Miguel Martín: “Tenemos que solucionar la distorsión de precios para que no recaiga todo sobre los hombros del agricultor”
Miguel Martín, presidente de Aspa (Asociación Palmara de Agricultores y Ganaderos)
ASPA ha defendido la retirada de 630.000 kilos de plátanos para intentar contener la caída de los precios en origen. ¿Qué cambios estructurales necesita el mercado para que estas medidas extraordinarias no vuelvan a ser necesarias y el agricultor pueda cubrir sus costes de producción?
La retirada de productos es evidente que resulta necesaria en momentos determinados ante un aumento de producción difícil de controlar.
Desde nuestra organización entendemos que es necesario saber con exactitud en qué momentos hay que dejar de mandar productos a la Península para evitar que se aglomere más cantidad de la que se vende y se produzca una caída estrepitosa de precios.
Si el mercado se colapsa, la recuperación tarda meses, y el agricultor deja de percibir unos ingresos fundamentales para su sostenimiento, necesitamos cobrar por encima de los costes de producción. Lo que queremos es buscar la fórmula de anticipar este proceso para evitar el abarrotamiento y alcanzar soluciones conjuntas, en lugar de echarnos las culpas unos a otros.
La situación del plátano vuelve a poner el foco en la rentabilidad de las explotaciones palmeras. ¿Considera que el actual sistema de comercialización está repartiendo de forma equilibrada el valor generado a lo largo de toda la cadena?
No, de ninguna manera. Lo que no puede ser es que en este momento a nosotros nos estén liquidando sobre 30 o 35 céntimos y en el mercado el PVP esté a 2,35 o 2,40 €/kg.
Ahí hay un recorrido que tendríamos que analizar, y mucho que decir la propia Administración, las organizaciones profesionales y las OPP, porque no puede haber esa diferencia tan importante de precios. La subida y bajada de precios en el mercado tiene que ser prácticamente automática. Lo que no puede ser es que las bajadas sean muy rápidas y las subidas muy lentas. Hay una distorsión que tenemos que solucionar entre todos los operadores, porque si no al final todo recae sobre los hombros del agricultor.
La reconstrucción tras la erupción continúa siendo una prioridad para muchos agricultores. ¿Qué soluciones concretas reclama ASPA para garantizar suelo agrícola y acelerar la recuperación de las explotaciones que quedaron sepultadas por la lava?
Desde el primer minuto del volcán, y ahora que vamos a cumplir los cinco años, dijimos que claramente había que recuperar todo el suelo agrícola destruido. Esos millones de kilos sepultados son fundamentales para la economía insular, porque el peso específico de la agricultura en La Palma es diferente al de otras islas al tener menos turismo.
La recuperación tiene que ser máxima. Se han autorizado estos días los 100 millones de euros del Gobierno central, bienvenidos sean, pero hay que definir claramente a dónde van a ir en cada sector y saber qué cantidad falta y qué Administración la tiene que poner. Lo que le gustaría al ciudadano es saber cuándo va a llegar su pista, su agua o sus vías de acceso para poder hacer su nueva finca, fijando un horizonte temporal claro.
Lo que pretendemos es que el agricultor que perdió su explotación por una catástrofe natural sobrevenida, y no por su culpa, pueda tenerla de nuevo, como mínimo, igual que la tenía anteriormente.
El agua es uno de los principales condicionantes del futuro agrícola de La Palma. ¿Hasta dónde puede llegar el ahorro mediante una planificación más precisa del riego y qué inversiones en infraestructuras considera imprescindibles?
En infraestructura hay una serie de obras importantísimas. Hay que seguir con el plan de balsas pequeñas a lo largo de la geografía insular que actúen como reguladoras y permitan recoger cualquier tipo de lluvia.
Los planes de riego y los sistemas automatizados también nos van a permitir ahorrar agua. Tenemos redes de riego obsoletos en zonas como Barlovento o Puntallana donde se podría mejorar mucho. Aunque el año pasado lloviera más, eso no significa que debamos gastar más, sino ponernos las pilas y seguir trabajando en el consumo insular de agua para avanzar en el desarrollo futuro.
El sector afronta simultáneamente problemas de costes, disponibilidad de agua y relevo generacional. ¿Qué medidas deberían impulsarse desde Canarias para que mantener una explotación agrícola vuelva a ser una opción profesional atractiva para los jóvenes?
En primer lugar, tenemos que valorar que ser agricultor o ganadero es una profesión más. Cuando salimos de casa para ir a la finca, debemos saber que al regresar traemos un salario normal y corriente, como cualquier otra profesión en esta región.
Ahora, al vender por debajo de costes, existe una incertidumbre que hace que el padre o el abuelo no le digan al hijo que se quede con la finca. Ahí es donde tenemos que trabajar mediante horquillas de precio para garantizar ese salario. Si no, el joven no se va a incorporar.
Pero también tenemos que tomar otra medida clara, porque creo que ya llegamos tarde. A través de convenios con las OPP, las cooperativas y las administraciones, debemos facilitar la incorporación de personal que nos permita mantener las explotaciones. Sabemos que se incorpora mucha gente de Sudamérica, pero necesitamos una reglamentación que permita traer inmigrantes regulares que sepan a lo que vienen.
ASPA está reforzando el asesoramiento técnico a los agricultores mediante recomendaciones de riego y otras herramientas de información. ¿Qué papel pueden jugar la digitalización, los datos y la agricultura de precisión para mejorar la productividad y reducir costes en las fincas palmeras?
Los costes difícilmente podrán reducirse, porque estamos bastante ajustados. Pero está claro que toda la tecnología que podamos poner al frente de la agricultura, bienvenida sea.
Pero los costes de producción son mínimos debido a la propia orografía y al tamaño pequeño de las fincas. Lo importante, como llevo diciendo desde el principio, es tener una horquilla de precios que nos permita sobrevivir a todos. No me gusta ni cuando el plátano está a un euro y pico largo, ni cuando está a 30 céntimos. Aunque un precio alto beneficie un mes, sé que acto seguido habrá una caída porque siempre hay picos de producción.
Ese equilibrio debemos corregirlo con fondos y con una conversación permanente entre la administración y el sector, que hoy en día creo que no está pasando por su mejor momento para buscar soluciones de futuro.
De cara a 2026, ¿qué objetivos se marca ASPA para mejorar la rentabilidad de los agricultores, avanzar en la reconstrucción de las zonas afectadas por el volcán y conseguir un sector primario palmero más fuerte, sostenible y preparado para afrontar futuras crisis?
En primer lugar, queremos seguir siendo una isla agrícola. Nuestro objetivo es ampliar los sectores con una agricultura más sostenible y diversificar los cultivos adecuados a cada zona, manteniendo el plátano, el aguacate y el viñedo, e impulsando alternativas como el café, el olivo o las proteas.
Pero el objetivo prioritario es seguir avanzando con la administración que toque, colaborando y buscando soluciones. Podemos estar equivocados, pero siempre estamos dispuestos al diálogo, a la conversación y al consenso para encontrar fórmulas de futuro.
No queremos crispación ni bronca permanente, sino decir claramente lo que pensamos y defender lo que creemos: que La Palma tiene que ser una isla agrícola complementada con otros sectores, donde la recuperación llegue cuanto antes.