¿Están notando un aumento de las reservas desde que empezó el conflicto de EEUU con Irán?, es la pregunta más repetida en el sector turístico canario desde que el pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel iniciaran el ataque a Irán, y que desgraciadamente aún no ha terminado. Pregunta que durante las dos primeras semanas de conflicto tuvo una respuesta afirmativa, ya que se notó un incremento de las reservas que con el paso de los días se fue ralentizando, hasta que comparativamente volvió a la situación de los años anteriores, es decir, una entrada de reservas muy positiva, pero sin la sensación de ser mercado absorbido por Canarias como el destino refugio que ha sido durante otros muchos conflictos en Oriente Medio, como la Primavera Árabe o la guerra en Siria.
Pero la otra pregunta que nos estamos haciendo todos en el sector, a raíz de esto, es la de por qué ese efecto está siendo esta vez más débil, y por ello y dejando conjeturas aparte, vamos a intentar en este artículo proponer algunas causas que técnicamente pudieran ser factibles: la primera aproximación podría ser una relacionada con un cambio de mentalidad del consumidor, ya que el cual, tras la pandemia, pareciera que tuviera una especie de sensación de vivir en una crisis permanente provocada por la guerra de Ucrania y otros conflictos internacionales abiertos, o el aumento de la inflación, que han provocado que el consumidor europeo esté más acostumbrado a la incertidumbre, resultante en parte por una suerte de fatiga informativa que ha hecho que se normalicen los riesgos globales y que por todo ello, el turista haya desarrollado una especie de resistencia psicológica a las crisis.
Otros argumentos, y que no podemos pasar por alto, son los que se esgrimen desde una lógica eminentemente económica y que ya venían avisando desde antes de que empezara este conflicto en Oriente Medio, de una especie de estancamiento del turismo en Canarias en comparación con el crecimiento exponencial de los años anteriores y debido principalmente a: la inflación acumulada en Europa, tipos de interés altos que provocan que haya menos renta disponible y el no menos importante argumento de que las familias están buscando vacaciones más cortas y baratas, que podría explicar que la causa de un posible estancamiento no sería solo la geopolítica, si no también el bolsillo del turista. Esta misma lógica, podría hacer pensar también, que destinos competidores- especialmente en la temporada de verano – como Turquía, Egipto, Túnez o Grecia han vuelto con fuerza impulsando una guerra de precios que los haga más atractivos en relación a Canarias, al ser más baratos y que nos haga competir con ellos no solo en la percepción de seguridad, si no también en precio y en valor.
Hay otras hipótesis más asociadas a riesgos estructurales del destino, como aquellas que señalan que ya está en su techo de capacidad, con unos altos niveles de ocupación del 100% en años anteriores, y al mismo tiempo un escaso crecimiento de las plazas alojativas, a lo que habría que añadir otros problemas de estructura, como la falta de personal o unos costes operativos muy altos en relación a otros destinos. Todo ello con el resultado de que aunque aumentase la demanda potencial, no habría mucho margen para crecer al mismo ritmo que esta. Hipótesis que gana peso, si encima le añadiésemos que las aerolíneas ya han planificado la temporada, y que un conflicto repentino no genera automáticamente más vuelos y sin asientos adicionales no hay un salto elevado en reservas.
Teorizando sobre cambios en la forma de reservar, podrían hacernos pensar en nuevos comportamientos del turista, que le llevasen a hacer sus reservas de forma más last minute o tardía, con esperas de última hora a expensas de ver si la situación cambia y mejora, o si por el contrario el conflicto se alarga en el tiempo. Y específicamente por esto, pudiéramos tener esa sensación de que no suben las reservas como se esperaba, cuando en realidad lo que está sucediendo es que simplemente se retrasan. O que también volviendo al primer argumento del artículo, que hacía alusión al comportamiento del consumidor, la percepción de peligro sobre los destinos vacacionales es inferior a la de otros conflictos del pasado, provocando esto que no haya muchas cancelaciones en algunos destinos, que generen que la demanda se desvíe inmediatamente a nuestra región y que nos pudiera llevar a pensar que no todos los conflictos internacionales impactan de la misma manera sobre el turismo.
Por todo lo anterior y en cualquier caso, al margen de desgraciados acontecimientos internacionales de esta u otra naturaleza, deberíamos de aspirar al máximo de los crecimientos posibles, con las variables de competitividad, precio, sostenibilidad y un modelo turístico acorde con los tiempos, como guías de actuación para conseguirlo, de forma que aunque podamos actuar como lugar refugio de una demanda prestada al calor de los acontecimientos, siempre podamos decir que estamos en máximos históricos por motivos más dependientes directamente de nosotros como zona turística, que por lo que externamente suceda y que esté al margen de nuestro buen hacer.









