Pablo J. Varona Cabrera: “Queremos una Veterinaria más fuerte, reconocida y con futuro”
Pablo J. Varona Cabrera. Presidente Colegio Oficial de la Profesión Veterinaria de Las Palmas
En los últimos años la profesión veterinaria ha ganado protagonismo, pero también ha estado en el centro del debate por los cambios normativos. ¿En qué momento cree que se encuentra hoy la veterinaria en España y cuáles son sus principales preocupaciones?
La profesión veterinaria atraviesa un momento decisivo, con un reconocimiento creciente de su papel en la salud pública, el bienestar animal, la seguridad alimentaria y el enfoque One Health, pero también con importantes desafíos.
La regulación del medicamento veterinario, especialmente tras el Real Decreto 666/2023, ha generado un profundo malestar. Compartimos el objetivo de promover un uso prudente de los antimicrobianos, pero debe alcanzarse respetando el criterio clínico y evitando cargas administrativas que dificulten una atención eficaz a los animales.
También necesitamos mayor reconocimiento como profesionales sanitarios, mejores condiciones laborales y presencia en ámbitos como la salud pública, la producción animal o la investigación. La reciente incorporación de veterinarios al Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria demuestra que debemos seguir defendiendo, de forma firme, nuestra presencia en todos los ámbitos de nuestra competencia.
Canarias es un territorio especialmente sensible desde el punto de vista sanitario por su condición insular y su intensa conexión con el exterior. ¿Cuáles son hoy los principales retos para proteger la sanidad animal y evitar la entrada de nuevas enfermedades?
Canarias disfruta de un excelente estatus sanitario que debemos proteger con rigor. Nuestra condición insular nos ha permitido mantenernos libres de enfermedades presentes en otros territorios, pero esa ventaja también nos obliga a extremar la vigilancia. La intensa conexión con el exterior, el movimiento de animales y mercancías, el turismo y la cercanía al continente africano hacen imprescindible mantener unos elevados niveles de bioseguridad y vigilancia epidemiológica.
El principal reto es anticiparnos a los riesgos. Para ello es fundamental reforzar los controles en frontera, la detección precoz y la coordinación entre veterinarios, ganaderos y administraciones. La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz y rentable, porque proteger la sanidad animal no solo significa cuidar de nuestros animales, sino también preservar la seguridad alimentaria, la economía del sector primario y la salud pública bajo el enfoque One Health.
En muchas ocasiones se identifica al veterinario únicamente con la clínica de pequeños animales, cuando su labor también es fundamental en ámbitos como la seguridad alimentaria, la ganadería o la salud pública. ¿Sigue siendo esa la gran asignatura pendiente en cuanto al reconocimiento social de la profesión?
Sin duda aún se sigue asociando a la profesión veterinaria, casi exclusivamente, con la clínica de animales de compañía, cuando esa es solo una parte de una profesión extraordinariamente amplia. La veterinaria está presente en toda la cadena alimentaria, desde la granja a la mesa, velando por la seguridad de los alimentos que consumimos, controlando enfermedades de animales que pueden afectar a las personas, garantizando el bienestar animal, en la docencia, mejorando las producciones de origen animal, investigando para prevenir futuras amenazas sanitarias.
Creo que uno de los grandes retos es dar visibilidad a esa realidad. Cuando consumimos un alimento seguro, cuando se controla un brote o cuando se evita la entrada de una enfermedad en nuestro territorio, detrás hay un profesional veterinario contribuyendo de forma silenciosa a que esto suceda así. Conseguir que la sociedad conozca esa contribución y que las administraciones la reconozcan en la toma de decisiones es una de nuestras asignaturas pendientes.
El bienestar animal ha pasado de ser un concepto secundario a convertirse en una prioridad para la sociedad. Desde su punto de vista, ¿qué avances se han conseguido en los últimos años y qué aspectos siguen requiriendo un cambio de mentalidad?
Hemos pasado de entender el bienestar animal como una cuestión ética a reconocerlo también como un elemento esencial para la salud, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas de producción.
Todavía queda camino por recorrer. El principal reto es seguir promoviendo una cultura basada en el conocimiento y la responsabilidad, evitando que el debate se plantee desde posiciones simplistas o excesivamente emocionales. El bienestar animal debe apoyarse siempre en la evidencia científica y en el criterio de los profesionales veterinarios, porque solo así podremos garantizar decisiones que beneficien realmente a los animales y sean compatibles con las necesidades de la sociedad.
La profesión también afronta desafíos internos, desde la presión asistencial hasta la rentabilidad de las clínicas o el relevo generacional. ¿Cuál considera que será el gran reto de los veterinarios durante los próximos cinco años?
Creo que el gran reto será preparar a los veterinarios para una profesión cada vez más diversa, especializada y en constante evolución. La clínica seguirá siendo un pilar fundamental, pero el futuro también pasa por ámbitos con una creciente demanda como la salud pública, la producción animal, la seguridad alimentaria, la industria, la investigación o la gestión sanitaria. La digitalización, la inteligencia artificial y el enfoque One Health exigirán profesionales con una sólida base científica, pero también con capacidad de adaptación, liderazgo y trabajo en equipos multidisciplinares.
Al mismo tiempo, debemos ser capaces de retener talento, de conseguir que las condiciones laborales de la profesión sean lo suficientemente atractivas para evitar el abandono de la profesión. Es una profesión vocacional, pero es una actividad profesional que merece su digna retribución y condiciones laborales; que los tutores de mascotas entiendan que vocación no significa altruismo. Que la atención de una urgencia veterinaria tiene unos costes más elevados que una consulta y el tutor debe responsabilizarse de su mascota y satisfacer esos costes.
La veterinaria tiene un enorme futuro por delante, pero será necesario que administraciones, universidades, colegios profesionales y el propio sector trabajemos de forma coordinada para afrontar esos desafíos.
Mirando al futuro, ¿qué proyectos o iniciativas tiene previsto impulsar el Colegio Oficial de la Profesión Veterinaria de Las Palmas para seguir fortaleciendo la profesión y acercarla aún más a la sociedad?
Nuestro compromiso es seguir construyendo un Colegio cada vez más cercano, útil y abierto a todas las personas colegiadas. Queremos reforzar la formación práctica y especializada, acompañar especialmente a los jóvenes en sus primeros años de ejercicio, dar visibilidad a la enorme diversidad de salidas profesionales que ofrece hoy la Veterinaria. La profesión evoluciona muy rápido y el Colegio debe ser un aliado en ese proceso.
Al mismo tiempo, seguiremos trabajando para fortalecer el reconocimiento social de la Veterinaria y defender los intereses de la profesión ante las administraciones. Luchar para que estemos presentes en todos los ámbitos de nuestra competencia, así como combatir el intrusismo profesional. Combatir los mensajes ofensivos contra la profesión que se están vertiendo en algunos medios de comunicación. Reclamar la existencia de veterinarios municipales en aquellos municipios en los que aún no existan y que deben estar en virtud de la Ley de Bienestar Animal y las competencias en salud pública que ostentan los Ayuntamientos.
Divulgar nuestro papel en la sociedad y nuestra implicación mediante convenios como el de Tenencia Responsable, donde veterinarios voluntarios dan charlas en centros educativos sobre este asunto; nuestros convenios con distintas entidades para la gestión de colonias felinas. Hay que destacar el Convenio con la Dirección General de Emergencias del Gobierno de Canarias para la participación del colectivo en la atención y custodia de animales desalojados o afectados por catástrofes como los incendios forestales u otros.