23/07/2024

Jeanette Pérez Ramos: “La experiencia de la pandemia ha creado cultura emocional”
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Hablamos con una Doctora en Psicología Clínica y gerente de CENTIS. Coméntenos, ¿cómo cree que está evolucionando la población general en lo que a salud mental se refiere? En la última década nos ha tocado vivir momentos socialmente estresantes como, por ejemplo, la crisis económica que se originó en 2008 y duró hasta 2014, la pandemia que […]

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Hablamos con una Doctora en Psicología Clínica y gerente de CENTIS. Coméntenos, ¿cómo cree que está evolucionando la población general en lo que a salud mental se refiere?

En la última década nos ha tocado vivir momentos socialmente estresantes como, por ejemplo, la crisis económica que se originó en 2008 y duró hasta 2014, la pandemia que estamos atravesando y su consecuente recesión económica, la erupción del volcán de La Palma, la guerra entre Rusia y Ucrania… A ello debemos unir los estresores habituales en la vida de cualquier persona; tales como la presión laboral, crisis sentimentales, fallecimiento de seres queridos, etc. En este sentido, nos encontramos ante una población que progresivamente ha ido aumentando su malestar emocional. Sin embargo, dependiendo de los mecanismos de autorregulación o de afrontamiento que posea cada individuo, así como de sus circunstancias ambientales (por ejemplo, contar o no con apoyos de diversa índole), dicho malestar puede ser transitorio y adaptativo a las situaciones concretas o puede instalarse de manera más crónica y patológica.

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Dentro de este contexto, algo positivo es que se ha ido normalizando expresar el sufrimiento y solicitar ayuda al médico de cabecera o a especialistas en salud mental (psicólogos y psiquiatras). Afortunadamente está disminuyendo el estigma hacia las personas que consultan a los profesionales de la salud mental. En las nuevas generaciones es tratado como un síntoma de evolución y compromiso con el autocuidado y bienestar; es vivido como algo completamente normal y necesario.

Esta actitud denota que hemos evolucionado en relación al tabú prototípico de la salud mental, pero nos queda enfrentarnos a otros muchos retos, como puede ser el aumento de profesionales y Unidades de salud mental en la atención sanitaria pública. 

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¿Cuáles son las patologías más tratadas en su consulta?

La mayoría de personas que atiendo en consulta no poseen una patología mental grave, pero sí sufren malestar psicológico limitante. Sin lugar a dudas, la gran protagonista durante las sesiones suele ser la ansiedad. Sobre todo está presente en personas altamente exigentes, perfeccionistas, controladoras; también en personas con rasgos obsesivos o con un exceso de pensamiento anticipatorio, de futuro. A estos rasgos de personalidad también hay que añadir circunstancias vitales como el estrés laboral, conflictos familiares, problemas económicos, etc. Cuando la ansiedad es leve o moderada la persona suele aprender a convivir con ella, pero igualmente le genera una merma de su calidad de vida y hasta somatizaciones. Decimos que una persona somatiza cuando su malestar emocional se proyecta en forma de síntomas físicos que no se pueden explicar desde un diagnóstico médico. Ejemplo de ello son algunas contracturas musculares, migrañas, malestar estomacal, etc. Niveles más graves de ansiedad pueden derivar incluso en ataques de pánico.

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Con la comprensión de las características personales y contextuales que motivan la ansiedad, y el enfoque psicoterapéutico apropiado para modificar las áreas susceptibles de cambio, muchas veces logramos que dicha ansiedad se diluya y, con ella, el efecto dominó patológico que suele provocar. Yo digo a mis pacientes que “muerto el perro, se acabó la rabia”. Por ejemplo, cuando una persona acude a consulta porque presenta algún tipo de fobia o miedo irracional (“la rabia”), lo primero que evaluamos son las fuentes -internas y externas- generadoras de ansiedad (“el perro”).

Junto a las personas que sufren ansiedad, también es muy frecuente asistir a personas que se sienten tristes, deprimidas, e incluso en desesperanza. De hecho, la ansiedad y la depresión conviven en muchos pacientes.

La mayoría de personas con sufrimiento emocional somos seres limitados, más que seres enfermos. Sin embargo, hay que reconocer y dar el valor necesario a los trastornos mentales, ya sean leves, moderados o graves. En el último caso es vital el trabajo conjunto de los profesionales de la psicología y la psiquiatría, ya que las personas con alteraciones mentales graves suelen requerir tratamiento psicofarmacológico y seguimiento continuo. En CENTIS contamos con un equipo multidisciplinar y podemos asistir de forma conjunta los casos que así lo requieran.

¿Prestamos más atención a nuestra salud mental tras haber sufrido una pandemia mundial?

Absolutamente, sí. La experiencia de la pandemia ha creado cultura emocional. Durante el confinamiento, más allá de asustarnos y angustiarnos, hicimos una parada forzosa que nos ayudó a tomar conciencia de diversos asuntos y a programar cambios. En esa parada, donde dejamos transitoriamente de avanzar por inercia y por piloto automático, tuvimos la oportunidad de observar lo que nos rodeaba y de observarnos/escucharnos. Fruto de la ganancia de atención plena en el presente, nos dimos cuenta de muchas cosas y surgieron multitud de crisis vitales.

Yo hice teleasistencia durante el confinamiento y recuerdo las crisis derivadas del “darse cuenta” de mis pacientes: en relación al trabajo, la familia o la pareja, el lugar de residencia, el autocuidado, etc. Creo que la conciencia ganada en ese periodo nos ha ayudado a comprometernos más y mejor con nuestro bienestar físico y mental en presente.

Aparte de esto, muchas personas tuvieron su primera experiencia con un psicólogo y/o con un psiquiatra durante la pandemia. La incertidumbre del momento, el miedo a enfermar, el duelo por la muerte de personas allegadas…, hizo que psicológicamente nos sintiéramos muy vulnerables y comenzó a ser natural hablar sobre cómo nos sentíamos. Creo que el contexto vivido “dio permiso” a muchas personas para expresar sus emociones o recibir más atentamente y sin juicio las de los demás.

Asimismo, ¿cómo influyen las redes sociales en nuestra salud mental?

Aunque creo que basta con observar en nosotros o en personas próximas, cómo nos hace sentir un uso abusivo de redes sociales, ya existen diversos estudios que confirman las alteraciones emocionales. En personas con un consumo excesivo o, incluso, con adicción a las plataformas de redes sociales se ha demostrado un aumento de ansiedad, depresión, alteraciones del sueño, distorsión de la imagen propia, disminución de autoestima, miedo a ser ignorado o sensación de no existir si no se tiene presencia en redes continuamente. Esto sobre todo se ha observado en población juvenil, a quién ya se le acuña como “nativos digitales”. Uno de los problemas de las redes sociales es que en muchas ocasiones muestran realidades de vida manipuladas (estados de continua felicidad, estilos de vida lúdicos de forma permanente, imágenes alteradas por filtros que muestran una belleza irreal, etc.). Si no poseemos la madurez suficiente para aplicar una mirada crítica ante la información presentada, así como si no somos capaces de regular el tiempo destinado al consumo de estas redes, creo que cualquier persona, independientemente de la edad, podría llegar a experimentar emociones desagradables y desestabilizarse. Otra problemática añadida es el ciberbullying o acoso cibernético, que tristemente cada vez es más frecuente.

Sin embargo, para ser justos, también debemos citar los beneficios del buen uso de las redes sociales, tales como facilitar una comunicación o expresión positiva, o dar a conocer recursos de interés. En conclusión, como casi todo en la vida, lo útil es la moderación.

Para concluir, ¿cuál es la mayor satisfacción que le aporta su trabajo?

Mi mayor satisfacción reside en que las personas que me consultan alivien su sufrimiento. También siento gratitud por el aprendizaje que recibo cada día. Mis pacientes me ayudan a crecer. Es muy enriquecedor relacionarme con personas tan diversas: por personalidad, creencias, profesiones, pasiones, fortalezas y carencias… Y no puedo dejar de mencionar el cariño que muchas veces recibo. Honestamente, me siento muy afortunada de poder desempeñarme como psicóloga en CENTIS, así como de compartir con el gran equipo humano y profesional que lo componen: auxiliares, otros psicólogos, psiquiatras y endocrino. Todos nosotros estamos muy comprometidos con la salud mental en las islas, ya que atendemos a pacientes de casi todo el Archipiélago.

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