Poleto Gelato: “Nuestra intención es construir una marca alrededor de esa sensación”
Poleto Gelato
Poleto nació haciendo polos para hoteles y restaurantes y ahora tiene su primer espacio propio. ¿En qué momento se dieron cuenta de que detrás del producto podía haber una marca mucho más grande?
Fue algo que fuimos descubriendo poco a poco. Al principio estábamos centrados en hacer un producto que tenía poco protagonismo hasta entonces: el polo. Cuando la gente lo probaba por primera vez se sorprendía por la calidad y el sabor, y empezamos a ver que no solo recordaban el producto, sino también los sabores, la presentación y la forma de elaborarlo. Ahí entendimos que había algo más que contar.
También vimos que Poleto podía tener una personalidad propia. No queríamos ser simplemente una empresa que hace helados, sino construir una marca con la que la gente pudiera identificarse.
Abrir nuestro primer espacio propio es un paso importante porque nos permite tener contacto directo con el consumidor y entender qué le gusta y qué espera de nosotros. Además, era algo que nos llevaban pidiendo en cada evento al que íbamos.
Fresa con leche condensada, mango con pimienta rosa, plátano con maracuyá… ¿Cómo se crea un sabor Poleto y qué tiene que tener para pasar el filtro?
Para nosotros todo empieza por una buena materia prima. Después viene jugar, probar y combinar sabores. Muchas veces partimos de algo conocido y buscamos darle una vuelta: una textura diferente, un contraste o un ingrediente inesperado.
Nos gusta que los sabores sean reconocibles, pero que tengan algún elemento de sorpresa. Y hay una parte muy importante que es probar muchísimo. Hay sabores que funcionan en nuestra cabeza y luego no funcionan en el helado, y al revés.
También nos gusta aprovechar todo lo que nos dan nuestras islas. Afortunadamente, aquí tenemos muchas frutas con las que experimentar y crear nuevas combinaciones.
Han conseguido construir una marca muy reconocible alrededor de algo tan sencillo como un helado. ¿Cuánto importa hoy que un producto sea bueno y cuánto que tenga una identidad capaz de conectar con la gente?
Para mí una cosa no puede sustituir a la otra. Puedes tener una marca muy bonita, pero si el producto no está a la altura, no perdura. Y también puedes tener un producto espectacular, pero sin una identidad es más difícil construir algo que perdure.
Nosotros intentamos cuidar las dos partes. El producto tiene que ser lo primero, pero alrededor debe existir una identidad, una forma de comunicar y una experiencia que haga que la gente quiera volver.
Poleto reivindica ingredientes de proximidad y trabaja con pequeños productores. ¿Se puede hacer una marca joven, competitiva y escalable desde Canarias sin renunciar al producto local?
Yo creo que sí, y precisamente ese es uno de nuestros retos. Canarias tiene productos increíbles y productores que hacen las cosas muy bien. El reto está en integrar todo eso en un proyecto que pueda crecer sin perder su esencia.
Para nosotros utilizar producto local no es solo una cuestión de discurso. Si encontramos aquí una fruta, un ingrediente o un productor que nos permite hacer un producto mejor, tiene todo el sentido utilizarlo. Además, detrás de cada ingrediente hay una historia que merece ser contada.
Trabajar desde Canarias tiene sus dificultades: logística, costes, distancias… Pero también tenemos una identidad y una despensa propia que nos diferencian. La oportunidad está en no intentar hacer lo mismo que otros desde Canarias, sino crear algo que tenga sentido y que nazca aquí.
Ya han dado el salto al consumidor final, ¿qué quieren que sea Poleto dentro de cinco años?
Probablemente un poco de todo, pero espero que algo que hoy todavía no podamos imaginar.
No queremos ponernos una etiqueta. Poleto nació alrededor del helado y del polo, pero queremos construir una marca con capacidad para evolucionar. Hemos incorporado nuevos productos, como el açaí, que han tenido muy buena aceptación. Nos interesan la gastronomía, el producto y la creatividad, y hacer cosas que nos diviertan y sorprendan a la gente.
Dentro de cinco años nos gustaría que, cuando alguien piense en Poleto, no piense únicamente en una heladería, sino en una marca canaria con una personalidad reconocible.
Y, sobre todo, queremos crecer sin perder lo que nos hizo empezar: hacer un producto que nosotros mismos tengamos ganas de comer.