14/07/2024

Reducción de jornada y productividad
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Ya se habrán enterado de la última polémica económica surgida en las últimas semanas, a colación de la intención del Gobierno de España de reducir la jornada laboral en el hipotético caso de que la coalición de Gobierno progresista consiga sacar adelante la investidura…pero esta es otra cuestión.

Sobre esto hay opiniones de todo tipo, pero evidentemente a la mayoría asalariada de este país, la medida le gusta y le parece conveniente y deseable, otra cosa es la opinión del empresariado, que como es normal la ven con recelo y como un problema más a enfrentar a la hora de mantener o aumentar la productividad, eficiencia y por ende su competitividad y supervivencia.

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Y de verdad creo que sobre estas dos visiones pivota el antagonismo en esta cuestión entre los actores que están participando de la polémica suscitada por este tema tan trascendente para las vidas de todos, y es que unos lo están viendo bajo la lógica del tiempo libre y la conciliación entre vida laboral y familiar y otros bajo la perspectiva de la productividad y su impacto en otras muchas importantísimas cuestiones, pero pueda deducirse de esto que el problema como casi siempre es que ambos tienen razón y ambos tienen sus razones para analizarlo bajo sus respectivos prismas.

Si lo vemos de una manera simplista, se puede tomar partido por una u otra postura sin ambages, pero si empezamos a introducir factores que podrían influir en la consecución exitosa de los objetivos de ambas partes, o al menos en parte de ellos, ya no resulta tan sencillo adherirse a una u otra visión de la cuestión. Y podríamos decir por ello, reducción progresiva de la jornada laboral semanal, podría ser, pero no sin aumento de la productividad e incluso un plan para aumentarla, ya que en esto tenemos mucho que recorrer y muchísimo margen de mejora.

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Para empezar, España trabaja más horas de media semanal que los países más productivos de la UE y tiene al mismo tiempo unos resultados de productividad inferiores a ellos, por lo que debemos hacer un análisis del porqué y que estamos haciendo mal, y para argumentarlo con propiedad demos algunos datos: Finlandia trabaja de media 38,7 horas semanales con un índice de productividad del 105,2%, Países Bajos 39,4 horas de media semanal y una productividad del 108%, Noruega trabaja de media 39,7 con una productividad asociada del 106,7% y para que veamos que hay países que lo hacen mejor que Alemania, el dato de los germanos es de 40,4 horas de media semanal trabajadas, teniendo una productividad del 102,1%.

Pues bien, nosotros en España, trabajamos unas 40,4 horas semanales pero nuestra productividad media es del 94,6%, con lo que con estos números ya podemos hacernos una idea de cómo de atrás estamos en lo que a productividad se refiere en relación a otros países de la UE. Y precisamente aquí se encuentra el que para muchos expertos económicos es la traba principal para una reducción de la jornada laboral según la ha planteado el gobierno en funciones para el conjunto de la economía de nuestro país.

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De ahí que de manera particular creo que es aconsejable y sensato decir que o bien, reducción de la jornada semanal de entrada no, o, si hacemos los deberes entre todos, reducción de la jornada semanal de entrada sí. Que quiero decir con esto, pues que se podría reducir la jornada media si en el acuerdo al que llegasen los agentes sociales, previo a la redacción de la norma que legislase este tema, se reflejasen unas determinadas cifras a las que fuera obligatorio llegar de manera sectorial y en unos determinados tiempos, para que así fuera reduciéndose el tiempo de trabajo al mismo tiempo que la productividad sube y por ende la eficacia, el crecimiento y la competitividad del país.

Si bien, está claro que en el acuerdo entre todas la partes tendrían que estar bien definidos los objetivos y los indicadores a cumplir para esas bajadas progresivas de las horas trabajadas según cada sector, no es menos verdad que la intangibilidad de algunos factores implicados en la buena marcha y aumento de la productividad, hacen que haya que llegar al máximo detalle en la implantación de estas medidas en las empresas, pues aunque ya sepamos que la tecnología, la formación y los sistemas de gestión utilizados – esto es, de qué forma y con que procesos generamos esos bienes y servicios- son los más tangibles y medibles de los factores implicados en los aumentos de productividad, tenemos que tener en cuenta que por ejemplo el liderazgo y la gestión, los incentivos o el espacio de trabajo en las empresas, son entre otras más, cuestiones a tener en cuenta a la hora de mejorar la productividad de nuestra economía.

Una vez dicho todo esto, lo que sería deseable y más razonable por el bien del consenso y la paz social, emanada de un buen acuerdo entre patronal y sindicatos, debería ser que no se redujesen las horas trabajadas hasta que no se consiguiesen unos determinados niveles de productividad, implicando así a los empresarios a implementar en sus empresas los recursos necesarios en aras de obtener esos aumentos productivos a cambio de reducciones de horas trabajadas, siempre que esos niveles se mantuvieran en el tiempo, y comprometiéndose por otro lado los trabajadores a formarse y maximizar el tiempo de trabajo efectivo para conseguir la consecución de ambas metas, aumentos de productividad y disminución de las horas trabajadas.

Que excusas como que el tejido productivo español, con un gran número de pequeñas empresas o que el elevado peso que tiene el sector servicios en nuestra economía no sean un lastre para aspirar a igualarnos a nuestros vecinos europeos, podemos crear más y mejor en menos tiempo, podemos ser mejores y hagámoslo realidad, y los detalles ya, que los explique el Gobierno…si consigue salir adelante.

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