José Bruno Albertos: “Si tenemos que pagar más por el kilo de uva, lo pagamos para compensar al viticultor y garantizar que siga cuidando la viña”
José Bruno Albertos. Director de Bodega Comarcal Güimar
En 2025, Brumas de Ayosa Tinto fue elegido Mejor Vino de Canarias y este año Pico Cho Marcial Tinto ha vuelto a recibir el máximo reconocimiento. ¿Qué están suponiendo estos premios para la bodega?
Estos reconocimientos son un espaldarazo muy importante en la comercialización de la marca y dan un impulso a la bodega. Al final, es el resultado del trabajo que hacen los viticultores en el campo y el equipo técnico en las instalaciones, y la suma de todo ello nos otorga este prestigio.
La bodega está formada actualmente por 100 familias viticultoras y trabaja con viñedos situados entre los 500 y los 1.400 metros de altitud. ¿Qué aporta esta diversidad de terrenos a sus vinos?
Los viñedos de la parte baja, más próxima al mar y a las medianías, se destinan a uvas verdes de listán negro con unos nueve grados y medio para elaborar nuestras referencias de cava espumoso y el frizzante de cinco grados.
A medida que ascendemos en el terreno, la uva se utiliza para otro tipo de vinos. Por ejemplo, las fincas situadas entre los 1.200 y los 1.300 metros de altitud con listán blanco se destinan a los vinos blancos secos, el sobre lías, el Brumas seco y el Pico seco.
En los últimos años han apostado por ampliar la gama con elaboraciones como frizzantes, espumosos y vinos licorosos. ¿Qué busca la bodega con esta diversificación?
Buscamos diversificar el producto y las referencias para ofrecer un amplio abanico de posibilidades al consumidor ante la gran variedad del mercado. Hay público joven que prefiere vinos afrutados, frizzantes y jóvenes, mientras que el consumidor clásico prefiere caldos licorosos y de mayor graduación.
Por ello, hemos ido sacando nuevas referencias año tras año: el año pasado lanzamos un Nature de uva malvasía —siendo la única bodega que lo elabora, con un espumoso de 24 meses en barrica y segunda fermentación en botella— y también un vino licoroso de uva moscatel. Pretendemos abrir el abanico para que los clientes dispongan de distintas opciones.
La Bodega Comarcal nació de la unión de pocos viticultores en 1989. ¿Qué importancia tiene el modelo cooperativo para mantener la actividad vitivinícola en el Valle de Güímar?
Es fundamental y constituye un referente en la comarca. Aunque legalmente somos una Sociedad Agraria Transformadora (SAT), funcionamos como una cooperativa que aporta seguridad al viticultor en la comercialización de su uva. Tanto los socios como los proveedores ajenos que acuerdan con la directiva cuidar su finca tienen garantizada la compra y el pago de la cosecha.
Además, los socios obtienen ventajas adicionales, ya que el reparto de beneficios se realiza por kilos de uva entregados y no por acciones, lo que fomenta que continúen plantando y cuidando sus tierras. Este modelo ha funcionado con gran éxito en los últimos quince años.
La viticultura de la comarca se desarrolla en terrenos de difícil acceso y, en muchos casos, sin posibilidad de mecanización. ¿Cómo condiciona esto el trabajo de los viticultores y los costes de producción?
La orografía de Canarias no permite grandes extensiones mecanizables como en la península. Aquí se cultiva en bancales y en zonas de altura donde muchas veces no llega ni un vehículo 4x4, lo que dificulta enormemente la recolección y la producción. Todo se hace de forma manual, desde la vendimia hasta el sulfatado y el riego, lo que supone un hándicap y un sobrecoste añadido.
Frente a esta dificultad, nuestra diferencia radica en apostar por la calidad: si tenemos que pagar más por el kilo de uva, se paga para compensar al viticultor y garantizar que siga cuidando la viña.
Al final, son precisamente esas fincas inaccesibles las que otorgan la mejor calidad a nuestros vinos.
Además de los reconocimientos, la bodega ha señalado que estos premios están generando una mayor demanda de sus vinos. ¿Cómo están respondiendo ante ese crecimiento del interés por sus marcas?
Intentamos aumentar la producción, pero esto no depende solo de nuestra voluntad, sino de la climatología y de la cosecha de cada año, lo que dificulta hacer una programación a largo plazo.
Podemos recibir peticiones de fuera de Canarias, pero no podemos comprometernos sin la seguridad de contar con un volumen determinado de kilos. Tenemos que planificar año a año, viendo los kilos que entran para decidir si podemos alcanzar nuevos mercados o mantener el actual.
Además, nos enfrentamos a un hándicap importante: cada año hay viticultores mayores que abandonan sus fincas y el relevo generacional es muy complejo, ya que la gente joven busca trabajos más cómodos y mejor remunerados.
De cada cuatro viticultores que se jubilan solo aparece uno nuevo, lo que nos preocupa profundamente de cara al futuro, ya que con estas cifras se vislumbra una muerte lenta del sector a medio y largo plazo.
“Las fincas más inaccesibles son las que otorgan la mejor calidad a nuestros vinos”
El relevo generacional es un problema generalizado en el sector. ¿Qué cree usted que se podría hacer para que los jóvenes apostaran por la viticultura y el sector primario?
Esperemos que esto se pueda revertir y que las administraciones ofrezcan incentivos reales para despertar el interés de la gente joven, porque de lo contrario nos abocamos a una reducción progresiva del sector.
Las instituciones siempre hablan de apoyar la agricultura, pero la realidad es muy distinta. Hay que apostar decididamente por los jóvenes y garantizarles una rentabilidad: un chico de veinticinco o treinta años necesita ver que su inversión y su esfuerzo en el campo le reportan lo suficiente para cubrir los gastos y obtener un salario digno.
Esto requiere una apuesta firme de la administración, por ejemplo, mediante subvenciones que acompañen al viticultor durante los primeros tres o cuatro años, un período crítico en el que la viña aún no produce, permitiéndole mantener el cultivo hasta que sea rentable. Nosotros lo reclamamos con frecuencia, pero son las administraciones las que tienen que dar el primer paso.
De cara al futuro, ¿qué considera prioritario para seguir fortaleciendo la viticultura del Valle de Güímar y mantener el posicionamiento de sus vinos dentro y fuera de Canarias?
Nuestra máxima prioridad es trabajar la calidad, anteponiéndola siempre a la cantidad. Llegar al nivel es difícil, pero mantenerse cada año lo es aún más.
Buscamos que nuestras referencias alcancen continuamente reconocimientos nacionales e internacionales, como el logrado recientemente en el concurso CERVIM en Italia, donde fuimos distinguidos como la mejor bodega y obtuvimos el vino mejor puntuado entre 1.175 muestras de 22 países.
A pesar de pertenecer a una denominación de origen pequeña y limitada a tres municipios —Arafo, Güímar y Candelaria—, nuestra meta final es mantener los vinos en el candelero a nivel regional, nacional e internacional dentro de nuestras posibilidades