que la agricultura y la ganadería han evolucionado. Hoy son actividades altamente tecnificadas, donde la innovación, la digitalización, la agricultura de precisión, la automatización y la investigación aplicada desempeñan un papel cada vez más relevante. Siguen siendo profesiones exigentes, pero las nuevas tecnologías han mejorado notablemente las condiciones de trabajo y la eficiencia de las explotaciones.
Además, se considera que, ¿se está protegiendo suficientemente el suelo agrario o corremos el riesgo de perder capacidad productiva?
El suelo agrario existe para producir alimentos y no debemos olvidarlo. Cada vez que una decisión reduce la superficie agrícola disponible, también estamos reduciendo nuestra capacidad para producir alimentos y, por tanto, nuestra soberanía alimentaria. Canarias es una región ultraperiférica con una gran dependencia del exterior para abastecerse. Mientras todo funcione correctamente, esa dependencia puede parecer asumible, pero cualquier alteración en las cadenas de suministro puede convertirse en un problema serio. Por eso proteger el suelo agrario no es solo una cuestión territorial, sino también de seguridad alimentaria y de futuro.
En este contexto, el Colegio ha presentado alegaciones al documento de consulta previa a la ciudadanía sobre el Anteproyecto de Ley de Montes de Canarias y al borrador de la Ley del Suelo; ya que el primero con su redacción inicial podría permitir que hasta el 55 % del suelo cultivable del Archipiélago perdiera su consideración agraria y, el segundo, podría dejar desprotegido el suelo agrario. Por ello, hemos pedido su reconocimiento como categoría específica dentro de dicha ley, así como que se facilite la implantación de infraestructuras de riego y de instalaciones imprescindibles para el funcionamiento de las explotaciones y el crecimiento del agricultor, y que se adapte la legislación a la realidad productiva del sector.
“La burocracia está frenando la modernización del sector primario”
Los agricultores denuncian un exceso de burocracia. ¿Se están diseñando las políticas escuchando suficientemente al sector?
La burocracia es uno de los grandes lastres del sector. Hace poco participé en una jornada en la que se hablaba de cómo mejorar la eficiencia de las explotaciones mediante agricultura de precisión, una fertilización más ajustada, un mejor control de plagas y enfermedades o nuevas herramientas de asesoramiento técnico. Sin embargo, la realidad es que muchos técnicos pasan gran parte de su jornada delante de un ordenador cumplimentando documentación administrativa.
El valor que aporta un ingeniero agrónomo está en el campo, ayudando al agricultor a producir mejor, reducir costes y aumentar la rentabilidad. Muchas de las tareas burocráticas podrían asumirlas perfiles administrativos siguiendo unas directrices técnicas. En Canarias, este problema es todavía mayor porque predominan explotaciones de pequeño tamaño, donde normalmente solo hay un técnico que acaba dedicando demasiado tiempo al papeleo y muy poco al asesoramiento sobre el terreno.
En otras zonas de España he podido comprobar que existe una mejor organización: hay técnicos centrados exclusivamente en el asesoramiento agronómico y otros especializados en certificaciones y trámites administrativos. Ese modelo permite que el conocimiento llegue realmente a las explotaciones.
Y no solo esto, hay que sumar la excesiva duración de los procedimientos administrativos. Obtener una licencia para construir una vivienda vinculada a una explotación o una infraestructura agraria puede demorarse más de un año, paralizando inversiones y encareciendo los proyectos. La burocracia no solo consume tiempo; también frena el desarrollo y la modernización del sector.
Si pudiera impulsar una única medida para transformar el futuro del sector primario en Canarias, ¿cuál sería?
Sinceramente, no creo que exista una única medida capaz de transformar por sí sola el sector primario canario, pero si tuviera que decir solo una impulsaría un plan para aumentar la productividad del sector primario. La agricultura canaria necesita producir más valor con los mismos recursos. Eso pasa por incorporar tecnología, mejorar la eficiencia del agua y de la energía, facilitar el acceso a la innovación y eliminar barreras administrativas que hoy restan competitividad. Cuando una explotación es más productiva, mejora su capacidad de invertir, innovar, atraer jóvenes y resistir mejor las crisis. La transformación del sector no depende de una única ayuda, sino de crear las condiciones para que las explotaciones sean cada vez más eficientes y competitivas.