La historia de Loro Parque no puede entenderse sin la figura de César Manrique. Más allá de su legado como artista universal, el creador lanzaroteño desempeñó un papel decisivo en uno de los momentos más críticos para la continuidad del parque, convirtiéndose en un aliado clave en la defensa de su territorio y en la construcción de su identidad.
Hoy, en el aniversario de su nacimiento, Loro Parque recuerda y pone en valor una relación que trascendió lo personal para convertirse en un ejemplo de compromiso con la naturaleza, el desarrollo sostenible y la protección del patrimonio de Canarias.
El presidente de Loro Parque, Wolfgang Kiessling, destacó que “en parte, Loro Parque es tal y como lo conocemos hoy gracias a César. Me ayudó de forma totalmente altruista y eso demuestra la enorme calidad humana que tenía”.
La relación entre Manrique y la familia Kiessling trascendió lo personal para convertirse en una causa compartida en defensa del territorio y del modelo de desarrollo sostenible. A comienzos de la década de los años 80, Loro Parque se enfrentó a una amenaza crítica, con un proyecto urbanístico que contemplaba la construcción de una carretera atravesando sus instalaciones, lo que habría supuesto la expropiación de una parte sustancial de sus terrenos.
Tras agotar las vías institucionales, Kiessling recurrió al compromiso y la influencia de César Manrique. El artista respondió de inmediato, desplazándose a Puerto de la Cruz y liderando una acción pública de gran repercusión mediática. Su intervención, a través de una multitudinaria rueda de prensa y la movilización social de los vecinos de Punta Brava, generó una presión decisiva que obligó a replantear el proyecto.
El resultado fue un acuerdo que permitió preservar la mayor parte del parque, garantizando así su continuidad y desarrollo futuro. Este episodio no solo marcó un punto de inflexión en la historia de Loro Parque, sino que evidenció el poder de la sociedad civil y del compromiso cultural en la defensa del territorio.
Más allá de su papel como defensor, César Manrique influyó profundamente en la identidad conceptual y estética del parque. Como pionero del pensamiento ecológico en Canarias, defendía un modelo en el que el progreso debía integrarse armónicamente con el entorno natural.
Esta filosofía quedó reflejada en el desarrollo de Loro Parque, donde la arquitectura, la vegetación y el paisaje se conciben como un conjunto inseparable. Una visión que conecta directamente con algunas de sus obras más emblemáticas en el Archipiélago, como Playa Jardín o el Lago Martiánez, y que hoy constituye uno de los rasgos diferenciales de la Embajada Animal.
El reconocimiento de Loro Parque hacia César Manrique se mantiene vigente. En sus instalaciones, una placa conmemorativa en el corazón del parque, recuerda su contribución a todos los visitantes.
Asimismo, en 2019, con motivo del centenario de su nacimiento, el Hotel Botánico acogió una destacada exposición de sus obras más representativas, impulsada por Wolfgang Kiessling como muestra de gratitud y admiración hacia el artista.
Hoy, en el aniversario de su nacimiento, Loro Parque no solo celebra la figura de un creador universal, sino también la de un defensor comprometido cuya intervención fue determinante para que la institución pudiera continuar su misión de conservación, educación y respeto por la naturaleza.
El legado de César Manrique sigue presente en cada rincón del parque, recordando que el equilibrio entre desarrollo y entorno no solo es posible, sino necesario.









