Tras recibir el Premio a la Innovación, un reconocimiento que pone en valor la apuesta por soluciones sostenibles dentro del sector, ¿cómo ha impactado este reconocimiento en la proyección y crecimiento de Compost Majorero?
La verdad es que impacto económico no ha habido, pero si un impacto de reconocimiento social e incluso de agradecimiento por la labor que hacernos, que también se agradece para seguir trabajando con ganas.
Los factores han sido fundamentalmente el trabajo y la constancia con el objetivo de convertir nuestros residuos en materia prima y transformarlos en un fertilizante de la más alta calidad para nuestros agricultores.
La presentación del compost líquido, descrito como un “turbo” para los cultivos, supone un avance significativo en la mejora del rendimiento agrícola. ¿Cómo está cambiando la forma en la que los agricultores optimizan sus cultivos?
El compost majorero líquido, ha sido el resultado de muchos ensayos, buscando la forma de que los agricultores pudieran aplicar en riego la tecnología que aporta el compost majorero sólido en el suelo, para lograr los mejores resultados y minimizar los costes de fertilizantes, sobre todo ahora con la guerra y la subida de los abonos químicos. El compost majorero sirve como un sustituto o amortiguador para bajar la factura de los abonos a los agricultores y mejorar sus resultados.
Convertirse en un referente en gestión de residuos y economía circular no es un proceso inmediato, sino el resultado de una estrategia sostenida en el tiempo. ¿Qué decisiones clave han permitido a Compost Majorero posicionarse como modelo en este ámbito?
La decisión más importante fue tener muy claro desde el minuto uno a donde queríamos llegar y que es donde estamos hoy, siendo los únicos en Canarias que producimos para todas las islas y tejiendo una red logística por todas las islas, incluyendo ya la península también.
Los retos han sido muchísimos, desde el aprovechamiento y optimización de la materia prima, la industrialización continua siempre subiendo escalones, enfrentándonos a nuevos retos que nos hacen cambiar la forma de trabajar continuamente para mantener la cantidad y calidad, la comercialización por todas las islas trabajando con mayoristas, minoristas, agricultores, cooperativas, etc…, que haya un respeto y equilibrio en toda la cadena, la logística para llegar a todas las islas, con lo que significa eso en Canarias manejando una carga pesada y de volumen como es la nuestra. Sin ninguna duda ha sido todo un máster en gestión y competitividad.
Todo esto compitiendo con grandes marcas instaladas en Canarias hace décadas.
La sostenibilidad es cada vez más relevante, ¿cómo está evolucionando el sector del compostaje y qué oportunidades presenta para transformar los residuos orgánicos en recursos económicamente viables?
La evolución desde que empecé en 2014 ha sido bastante lenta. Es verdad que se oye más hablar del compostaje y de cómo solucionar el problema de gestionar los residuos orgánicos, pero la verdad es que administrativamente va muy a remolque de sanciones e imposiciones de la UE. La solución no está en un tipo de producto ni un tipo de industria, la solución viene cuando cada persona pueda ser un gestor de residuos si lo desea, de hacer más fácil el acceso y la gestión de los mismos sin tanta burocracia y tecnicismos que son realmente ridículos e impiden que un agricultor o ganadero sea gestor de residuos, o alguien que recoja las fregaduras de la hostelería para alimento de animales. Hay que empezar por lo sencillo, por lo cotidiano para que sean muchas las manos que ayudan a gestionar y ya luego se pueden ir incorporando los grandes proyectos que aparezcan. Y no el compost solo no va a arreglar ese problema. Lo arreglamos entre todos.
La gestión de residuos orgánicos de origen vegetal y animal implica importantes desafíos técnicos y logísticos. ¿Cuáles son los principales retos en este proceso y cómo se garantiza la calidad y homogeneidad del compost final?
Los retos son convertir residuos en materias primas y transformar estas en fertilizantes que estén a la altura de las exigencias de los agricultores, tanto en calidad como en precio. Para controlar la calidad es fundamental un seguimiento absoluto del proceso de principio a fin y saber escalar técnicamente con el producto. A medida que creces en demanda también surgen problemas y hay que buscar continuamente soluciones. Muchas veces parece que llegas a un callejón sin salida, pero siempre hay una puerta si la buscas. Yo empecé vendiendo el compost a 11 € la tonelada, y casi me lo compraban más por pena que por ganas de probarlo. Hoy lo vendo a 380 € la tonelada y muchas veces la demanda nos ha superado. Ese camino de 11 a 380 € ha sido como subir el Everest sin guía.
Compost Majorero trabaja con diferentes fuentes de residuos y las transforma en un producto de alto rendimiento. ¿Cómo se consigue equilibrar la eficiencia productiva con el compromiso medioambiental sin aumentar los costes para el agricultor?
En mi caso tuve claro desde el primer minuto que necesitaba hacer un proceso industrial si quería llegar a donde estamos. Empezamos haciendo las pilas de compost a mano, y la primera criba fue la puerta de un gallinero. Al principio lo que se vendía no daba para cubrir los gastos; éramos un departamento de residuos del grupo empresarial. No podía pedir inversiones porque no había beneficios, así que reciclamos máquinas y desarrollamos inventos que nos hicieran más productivos sin gastar mucho. Esto nos permitió expandirnos por Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y La Palma. No había gran demanda, pero abríamos clientes y quienes probaban repetían. Durante años nos fuimos posicionando y dándonos a conocer. Con la guerra de Ucrania llegó una avalancha: la subida de los abonos químicos hizo que los agricultores buscaran alternativas, y los primeros fuimos nosotros. Esto nos llevó a invertir más de 1 millón de € para renovar la planta, mantener la calidad y ofrecer un precio competitivo. No hay ningún producto orgánico en el mercado con tantas ventajas como el compost majorero, y mucho menos al precio que conseguimos ofrecer.
En un mercado agrícola cada vez más competitivo, ¿cómo se logra que un producto ecológico no solo sea sostenible, sino también rentable?
Pues al final todo pasa por lo mismo, estar industrializado para cumplir con las expectativas de gasto de los agricultores. En el caso del ecológico y el convencional también es lo mismo. Hay que aprovechar todos aquellos recursos orgánicos que se tenga a disposición y mimarlos mejor que si fuesen para nuestra propia huerta.
Además, ¿tienen en mente algún nuevo proyecto para este año 2026?
Siempre hay que estar pensando en el siguiente paso, ya sea para mejorar procesos o crear nuevos productos que atiendan la demanda de nuestros clientes. Este año queremos lanzar nuestra propia línea de sustratos para macetas. Además, hemos entrado en el registro de fertilizantes europeo, lo que nos permitirá llevar todos nuestros formatos a ferias internacionales y expandirnos fuera. Por otra parte, queremos crecer en el sector del plátano, que hoy ocupa un porcentaje menor en nuestras ventas, aunque es el principal sector de Canarias. Queremos seguir creciendo, haciendo las cosas bien, sin perder nuestra identidad y manteniendo que compost majorero siga siendo para los agricultores una garantía de éxito en sus cosechas.









