Tras la erupción volcánica, La Palma se vio obligada a replantear por completo su modelo de movilidad, con importantes afecciones en la red viaria y en la conectividad de zonas como Puerto Naos, La Bombilla o El Remo. En este contexto, ¿cómo ha transformado esta situación la forma de entender la movilidad en la isla?
La Palma se ha visto obligada a repensar su modelo de movilidad de manera integral tras la erupción volcánica. Muchas líneas regulares quedaron inicialmente aisladas, especialmente en zonas costeras y residenciales como Puerto Naos, La Bombilla o El Remo, lo que generó serias dificultades de conectividad para los vecinos.
La recuperación ha requerido tanto nuevas infraestructuras como una coordinación constante entre administraciones. En este proceso se han habilitado vías clave que han permitido reactivar la actividad agrícola y mejorar el acceso a distintas zonas afectadas. Entre los proyectos más relevantes destaca la nueva carretera LP-213, que conecta La Laguna con Las Norias y da servicio a varios caminos vecinales, favoreciendo la conexión entre barrios costeros y el municipio de Los Llanos de Aridane.
Asimismo, continúan las actuaciones en la LP-2 para mejorar la conexión de núcleos más aislados, como Las Manchas, junto con la implantación de soluciones de transporte a demanda en aquellas áreas donde el servicio regular no resulta viable. En definitiva, la catástrofe ha obligado a rediseñar la movilidad desde criterios más flexibles y adaptados a la nueva realidad territorial de la isla.
En este nuevo escenario, la conectividad no solo es interna, sino también externa. ¿Qué retos siguen existiendo en la conexión marítima y aérea de La Palma y cómo se están abordando desde el Cabildo?
La conectividad exterior sigue siendo un aspecto clave para La Palma. En el ámbito marítimo, el mandato ha estado marcado por dificultades operativas que, en algunos momentos, han llegado a comprometer el abastecimiento y el funcionamiento normal de la isla. Aunque se han resuelto incidencias puntuales, todavía es necesario consolidar un sistema más estable y menos vulnerable a averías o interrupciones técnicas.
En la actualidad, la operativa ha mejorado respecto a 2023, pero aún existe margen de mejora para garantizar una conexión sólida que permita el crecimiento económico y una respuesta eficiente al transporte de mercancías, paquetería y servicios esenciales.
En cuanto a la conectividad aérea, la situación ha evolucionado de forma más favorable, con un refuerzo de las conexiones con Tenerife, el resto del archipiélago y Madrid, facilitando tanto la movilidad de los residentes como la llegada de visitantes. Además, la ampliación de horarios en el aeropuerto ha contribuido a reducir desplazamientos obligados fuera de la isla por motivos laborales o sanitarios, lo que repercute positivamente en la economía local y en la calidad de vida de los palmeros.
En el ámbito del transporte público insular, ¿cuáles son los principales retos para mejorar la eficiencia, la frecuencia y la accesibilidad en una isla con una orografía tan compleja como La Palma?
La Palma presenta una realidad especialmente compleja debido a su orografía, probablemente la más abrupta del archipiélago, con carreteras sinuosas, zonas de montaña y trayectos exigentes que condicionan directamente la planificación del transporte público.
Aun así, la isla mantiene buenos niveles de cobertura y frecuencia, y en este mandato se han introducido mejoras significativas en distintos servicios. El objetivo actual es seguir reforzando especialmente las zonas rurales, donde aún existen carencias en frecuencia, accesibilidad y calidad del servicio.
Uno de los principales retos está relacionado con la financiación del sistema de gratuidad del transporte público. Aunque se trata de una medida muy positiva desde el punto de vista social, económico y ambiental, las aportaciones estatales no cubren el incremento real de la demanda, lo que obliga a los cabildos a asumir una parte importante del coste.
Esta situación limita la capacidad de inversión en infraestructuras, renovación de flota, mejora de líneas y adecuación de paradas, aunque se continúa realizando un esfuerzo importante para mantener y modernizar el servicio en una isla que aún se encuentra en proceso de recuperación tras la erupción volcánica.
En este contexto, la movilidad sostenible se ha convertido en una prioridad. ¿Qué medidas concretas se están impulsando en La Palma para reducir la dependencia del vehículo privado?
La principal apuesta ha sido la implantación de la gratuidad del transporte público, financiada en gran parte por el Cabildo de La Palma, lo que ha contribuido a incrementar de forma notable el uso del transporte colectivo frente al vehículo privado.
A ello se suman políticas orientadas a fomentar el uso de guaguas en grandes eventos y desplazamientos masivos, como la Bajada de la Virgen o el Festival del Indiano, priorizando siempre soluciones de transporte compartido.
También se ha avanzado en la modernización de la flota, con la incorporación de vehículos híbridos y eléctricos, así como en la ampliación de puntos de recarga en la isla. En materia de accesibilidad, se ha reforzado la inclusión de plazas adaptadas para personas con movilidad reducida en los nuevos vehículos de transporte regular.
Paralelamente, se desarrollan acciones de concienciación y seguridad vial orientadas a fomentar el transporte compartido, especialmente en desplazamientos hacia grandes centros de trabajo, con el objetivo de reducir progresivamente el uso del vehículo privado.
La planificación de infraestructuras en una isla en transformación como La Palma debe incorporar criterios de resiliencia. ¿Cómo se está abordando este enfoque en las nuevas obras públicas?
La prioridad inmediata ha sido la recuperación de las infraestructuras afectadas por la erupción volcánica, con el objetivo de restablecer la conectividad básica de la isla y recuperar la situación previa al desastre.
A partir de ahí, se trabaja con una visión a medio y largo plazo, planificando infraestructuras estratégicas que garanticen la conectividad de La Palma en los próximos 10, 15 o 20 años. Entre estas actuaciones se incluyen mejoras en la red viaria, nuevas circunvalaciones y accesos a zonas industriales, en coordinación con el Gobierno de Canarias.
Mientras tanto, el Cabildo prioriza el mantenimiento de la red existente y la corrección de puntos críticos de seguridad o alta siniestralidad, con el objetivo de mejorar la seguridad vial durante el actual mandato y avanzar hacia una red más eficiente y resiliente.
“Hemos tenido que
repensar de forma
integral el modelo
de movilidad tras la
erupción volcánica”
Finalmente, mirando al futuro, ¿qué modelo de movilidad se plantea para La Palma y qué papel jugarán la sostenibilidad, la digitalización y la cohesión territorial?
La hoja de ruta hasta 2027 se centra en consolidar la recuperación de la isla tras la erupción y completar infraestructuras clave como la LP-2 y la LP-211, con el objetivo de restablecer plenamente la conectividad insular.
A partir de ahí, el modelo de movilidad se orienta hacia una red viaria bien conservada, funcional y adaptada a todo el territorio, no solo en términos de infraestructura, sino también de mantenimiento y calidad del entorno.
El objetivo final es que la transformación de la isla sea claramente visible en 2027, reflejando un proceso sostenido de mejora de la movilidad, refuerzo de la cohesión territorial y avance hacia un sistema de transporte más eficiente, equilibrad y sostenible en todo el conjunto de La Palma.









