Hace ya bastante tiempo que no asistía a grandes ferias y eventos tecnológicos y quizás por eso tenía muchas ganas de ir este año al Mobile World Capital en Barcelona. Tres días muy intensos que dieron para mucho y que sirvieron para conocer de cerca las tendencias de un sector que está llamado a jugar un papel crítico en una sociedad cada vez más digitalizada.
El resumen de la visita es sencillo: el MWC2026 simplemente fue inabarcable, pero al margen de la infinidad de stands, fabricantes, profesionales, charlas técnicas… lo cierto es que el MWC2026, sobre todo, fue chino.
Los fabricantes chinos sacaron músculo y barrieron de la escena al resto de marcas que, en la mayoría de los casos, pasaron por la Ciudad Condal sin pena ni gloria.
Ya de vuelta a casa y con una mirada mucho más reflexiva lejos del bullicio y del efecto wow siempre inevitable en este tipo de ferias, es cuando surgen algunas ideas y algunas sensaciones que son con las que realmente te acabas quedando. Aquí van algunas de ellas.
Nos puede gustar más o nos puede gustar menos, pero la realidad es que ahora mismo China va cinco o seis años por delante en esta carrera tecnológica. Pero no solo eso, el avance que la tecnología china ha experimentado en el último año ha sido espectacular sobre todo en el campo de la robótica y los humanoides.
Seguro que todos tenemos aún en la retina las increíbles acrobacias de artes marciales de los robots humanoides de la reciente celebración del Año Nuevo Chino. Realmente espectacular. A la vista de lo vivido en Barcelona, lo que está claro es que China lleva unos cuantos años tomándose el MWC muy en serio: el mejor pabellón, el más grande, el mejor situado, el mayor despliegue de profesionales, las mejores presentaciones técnicas, la mayor inversión… y, todo ello, cuidando al máximo hasta el último detalle.
Por otro lado, también quedó claro que los grandes fabricantes estadounidenses no están por la labor de apostar por el MWC lo que, con el tiempo. es muy probable que acaben pagando caro. No deja de sorprender la presencia minúscula y casi ridícula en la feria de Google o Microsoft, por citar algún ejemplo.
Decepcionante el despliegue que ambas empresas hicieron de Gemini y Copilot, respectivamente. Una enorme oportunidad perdida para mostrar las tecnologías que están llamadas a marcar el futuro de estos fabricantes históricos.
Pero no nos engañemos, este liderazgo chino no es casualidad y detrás de esta posición dominante de sus grandes tecnológicas se esconde una estrategia forjada a fuego lento y diseñada para ser ejecutada en el largo plazo y es, ahora, cuando ha empezado a dar sus primeros frutos relevantes.
Sin embargo, el mayor reto al que se enfrenta China no es el tecnológico que, como dejó bien claro, ya tiene ganado, sino el reto cultural. Los fabricantes chinos tendrán que hacer un esfuerzo mucho mayor si quieren vencer el recelo y la desconfianza que va más allá de la frialdad de los Unos y Ceros y que, en este caso, viene de la mano de la geopolítica.
El éxito del proceso de inculturización de las grandes tecnológicas chinas marcará el grado y la velocidad de penetración en el mercado europeo y por qué no, también en el americano. Pero, desde luego, no quepa ninguna duda que tarde o temprano lo conseguirán. Solo es cuestión de esperar a que den con la tecla correcta.
Por otro lado, tampoco podemos obviar que vivimos tiempos muy convulsos en los que los riesgos geopolíticos, históricamente muy polarizados y estables, están cambiando de una manera frenética y errática con lo que resulta casi imposible predecir cuál va a ser el siguiente movimiento y cómo nos afectará.
Es muy probable que estas variaciones en el orden mundial favorezcan el acercamiento y el despliegue de la tecnología china en Europa y cuando eso suceda tendremos hegemonía asiática por años.
Todo apunta a que los astros se están alineando para que esto así suceda: una tecnología que va por delante y un escenario geopolítico que invita a dirigir la mirada hacia China. Pero cuidado, porque lo que hoy nos puede parecer muy evidente quizás no lo sea tanto porque ya se sabe que la política y la economía hace extraños compañeros de cama. Conviene estar atentos para que la próxima jugada no nos pille fuera de juego.










