Narvay Quintero Castañeda: “Nos jugamos el futuro del campo canario mientras la burocracia nos asfixia”
Narvay Quintero Castañeda. Consejero de Agricultura, Ganadería, Pesca y Soberanía Alimentaria del Gobierno de Canarias
Canarias lleva años hablando de soberanía alimentaria, pero continúa dependiendo enormemente del exterior. ¿Estamos avanzando de verdad o seguimos muy lejos de producir una parte significativa de lo que consumimos?
La soberanía alimentaria es uno de los objetivos de este Gobierno. De hecho, en esta legislatura, la propia denominación de la Consejería incorpora este concepto porque consideramos que es fundamental.
Ahora bien, hay que aclarar que hablar de soberanía alimentaria en Canarias no significa producir el 100 % de los alimentos que consume la población y el turismo. La propia FAO reconoce las especiales dificultades que afrontan los territorios insulares y alejados, como la limitada disponibilidad de suelo y agua, los mayores costes de transporte y la dependencia de los mercados exteriores. Por eso, el objetivo no puede plantearse en términos de producir absolutamente todo, sino de incrementar al máximo nuestra capacidad de abastecimiento y reducir nuestra dependencia exterior allí donde tenemos capacidad para hacerlo.
En Canarias no disponemos de superficie ni de condiciones climatológicas para producir todo lo que demanda nuestra población. Hay determinados alimentos, como buena parte de los cereales o el arroz, cuya obtención no resulta viable o competitiva en las islas.
Dicho esto, contamos con productos en los que nuestra capacidad de producción es muy elevada. Es el caso de buena parte de los productos pesqueros y, especialmente, de los túnidos, donde la producción local tiene un peso muy importante. También ocurre con las papas y con buena parte de los productos tropicales y subtropicales.
Tenemos, por tanto, déficits importantes en determinados alimentos, especialmente en aquellos que, por nuestras condiciones naturales y productivas, resulta difícil obtener aquí, pero también tenemos margen para crecer en otros ámbitos. El objetivo es claro: producir más de aquello que podemos generar en Canarias, hacerlo de forma competitiva y sostenible y reducir nuestra dependencia exterior.
Usted acaba de reclamar que el POSEI mantenga una financiación propia e independiente a partir de 2028. ¿Qué se juega realmente Canarias en esa negociación con Europa?
Canarias se juega el futuro del sector tal y como lo conocemos hoy. Es un sector que, pese a las dificultades, es rentable y cada vez está más profesionalizado.
Europa ha entendido que las regiones ultraperiféricas son territorios alejados y fragmentados, donde los costes de producción son mucho mayores. Tenemos mercados más reducidos, dependemos del exterior para adquirir buena parte de los insumos y, posteriormente, también debemos afrontar costes adicionales para comercializar nuestros bienes fuera de las islas.
A ello se suma la dificultad para disponer de mano de obra y el incremento de los costes derivado de las exigencias europeas en materia sanitaria, fitosanitaria, laboral y medioambiental.
Estas exigencias son necesarias y ofrecen mayores garantías al consumidor, pero también tienen un impacto sobre los costes de producción. La protección de los suelos, la reducción del uso de plásticos, la lucha contra el cambio climático o el coste del agua son elementos que debemos asumir.
Por eso, la actividad no sería viable sin el apoyo europeo. Y, al mismo tiempo, Europa debe garantizar que los productos procedentes de terceros países que acceden al mercado comunitario no compitan en condiciones diferentes a las que se exigen a nuestros productores.
En definitiva, lo que está en juego es el futuro del sector.
También ha mostrado su preocupación por el acuerdo con Mercosur. ¿Puede competir un agricultor o ganadero canario con productos de terceros países sometidos a costes y exigencias diferentes?
No puede competir en esas condiciones. Si tuviéramos las mismas exigencias y la misma normativa, nuestros productores serían competitivos. Tenemos productos de una calidad excelente y cada vez producimos mejor. El problema es que nuestros profesionales del sector primario están sometidos a unos costes y unas exigencias que no siempre se aplican de la misma manera a los productos procedentes de terceros países.
En Europa existen restricciones en materia de alimentación animal, productos fitosanitarios, bienestar y sanidad animal, condiciones laborales, protección medioambiental o lucha contra el cambio climático que incrementan nuestros costes de producción.
Por tanto, no estamos compitiendo en igualdad de condiciones. Y este es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta actualmente el sector primario europeo y, de manera particular, el canario.
Este año 275 jóvenes han solicitado ayudas para crear una empresa agraria en Canarias. Es una cifra importante, pero ¿qué ocurre después de la subvención? ¿Estamos consiguiendo que esos jóvenes permanezcan en el sector?
Es una cifra importante, aunque no suficiente ni la necesaria. El relevo generacional es un problema en toda Europa y está muy relacionado con la rentabilidad de la actividad.
No podemos seguir entendiendo el sector primario como hace 40 años, como un sector subsidiado en el que no era necesario obtener un rendimiento económico. Los jóvenes empresarios y empresarias que se incorporan hoy son profesionales, introducen innovación, modernizan las explotaciones, generan empleo y aportan valor añadido. Y, evidentemente, tienen que ganar dinero.
El problema es que se enfrentan a demasiadas exigencias y a una burocracia que está dificultando la consolidación de muchas de estas empresas.
Las ayudas son importantes durante los primeros años, pero después nos encontramos con procedimientos y controles de distintas administraciones que pueden dificultar la actividad: desde los ayuntamientos y los cabildos hasta el Gobierno de Canarias, el Estado y la Unión Europea.
Tenemos que seguir trabajando no solo en las ayudas económicas, sino también en el acompañamiento de estas empresas durante sus primeros años, con seguimiento técnico y asesoramiento jurídico. Ahí todavía tenemos margen de mejora.
El Gobierno ha tenido que aprobar ayudas extraordinarias por el aumento de los costes de producción. ¿Hasta qué punto puede sobrevivir un sector que necesita compensaciones cada vez que se produce una crisis exterior?
No debería ser normal que el sector necesite ayudas extraordinarias cada vez que se produce una crisis, pero vivimos en un mundo globalizado y cualquier conflicto o alteración internacional tiene consecuencias sobre nuestra economía.
En Canarias, además, nuestra lejanía hace que dependamos del exterior para muchos de los insumos necesarios para desarrollar la actividad. El combustible es un buen ejemplo, especialmente en el sector pesquero. Cuando su precio aumenta de manera significativa, una empresa cuyos principales costes están vinculados al combustible difícilmente puede asumir ese incremento.
Las ayudas no compensan todos los sobrecostes, sino que permiten paliarlos.
Al mismo tiempo, tenemos que entender que la alimentación es un bien básico y que el consumidor debe poder acceder a ella a un precio razonable. Pero eso no puede hacerse a costa de que quien produce el alimento tenga pérdidas. El precio que recibe el productor no puede estar por debajo de sus costes de producción. Si queremos garantizar una cesta de la compra accesible, esa responsabilidad debe ser asumida por el conjunto de las administraciones públicas y no recaer exclusivamente sobre el agricultor, el ganadero o el pescador.
Una de las quejas recurrentes del productor es que el precio que recibe poco tiene que ver con el que finalmente paga el consumidor. ¿Dónde se está quedando el margen y qué capacidad tiene el Gobierno para corregir ese desequilibrio?
El Gobierno de Canarias no tiene competencias en esta materia. La regulación de la cadena alimentaria corresponde al Estado y, en determinados ámbitos, también a la Unión Europea.
La legislación sobre la cadena alimentaria establece principios con los que estamos de acuerdo, pero todavía existe una importante distancia entre esos principios y la realidad.
El agricultor, el ganadero o el pescador trabajan con productos perecederos y tienen una capacidad de negociación limitada frente a determinados operadores y grandes cadenas de distribución. Esa situación puede acabar repercutiendo negativamente en el precio que reciben por su trabajo.
El productor nunca debería vender por debajo de sus costes de producción. Eso no significa necesariamente que ese deba ser el precio final que pague el consumidor, porque existen otros costes en la cadena, pero sí debe existir un equilibrio.
En ocasiones encontramos diferencias muy importantes entre lo que recibe el productor y lo que finalmente paga el consumidor. Es ahí donde debe actuar la Administración competente y garantizar que la cadena alimentaria funcione de manera equilibrada.
Canarias recibe cerca de veinte millones de turistas al año. ¿No resulta contradictorio que tengamos semejante mercado a pocos kilómetros de nuestras explotaciones y muchos productores sigan teniendo dificultades para vender con rentabilidad?
Sin duda. Es una de las dificultades o incoherencias que tenemos en Canarias.
El sector turístico ha entendido la importancia de incorporar producto local y participa en iniciativas como Crecer Juntos, una estrategia impulsada por el Gobierno de Canarias para reforzar la conexión entre el sector primario y el turístico y aumentar la presencia de productos canarios en hoteles, restauración y otros canales de consumo. Hay establecimientos que están haciendo un esfuerzo importante por comprar y ofrecer productos canarios.
Pero todavía son una minoría. Hay operadores que trabajan desde fuera de Canarias y cuyo principal criterio es adquirir productos al menor precio posible, aunque eso suponga importar alimentos que podríamos obtener aquí.
El productor nunca debería vender por debajo de sus costes de producción
Tenemos que avanzar hacia otro modelo, basado en un turismo de mayor calidad y más sostenible, en el que el producto local tenga un papel mucho más importante. El consumidor y el turista valoran cada vez más la trazabilidad, la proximidad y la sostenibilidad.
No tiene mucho sentido defender un modelo turístico sostenible mientras se apuesta por productos que recorren miles de kilómetros para llegar a Canarias cuando existe oferta local.
Tenemos, por tanto, una oportunidad importante para mejorar la conexión entre el sector primario y el turístico.
Agua, suelo agrícola, burocracia y legalización de explotaciones siguen apareciendo entre los problemas del sector. Si tuviera que señalar uno que Canarias no puede permitirse seguir aplazando, ¿cuál sería?
Me quedaría con la burocracia.
Creo que es uno de los grandes problemas de todas las administraciones: municipal, insular, autonómica, estatal y europea.
Tenemos que simplificar los trámites administrativos para todo el sector, no solo en el momento de iniciar una actividad, sino durante toda la vida de las empresas y explotaciones.
Una mayor simplificación permitiría agilizar el funcionamiento de las empresas y, en definitiva, facilitar la vida del sector primario.
El plátano concentra buena parte de las ayudas y del debate agrario canario. ¿Necesita Canarias diversificar más su producción para reducir vulnerabilidades y construir un sector primario más fuerte?
Sin duda, necesitamos seguir diversificando la producción.
Tenemos que adaptarnos a los nuevos consumidores y a los nuevos hábitos de consumo, pero también al cambio climático y a las producciones que ofrecen mayores posibilidades de rentabilidad. No podemos fortalecer actividades que no sean económicamente sostenibles.
Ahora bien, diversificar no significa renunciar a los principales motores de nuestra economía. Al igual que ocurre con el turismo, el plátano sigue siendo actualmente uno de los motores del sector primario y seguirá teniendo un papel fundamental.
Tenemos que mejorar su cultivo y, sobre todo, su comercialización.
Me preocupan especialmente los pequeños agricultores que, en ocasiones, permanecen durante largos periodos cobrando por debajo de sus costes de producción. Es una situación difícil de mantener y debemos trabajar para mejorar su rentabilidad.
La comercialización corresponde fundamentalmente a las organizaciones de productores. El Gobierno no produce ni comercializa plátanos, pero sí podemos sentarnos con el sector y trabajar para buscar soluciones.
Usted ya fue consejero de Agricultura entre 2015 y 2019 y volvió al cargo en 2023. Cuando termine esta etapa, ¿qué tendría que haber cambiado para que pueda decir que el campo canario está mejor que cuando regresó?
El objetivo fundamental que me marqué al comenzar esta etapa fue consolidar el sector primario que tenemos. Quizá no sea un objetivo tan ambicioso como el que me planteé en 2015, cuando conseguimos mejorar muchos indicadores, pero sí creo que era necesario en este momento.
Consolidar significa garantizar la continuidad de las empresas y explotaciones que ya están desarrollando su actividad, favorecer la incorporación de jóvenes y conseguir que las nuevas empresas puedan asentarse, crecer y ser rentables.
Creo que esa consolidación es fundamental para poder crecer después. A veces nos centramos demasiado en crear nuevas empresas y olvidamos que también tenemos que garantizar la supervivencia y el crecimiento de las que ya existen.
Y creo que estamos avanzando en esa dirección. Este año hemos mejorado algunos indicadores: el sector primario ha generado más empleo y presenta una mayor estabilidad. Dentro de su dimensión, es uno de los sectores que más empleo ha generado y que muestra una mayor estabilidad en Canarias.
En este sentido, hemos conseguido consolidar muchas empresas y aumentar ligeramente el tejido empresarial del sector primario.