Elias Marrero: “El futuro de la agricultura pasa por ser capaces de producir más con menos”
Elias Marrero. Ingeniero Agrónomo - Director Técnico de SAT IZAÑA
Grupo Izaña es uno de los principales productores de fresa de Canarias. ¿Qué retos supone mantener una producción estable durante todo el año en un territorio insular y con un mercado tan dependiente del exterior?
Nosotros programamos la producción de fresa combinando diferentes tipos de variedades, de día corto y de día neutro. Las de día corto son las que predominan, por ejemplo, en Huelva, mientras que las de día neutro nos permiten complementar la producción y alargar la campaña.
Una de las ventajas que tenemos en Canarias es precisamente el clima. En zonas como Segovia, las bajas temperaturas impiden producir fresa durante todo el año, mientras que aquí podemos combinar ambos tipos de variedades y mantener una producción continua. Las variedades de día corto, por ejemplo, nos permiten producir aproximadamente de diciembre a julio, que es también el periodo en el que tenemos una mayor competencia con la fresa procedente de Huelva.
El reto es que alargar la producción también supone más trabajo y mayores costes, especialmente de mano de obra y agua.
Aun así, creemos que la fresa canaria cuenta con una ventaja competitiva muy importante: la cercanía. Aunque su coste de producción pueda ser más elevado, podemos recolectarla hoy y tenerla en el mercado al día siguiente. En un producto tan perecedero como la fresa, cuya vida útil apenas alcanza una semana, ese tiempo es determinante. Una fruta procedente del exterior puede tardar varios días solo en llegar a Canarias, lo que inevitablemente reduce su frescura y puede afectar a su calidad. Esa rapidez entre la recolección y el consumo es uno de los principales valores diferenciales de nuestra fresa.
El agua es uno de los grandes desafíos del campo canario. ¿Hasta qué punto el cultivo hidropónico y la gestión eficiente del riego están siendo determinantes para garantizar la viabilidad futura de sus explotaciones?
En el cultivo de la fresa trabajamos con sistemas que nos permiten recoger el drenaje, es decir, el agua sobrante del riego, y aprovecharla posteriormente para otros cultivos. Esto exige disponer de una infraestructura específica de recogida y gestión del agua, pero nos permite reutilizar aproximadamente entre un 25 % y un 30 % del agua que, de otro modo, no se aprovecharía.
Además, no se trata solamente de la cantidad de agua, sino también de su calidad. La fresa es un cultivo muy sensible a la salinidad y, en nuestra zona, este es uno de los problemas que tenemos que gestionar. Por eso debemos controlar muy bien el agua que utilizamos y aprovechar aquellas aguas que no son adecuadas para la fresa en otros cultivos con una mayor tolerancia a la salinidad.
La viabilidad futura pasa por seguir invirtiendo en infraestructuras y tecnología, aprovechar al máximo cada recurso disponible y regar de una forma cada vez más precisa, adaptándonos a las necesidades reales de cada cultivo.
Llevan años apostando por la lucha integrada y por reducir al mínimo los tratamientos fitosanitarios. ¿Qué innovaciones están incorporando actualmente para avanzar hacia una agricultura cada vez más sostenible sin comprometer la productividad?
Para nosotros, la agricultura pasa por utilizar de forma racional todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Eso incluye también los productos fitosanitarios, pero siempre empleados con criterio, con fundamento y dentro de una estrategia de gestión integrada de plagas (GIP).
Trabajamos combinando distintas herramientas: labores culturales, medios biotecnológicos, enemigos naturales como depredadores y parasitoides, y tratamientos fitosanitarios cuando son necesarios. Lo importante es que todas esas actuaciones sean compatibles entre sí.
Cuando realizamos un tratamiento tenemos muy en cuenta el efecto que puede tener sobre las poblaciones de organismos beneficiosos que ya están trabajando en el cultivo. Por eso intentamos utilizar productos con el menor impacto posible sobre esos enemigos naturales y establecer protocolos que nos permitan mantener ese equilibrio.
Además, la innovación para nosotros es algo constante. Cada finca y cada campaña pueden plantear problemas diferentes y, cuando aparece una nueva dificultad, buscamos la solución más efectiva para ese caso concreto, integrando todas las herramientas disponibles.
Al final, no se trata de eliminar herramientas disponibles —bastante complejo es producir ya con las pocas herramientas que tenemos en la actualidad—, sino de combinarlas con criterio para controlar las plagas de la forma más eficiente posible, reduciendo el impacto y sin comprometer ni la productividad ni la calidad del cultivo.
El consumidor canario demanda cada vez más producto local, pero producir en las islas también implica mayores costes. ¿Cómo se consigue que una fruta cultivada en Canarias sea competitiva frente a las producciones importadas?
Producir en Canarias es complicado por diversos motivos y, por lo general, más caro. Tenemos unos costes de producción elevados, por lo que competir únicamente en precio resulta muy difícil. Nuestra ventaja está en ofrecer una fruta de calidad, recolectada en el momento adecuado y con una distancia mucho menor entre el campo y el consumidor.
Pero, además de ofrecer calidad, creo que es fundamental crear marca. El consumidor tiene que ser capaz de identificar el producto, conocer quién está detrás y confiar en que esa marca le ofrece unas determinadas garantías de calidad, frescura y origen. Esa confianza es la que permite diferenciarse de un producto importado y no depender únicamente del precio a la hora de competir.
Por eso, poner en valor la producción local no consiste solo en decir que una fruta se ha cultivado en Canarias. Se trata de construir una marca «IZAÑA» reconocible y fiable, capaz de transmitir al consumidor que detrás de esa fruta hay un compromiso con la calidad, la cercanía y una determinada forma de producir.
Además de la fresa, Grupo Izaña mantiene cultivos como la papa negra, las coles o los puerros. ¿La diversificación es hoy una estrategia necesaria para reducir riesgos y fortalecer el sector primario de Canarias?
Sí, la diversificación es fundamental. No depender de un único cultivo nos permite repartir riesgos y compensar las dificultades que puede presentar un producto en determinados momentos.
También nos ayuda a mantener una actividad más estable durante todo el año, tanto a nivel de producción como de empleo. Podemos aprovechar mejor los recursos de la empresa y dar una mayor continuidad al trabajo.
Y hay otra parte que para nosotros es muy importante: la diversificación también nos permite ofrecer a nuestros clientes una oferta más estable. Aunque en un momento determinado no podamos suministrar un producto concreto, podemos seguir trabajando con ellos a través de otros cultivos, mantener el servicio y la relación con esos clientes a lo largo del año.
Definitivamente, diversificar nos aporta estabilidad, reduce riesgos y nos ayuda a responder mejor a las necesidades del mercado.
De cara al cierre de 2026, ¿cuáles son los principales objetivos de Grupo Izaña para seguir creciendo en Canarias?
Nuestro objetivo es seguir trabajando como lo hemos hecho hasta ahora. La parte técnica va a tener un papel cada vez más importante, porque el futuro de la agricultura pasa por ser capaces de producir más con menos.
Eso significa incorporar tecnología y maquinaria, reducir ineficiencias y hacer un uso cada vez más preciso de los recursos. En el caso del agua, por ejemplo, se trata de regar únicamente lo que la planta necesita, evitando desperdicios y aprovechando al máximo cada recurso disponible.
También pasa por seguir mejorando la eficiencia del trabajo, de los procesos productivos y de la gestión de las explotaciones. La tecnología y la profesionalización van a ser cada vez más importantes para poder mantener la rentabilidad y afrontar los retos que tenemos por delante.
La agricultura ha cambiado mucho y creo que seguirá cambiando. Probablemente en el futuro seremos menos, pero tendremos un sector mucho más profesionalizado, más tecnificado y con una mayor capacidad para tomar decisiones.