16/04/2024

Hacia una asistencia más justa para el paciente de cáncer
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En España, el cáncer es una de las principales causas de mortalidad. El número de cánceres diagnosticados en nuestro país en el año 2021 se estima que alcanzó los 276 239 casos. Eso significa que se diagnosticaron 6000 casos nuevos por cada millón de habitantes.

En Canarias, los últimos datos de estimación de incidencia aportados por el Registro Poblacional de Cáncer del Servicio Canario de Salud son de 2018. Ya en ese año, se confirmaron 11 384 casos de cáncer en una población de 2 206 901 habitantes.

Acudir a tiempo es probablemente la estrategia que más vidas puede salvar de entre los que padecen esta enfermedad. De hecho, los planes de prevención del cáncer a través de la modificación de los hábitos de vida y de la realización de programas de diagnóstico precoz, han hecho posible incrementar las tasas de curación en los tumores más frecuentes, como los de mama, próstata o colon.

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Sin embargo, la sociedad en general es consciente del terrible efecto que la pandemia de la COVID-19 ha tenido en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes oncológicos. Por ejemplo, a causa de la pandemia los programas de diagnóstico precoz de cáncer se vieron afectados en mayor o menor grado, por lo que, con toda probabilidad, el número de cánceres colorrectales, de mama y ginecológicos finalmente diagnosticados en 2020 fue menor del esperado. 

Junto a las ya conocidas dificultades para acceder en tiempo y forma a los tratamientos oncológicos, la COVID-19 ha empeorado aún más las cosas para este colectivo de pacientes tan vulnerables. La desviación de recursos asistenciales a la atención de la pandemia, el miedo al contagio en los ambientes hospitalarios, etc., han influido negativamente en la asistencia sanitaria del paciente oncológico.

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De hecho, la Sociedad Española de Oncología Médica cifra en 1 de cada 5 los casos de cáncer no diagnosticados durante la pandemia. La avalancha de casos avanzados, debido a la falta de diagnóstico durante 2020, ha sido evidente en los centros hospitalarios. Además, la falta de asistencia sanitaria para el tratamiento oncológico, especialmente quirúrgico, parece haber influido muy negativamente en las opciones de curación de los pacientes.

Por ello la Asociación Española Contra el Cáncer, consciente de que la COVID-19 ha agravado la situación de estos pacientes, lanzó a finales de 2021 una campaña, Por una vez, pongámonos de acuerdo, dirigida a toda la sociedad y a aquellos que nos representan, que además cobra todo el sentido en este Día

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Mundial Contra el Cáncer 2022. La AECC reclama, entre otras cosas, que el cáncer no provoque pobreza en los pacientes más vulnerables o que nadie se quede sin diagnosticar como consecuencia de una crisis.

Es este aspecto del diagnóstico en el que más se puede avanzar. Debe exigirse un acceso adecuado y justo a los programas de diagnóstico precoz. Sabemos que la reducción de la mortalidad de cánceres como el de mama, colorrectal o de cuello uterino se relacionan directamente con el tratamiento de los tumores en fases muy tempranas.

Los retrasos en los tratamientos conllevan, además de una potencial merma en la supervivencia del paciente, un tratamiento muchas veces más agresivo, tanto desde el punto de vista quirúrgico como oncológico. Pero es que, además, todos los pacientes oncológicos deben tener acceso a los tratamientos derivados de la investigación, de la mayor calidad basada en la evidencia científica y diseñados teniendo en cuenta su edad, estado físico, entorno social y familiar, etc.

El paciente y su entorno deben formar parte del “equipo contra el cáncer”. No podemos relegarlos a un papel pasivo en la lucha frente a su enfermedad. El Sistema de Salud debe comprender y alentar su empoderamiento, de forma que puedan colaborar activamente en el proceso. Para ello debe proveerlos de un adecuado soporte psicológico, nutricional, de ejercicio físico, etc.

Los profesionales sanitarios implicados en cada caso deben actuar de forma integrada y con el único compromiso de que el paciente sea el centro de sus acciones. Los pacientes en general y los oncológicos en particular, suelen ir de “puerta en puerta”, no solo acudiendo a especialistas diferentes, sino incluso, a distintos centros hospitalarios.  Este peregrinar de los pacientes en busca de asistencia, es especialmente gravoso en los pacientes de edad avanzada que tienen muchas dificultades para desplazarse o cumplimentar de forma autónoma todos los requerimientos burocráticos.

Esta situación conlleva una de las mayores inequidades del sistema, al dificultar extraordinariamente el desarrollo de la asistencia a los pacientes que con más frecuencia sufren la enfermedad.

Es por ello que la asistencia oncológica debe ser replanteada, teniendo al paciente como centro de los esfuerzos. El paciente oncológico debe tener “una sola puerta” a la que dirigirse y deben ser los profesionales los que lo atiendan de forma coordinada, multidisciplinar e individualizada según las necesidades del enfermo y su entorno.

No podemos olvidar que la individualización del paciente oncológico no se basa exclusivamente en indicar un tratamiento basándose en las características de su

tumor, sino que es imprescindible que se tomen en cuenta las circunstancias familiares sociales y económicas de cada caso, comprendiendo y asumiendo los deseos del paciente en cuanto a su tratamiento.

A través del compromiso que los Sistemas de Salud y que los profesionales sanitarios adopten en relación al paciente oncológico como centro del sistema asistencial, podremos reducir las inequidades, que tanto afectan al paciente y a su entorno.

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