11/05/2026

Pizza Bites, un espacio para emprender
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AGONEY MELIÁN. CEO DE VALTIA FORMACIÓN

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Hace unos días volví a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y salí de allí con algo que no siempre es fácil encontrar, esperanza de la buena. No esperanza ingenua, no optimismo de cartel bonito, no esa frase vacía que se repite para quedar bien y que luego no sirve para nada. Hablo de esa esperanza seria, la que nace cuando uno mira a los ojos a la gente joven y descubre que, a pesar de todo, siguen teniendo ganas. Ganas de crear, ganas de intentarlo, ganas de preguntar, ganas de moverse y ganas, incluso, de creer que su tierra también puede ser un lugar desde el que construir futuro.

Fui invitado a participar en Pizza Bites, una iniciativa impulsada por Start ULPGC, el servicio de emprendimiento universitario promovido a través de la Fundación Parque Científico Tecnológico de la ULPGC. La primera sesión, titulada “Prepárate para triunfar”, se celebró el 26 de marzo en el espacio Pósit de la Biblioteca Central del Campus de Tafira y planteaba algo tan sencillo como necesario, mezclar aprendizaje, networking, conversación y cercanía para acompañar a estudiantes y egresados en sus primeros pasos dentro del emprendimiento.

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Y qué importante es, a veces, que las cosas sean así de sencillas. Porque llevamos demasiado tiempo complicándolo todo. Demasiado tiempo diciéndole a la juventud que el camino está mal, que el mundo está peor, que emprender es dificilísimo, que tener una idea no basta, que intentarlo da miedo, que lo prudente es esperar, que mejor no venirse arriba, que mejor no hacerse ilusiones. Y sin darnos cuenta, entre consejo y consejo, entre advertencia y advertencia, hemos ido educando a demasiada gente en una especie de resignación elegante. Como si crecer consistiera en apagar la luz antes de tiempo.

Pero uno llega a un espacio como Pizza Bites y recuerda algo importante, que la juventud no está rota. Está cansada a veces, sí. Está presionada, claro. Está viviendo un tiempo complejo, con precios imposibles, incertidumbres que duran demasiado y un contexto que muchas veces parece diseñado para quitar fuerzas antes de empezar. Pero no está vacía. No está vencida. No está desconectada. Lo que vi allí fue una juventud viva, despierta, interesada, con hambre de herramientas, con ganas de escuchar y de decir, con una energía que no necesita sermones, sino acompañamiento.

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Yo repito mucho que tengo un amor de mi vida y que ese amor se llama Islas Canarias. Y no lo digo como una frase hecha. Lo digo porque de verdad siento que buena parte de lo que he hecho en mi vida, de las horas entregadas, de los esfuerzos que no siempre se explican desde una lógica estrictamente económica, tiene que ver con eso, con amor profundo por esta tierra. Con la necesidad de devolverle una parte de lo que me ha dado. A veces ese trabajo no se paga en dinero. A veces sí, como en este caso. Pero incluso cuando se paga, hay una parte de uno que sabe que está allí por algo más grande. Porque cree en su gente. Porque cree en sus islas. Porque cree que todavía merece la pena dedicar tiempo, energía y cariño a empujar conversaciones que ayuden a que aquí pasen cosas.

Por eso fue tan especial salir de allí con ilusión renovada. Porque no fui solamente a compartir una reflexión o a participar en un evento. Fui, sin saberlo, a recordar por qué sigo creyendo tanto en Canarias. Y la respuesta me la dio esa sala, esa atmósfera y, sobre todo, esa generación que muchas veces recibe más juicios que oportunidades. Tenemos una juventud a la que le hemos explicado demasiado bien el miedo y demasiado poco la posibilidad. Le hemos enseñado a calcular, a contenerse, a protegerse, pero no siempre le hemos sabido transmitir que también se puede. Que claro que hay riesgos, que claro que el camino no es cómodo, que claro que no todo sale a la primera, pero que aun así merece la pena intentarlo.

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Y además conviene decir algo que a veces olvidamos en medio del ruido. En Canarias sí hay ganas. El informe GEM Canarias 2023- 2024 refleja un aumento de la intención emprendedora hasta el 12,6 por ciento y sitúa a las islas en una senda de recuperación del pulso emprendedor, aunque siga existiendo margen de mejora en la actividad consolidada. No es una fantasía, ni un relato inventado para animarnos. Hay deseo, hay talento y hay movimiento. Lo que hace falta es convertir ese impulso en ecosistema, en confianza, en espacios, en referentes y en estructuras que no se dediquen a poner obstáculos desde el minuto uno.

Ahí es donde proyectos como Pizza Bites tienen un valor enorme. Porque no son solo una actividad más en el calendario. Son una manera de decirle a la gente joven que su inquietud importa. Que su idea merece una mesa. Que su duda merece una respuesta. Que sus ganas de emprender no son una extravagancia, sino una posibilidad real. Que la universidad no tiene por qué ser solamente un lugar donde obtener un título, sino también un espacio donde empezar a imaginar una vida, una empresa, una aportación y una forma propia de estar en el mundo.

Yo, sinceramente, creo que a la juventud canaria hay que quitarle palos. Ya bastante pesa todo lo demás. Hay que dejar de mirarles con ese tono cansado de quien ya no espera nada. Hay que hablarles con exigencia, sí, pero también con respeto. Con verdad, pero también con aliento. Con realismo, pero sin matarles la épica. Porque una sociedad que pierde la capacidad de entusiasmar a sus jóvenes con la posibilidad de construir algo aquí, en su propia tierra, es una sociedad que empieza a desertar de sí misma.

También fue muy bonito encontrarme allí con Néstor Santiago. Hay personas con las que uno conecta rápido porque transmiten fuerza, claridad y esa sensación de que están en movimiento, no por postureo, sino por convicción. Fue una alegría compartir ese rato con él, verlo en ese contexto y sentir que hay gente con garra preparándose para dar pasos importantes en Canarias. Me contó un secreto que no me corresponde desvelar todavía, pero sí puedo decir que, cuando se haga público en las próximas semanas, a muchos nos va a alegrar. Porque hacen falta perfiles así, personas con empuje, con ambición bien entendida y con la valentía suficiente para comprometerse con aventuras colectivas que sumen de verdad.

Volví de mi tierra natal con una certeza preciosa, ahora sí se puede. No porque sea fácil, sino porque hay gente dispuesta. No porque todo esté resuelto, sino porque todavía quedan ganas. No porque el contexto sea perfecto, sino porque el futuro nunca empieza cuando todo está ordenado, empieza cuando alguien, aun con dudas, decide moverse.

Y esa es, quizá, la llamada que me gustaría dejar aquí. A la juventud, que no se rinda antes de tiempo. Que no compre del todo ese mantra triste de que ya no merece la pena intentarlo. Que se forme, que pregunte, que se junte, que se equivoque, que pruebe, que vuelva a empezar y que entienda que emprender no siempre es montar una empresa, a veces también es atreverse a imaginar una vida distinta. A las instituciones, que sigan creando espacios así, menos rígidos, menos lejanos, más humanos. Y a los adultos, que dejemos de educar desdela derrota. Que acompañemos más. Que cortemos menos alas. Que demos menos miedo y más horizonte.

Porque sí, Canarias necesita inversión, estrategia, oportunidades y visión. Pero también necesita algo más simple y más profundo, necesita creer un poco más en su gente joven. Necesita mirarla no como un problema que gestionar, sino como una posibilidad que cuidar. Y cuando uno sale de un lugar como Pizza Bites habiendo visto lo que yo vi, lo tiene aún más claro. Aquí hay talento. Aquí hay ilusión. Aquí hay futuro. Lo que toca ahora es no apagárselo.

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