Durante años el sector turístico ha medido su éxito por el número de visitantes. ¿Cree que Canarias ha llegado a un punto en el que debe empezar a medirlo de otra manera?
El número de visitantes ha sido tradicionalmente uno de los indicadores del éxito de nuestra imagen como destino turístico y del interés que despertamos en la demanda. Sin embargo, existen otros datos aún más relevantes, como el gasto que realiza el visitante, tanto en origen para disfrutar de sus vacaciones en Tenerife como durante su estancia en el destino.
También se analizan indicadores como el número de pernoctaciones o el gasto medio por estancia, que ayudan a interpretar mejor ese dato bruto de visitantes y a valorar el impacto real de la actividad turística.
El objetivo final es que el turismo genere riqueza. Para ello, es fundamental que el número de visitantes no suponga una presión excesiva sobre los recursos de la isla ni vaya en detrimento de la calidad de vida de quienes la habitan, sino que contribuya a mejorarla y a construir un futuro más sostenible para las próximas generaciones.
Cada vez hay más viajeros que buscan experiencias específicas y no simplemente un alojamiento. ¿Cómo ha evolucionado la propuesta de Landmar para adaptarse a ese nuevo perfil de cliente?
Desde la creación de la marca, en Landmar tuvimos claro que nuestro propósito debía ir más allá de ofrecer alojamiento. Queríamos crear experiencias capaces de generar recuerdos, conexiones emocionales y una relación duradera con nuestros huéspedes. Por ello, apostamos por la creación de un departamento específico de Experiencias, diseñado para enriquecer cada estancia y acompañar al cliente en el descubrimiento del destino.
Creemos que vivir Tenerife de forma auténtica es una de las claves para la fidelización. Por eso trabajamos para ofrecer propuestas innovadoras tanto dentro como fuera de nuestros hoteles, acercando a quienes nos visitan a la cultura local, las tradiciones, la gastronomía y la esencia de la isla.
No vendemos únicamente una estancia; facilitamos una forma de descubrir Tenerife y conectar con el destino de una manera más auténtica y enriquecedora.
Landmar Costa Los Gigantes se ha consolidado como uno de los referentes para el turismo familiar en Canarias. ¿Qué importancia tiene este segmento dentro de la estrategia de la compañía y cómo ha cambiado en los últimos años?
Por sus características de amplios espacios para el entretenimiento tanto en piscinas y animación como en la parte deportiva, en Landmar Costa los Gigantes siempre hemos tenido clara nuestra vocación por el servicio a las familias, siendo en este hotel nuestro target más destacado y donde todo está pensado para cubrir sus necesidades en vacaciones.
Aunque pasen los años, el público familiar no ha cambiado tanto, y eso nos ha permitido convertirnos en expertos en ese segmento: vienen a pasar tiempo en familia y a disfrutar de todo lo que el hotel y el destino puede darles. Al final, las vacaciones son días que nos regalamos con los nuestros y las memorias que se generan en ellas perduran para siempre. Tenemos que cuidarlas.
La sostenibilidad ha pasado de ser un elemento diferenciador para convertirse prácticamente en una exigencia. ¿Dónde cree que está hoy la verdadera diferencia entre una estrategia sostenible real y una que se queda únicamente en el discurso?
Es vital que toda la organización comprenda los efectos beneficiosos de aplicar la sostenibilidad en los procesos empresariales para que sea una realidad y no solo un sello en la entrada del hotel o en la web.
Además, desde la propiedad, es importante incluir los recursos económicos necesarios para que los cambios en las infraestructuras o las inversiones en materiales puedan hacer realidad la aplicación de la sostenibilidad.
Solo esto hace que la apuesta por la sostenibilidad sea real: un compromiso firme por parte de la dirección y la operativa.
Uno de los grandes desafíos del turismo en Canarias es la captación y retención de talento. ¿Qué les está diciendo hoy el mercado laboral y qué buscan los profesionales que hace diez años no demandaban?
El mercado laboral ha evolucionado mucho en la última década. En hostelería, además de la estabilidad y el salario, los profesionales valoran cada vez más el desarrollo, la conciliación y la posibilidad de crecer dentro de proyectos con sentido.
Para las empresas, esto supone un reto en un entorno turístico cambiante que exige perfiles adaptables, colaborativos y con capacidad de aprendizaje continuo.
En Landmar hemos comprobado que las personas quieren formar parte de organizaciones que confíen en ellas y les permitan crecer. Por eso hemos apostado por desarrollar el talento desde dentro a través de Landmar Academy, formando y acompañando a nuestros equipos en su evolución profesional.
Este enfoque nos permite crear un entorno de crecimiento tanto profesional como personal, y ha contribuido a reconocimientos como el sello Great Place to Work, Best Workplaces España 2026 y el Premio a la Excelencia de Recursos Humanos de Canarias.
Creemos que la mejor forma de fidelizar a nuestros huéspedes es fidelizando primero a quienes forman parte de nuestro equipo.
Tenerife compite con destinos de todo el mundo, no solo con otros territorios españoles. ¿Cuáles son las fortalezas que mejor estamos aprovechando y cuáles siguen estando infrautilizadas?
Somos un territorio de la Unión Europea con un clima excepcional durante todo el año, una conectividad consolidada con los principales mercados emisores y un entorno seguro. Son fortalezas muy importantes y, en general, creo que hemos sabido construir una oferta turística sólida apoyándonos en ellas.
Más que hablar de atributos infrautilizados, el reto está en cómo gestionamos esos recursos y cómo seguimos evolucionando el modelo turístico. Tenerife cuenta con una gran diversidad natural, cultural y gastronómica, pero el objetivo no debería ser atraer necesariamente a más visitantes, sino generar mayor valor para el territorio, para quienes viven en él y para quienes lo visitan.
La oportunidad está en seguir apostando por un turismo de calidad, sostenible y con una distribución equilibrada de la actividad turística, de manera que el desarrollo económico sea compatible con la conservación del entorno y el bienestar de la población local. Ese equilibrio es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante.
Si tuviera que señalar una decisión que Canarias debería tomar en esta década para garantizar el liderazgo turístico de las Islas dentro de veinte años, ¿cuál sería?
Si tuviera que señalar una prioridad para esta década, diría que debemos asegurar que el éxito turístico se traduzca en una mejora real de la calidad de vida de las personas. No se trata de vender más, sino de vender mejor. El liderazgo de un destino no puede medirse solo por el número de visitantes, sino también por su capacidad para generar bienestar, oportunidades y desarrollo sostenible para su población.
Esto requiere inversión en infraestructuras, movilidad, conectividad y servicios públicos que permitan gestionar adecuadamente la actividad turística. También implica garantizar que las empresas puedan atraer y retener talento, y que existan oportunidades de crecimiento profesional en el sector.
Si dentro de veinte años conseguimos que Canarias siga siendo un destino atractivo para los visitantes y, al mismo tiempo, un lugar donde las personas quieran vivir, trabajar y desarrollar su proyecto de vida, habremos tomado la decisión correcta.











