Diego Reverón: “La altura y la edad de nuestras cepas son las dos claves de nuestros vinos”
Diego Reverón. Propietario de Bodegas Reverón
Bodegas Reverón cultiva sus viñedos por encima de los 1.300 metros y mantiene 12 hectáreas de producción ecológica certificada. ¿Qué aporta este modelo de viticultura de altura y ecológica a la identidad y diferenciación de sus vinos dentro de Canarias?
Nuestros viñedos están por encima de los 1.300 metros, en Vilaflor de Chasna. Trabajamos 17 hectáreas en ecológico, entre viñedo propio y el de viticultores de la zona. La altura y la edad de nuestras cepas son las dos claves de nuestros vinos.
La altura protege el viñedo. A esta cota hay menos humedad que en la costa y las plagas lo tienen más difícil. El oídio, que aquí llamamos «ceniza», apenas se desarrolla: con dos o tres azufradas en polvo al año mantenemos el viñedo sano. El resultado es una uva prácticamente sin intervención.
La edad aporta concentración. Una cepa joven da racimos grandes y mucho mosto. Una cepa vieja es como una persona mayor: pierde vigor, pero gana en calidad. Concentra toda su fuerza en tres o cuatro racimos, con más aroma y más sabor. Por eso en Bodegas Reverón no buscamos grandes rendimientos, sino el equilibrio que nos permite hacer vinos de calidad. Esa es nuestra diferencia dentro de Canarias.
El cambio climático está modificando las condiciones de cultivo en muchas zonas vitivinícolas. ¿Cómo están afectando las temperaturas, la disponibilidad de agua y los fenómenos meteorológicos extremos al viñedo de altura de Tenerife?
Lo estamos notando mucho, sobre todo en Vilaflor. Aquí siempre ha llovido bien, entre 400 y 600 litros por metro cuadrado al año, y la mayoría de los viñedos eran de secano. Pero llevamos unos ocho años de sequía y el viñedo lo ha sufrido.
Muchos viticultores hemos tenido que pasar al riego por goteo, y eso tiene dos problemas. El primero es que la cepa tiene las raíces muy profundas, así que hay que regar mucho para que el agua llegue. El segundo es la calidad del agua disponible, que es muy salina. Por eso se recoge el agua de lluvia en estanques y, cuando se va acabando, se mezcla con la otra. Con ese riego no aumentamos la producción: solo evitamos que la cepa se muera.
Este año ha llovido y se ha notado, pero necesitamos que siga lloviendo. Las cepas viejas están aguantando mejor. Las que más sufren son las de 10 a 20 años, que deberían estar en su mejor momento y están dando muy poca uva.
La bodega está reforzando su venta online y su presencia en mercados de España y Europa. ¿Puede el comercio digital convertirse en una herramienta decisiva para que pequeñas bodegas canarias lleguen directamente a consumidores que todavía no conocen sus vinos?
En parte sí y en parte no. Sí, porque es una vía de venta más rápida y permite llegar a mercados que no alcanzamos por los canales habituales. Además, ayuda a que nuestros vinos se conozcan en el resto de España y en el extranjero.
Pero la venta online necesita volumen. A las bodegas canarias les ha costado muchos años aumentar la producción sin perder calidad, y hoy tienen reconocimiento nacional e internacional. Si todo se vende fuera, el mercado local, que es donde estamos y donde nos conocen, se queda sin vino. Hay que encontrar un equilibrio.
Hoy, las bodegas muy pequeñas suelen tener que elegir: o venden en Canarias, o venden fuera, online, por paquetería o con distribuidores. Solo las más grandes pueden estar en todos los canales a la vez. Para nosotros, lo digital es una herramienta muy útil, siempre que no descuidemos a nuestra gente.
El enoturismo se ha convertido en una vía complementaria de generación de valor para las bodegas. ¿Qué importancia tienen experiencias como Wine & Tapas para acercar el vino de Tenerife al visitante y conseguir que la experiencia continúe después del viaje?
Es muy importante, y empieza por nuestro propio público. Los vinos canarios tienen premios nacionales e internacionales, pero a veces a nuestra gente le cuesta valorarlos porque los asocia a un vino caro.
Cuando se unen turismo y vino, eso cambia. La gente viene a la bodega, ve el trabajo, prueba los vinos y le gustan. Entiende todo el esfuerzo que hay detrás, y el precio deja de ser una barrera.
Por eso propuestas como Wine & Tapas son mucho más que ocio. Son un complemento económico que a las bodegas nos viene muy bien, pero también son didácticas: el visitante aprende y le da valor a la tierra y a lo que hacemos aquí. Ese vínculo es el que hace que, al volver a casa, siga buscando nuestros vinos.
Canarias cuenta con un patrimonio vitivinícola muy singular, con variedades y sistemas de cultivo condicionados por cada territorio. ¿Considera que todavía existe margen para mejorar el reconocimiento del vino canario entre los propios residentes y entre los turistas que visitan las islas?
Sí, hay mucho margen. Uno de los problemas de Canarias es el abandono del campo, y del viñedo en particular. Muchas fincas se han perdido porque, al fallecer el propietario, el terreno se reparte entre muchos herederos que no llegan a un acuerdo, y la tierra queda abandonada.
Hoy, las bodegas y los viticultores inscritos en las denominaciones de origen son quienes mantienen vivo el viñedo canario. Para que ese esfuerzo continúe, necesitamos que nuestra propia gente lo reconozca: que conozca las muchas variedades que tenemos y los vinos de las distintas bodegas.
Esa diversidad es un tesoro. No es lo mismo un listán blanco del sur que uno del norte, de El Hierro, de Lanzarote o de La Gomera. Con la misma uva, cada zona y cada bodega dan un vino distinto. El público, sea residente o turista, tiene mucho donde elegir y disfrutar.
La producción ecológica implica asumir determinados costes y exigencias adicionales. ¿Está dispuesto el consumidor actual a pagar más por un vino ecológico y de altura, y cómo se consigue trasladar ese valor añadido al precio final?
Creo que sí, siempre que entienda lo que hay detrás. El ecológico exige estar más encima del viñedo en todas las labores del campo. En altura tenemos una ventaja: entra menos humedad, hay menos hongos y nos basta con azufre en polvo, así que el cuidado de la planta es más sencillo.
La clave está en contarle al consumidor lo que hacemos. Que vea el sello ecológico en la etiqueta y sepa lo que significa: un vino sin productos fitosanitarios de síntesis y con la mínima intervención en bodega. Igual que ya se valora la alimentación ecológica, cada vez se valora más el vino ecológico.
Ese conocimiento es lo que sostiene el precio. Cuando el consumidor sabe cómo se cultiva y se elabora un vino, reconoce su calidad y entiende que merece la pena pagar algo más por él.
“Con ese riego no aumentamos la producción: solo evitamos que la cepa se muera”
De cara a 2026, ¿qué objetivos se marca Bodegas Reverón para seguir creciendo en enoturismo y venta internacional, consolidar su apuesta ecológica y conseguir que los vinos de altura de Tenerife tengan cada vez mayor reconocimiento dentro y fuera de Canarias?
En el viñedo, nuestro objetivo es mantener la estabilidad. Aunque llevamos unos años de producción baja, como casi todo el sector, siempre hemos tenido un volumen estable y la bodega va bien. Vamos a seguir apostando por el ecológico, porque nos permite ofrecer un producto sano y con mínima intervención. Es una filosofía que viene de la primera generación y que hoy mantenemos la segunda y la tercera.
En enoturismo, queremos ampliar y renovar las experiencias para que el visitante siempre encuentre algo nuevo: catas, eventos gastronómicos y propuestas que aprovechan nuestro entorno, a las puertas del Teide y bajo uno de los cielos más limpios de Europa. En venta, queremos que nuestros vinos lleguen a más consumidores de la Península y de Europa a través de la tienda online, sin descuidar el mercado canario.
Y para ganar reconocimiento, la clave es trabajar en conjunto. Una bodega sola difícilmente se hace conocida a nivel nacional; unidas, el apoyo es mucho más fuerte. Fuera ya nos conocen bastante gracias a los concursos, que siempre comunicamos en redes y en nuestra web. Pero también necesitamos el apoyo de los medios de comunicación, junto a la D.O. Abona y la Consejería de Agricultura, para que se vea y se reconozca el trabajo que hacemos aquí cada día.