12/06/2026

Antonia Varela: “El astroturismo representa una gran oportunidad para entornos rurales”
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Antonia Varela. Directora de la Fundación Starlight

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Desde la Fundación Starlight llevan años defendiendo un modelo de astroturismo sostenible y respetuoso con el territorio. En un momento de gran crecimiento turístico en Canarias, ¿cómo se puede aprovechar el interés por fenómenos como el próximo eclipse sin caer en la masificación y poniendo siempre en valor la protección del entorno?
El astroturismo es una modalidad que combina la observación del cielo, tanto diurno como nocturno, con actividades científicas, educativas y de ocio. Su objetivo es crear experiencias que acerquen a las personas a los fenómenos astronómicos y a la comprensión del universo.
Además, representa una gran oportunidad para entornos rurales, que suelen contar con mejores cielos y necesitan alternativas de desarrollo sostenible.
Este concepto se consolida en 2007, con la Conferencia Internacional Starlight en La Palma, donde más de 100 instituciones — como la UNESCO o la Unión Astronómica Internacional— firman un manifiesto en defensa del cielo nocturno y sientan las bases del turismo astronómico.
Es importante destacar que no es un turismo masivo: suele atraer a perfiles curiosos, parejas o familias que buscan experiencias más tranquilas y personalizadas. A diferencia de eventos puntuales como los eclipses —que sí concentran grandes multitudes—, el astroturismo se basa en propuestas más sostenibles y de menor escala.

La contaminación lumínica se ha convertido en uno de los grandes retos medioambientales del siglo XXI, ¿cree que las administraciones y el sector privado son realmente conscientes del impacto que tiene perder la calidad del cielo nocturno en Canarias, tanto a nivel científico como turístico y ambiental?
El astroturismo no consiste en atraer masas de coches, luces o aglomeraciones, porque eso precisamente impide la observación del cielo. Se desarrolla en entornos oscuros, accesibles y seguros, normalmente en puntos habilitados como miradores astronómicos, donde se aplican protocolos muy estrictos: minimizar la luz, controlar el acceso y respetar tanto el entorno natural como la experiencia.
En lugares como el Parque Nacional del Teide, donde no siempre se puede limitar el tráfico, se buscan alternativas organizadas y espacios adecuados para garantizar seguridad
y calidad.
Es importante diferenciarlo de grandes eventos como un eclipse, que sí atraen multitudes y tienen un carácter más divulgativo.
En esos casos, las administraciones están trabajando con planificación, sostenibilidad y coordinación —incluyendo comisiones científicas e institucionales— para gestionar la afluencia y minimizar el impacto.
En resumen, el astroturismo es una actividad ordenada, sostenible y de pequeña escala, muy distinta a los eventos masivos puntuales.

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¿Cómo afecta la contaminación lumínica al desarrollo del astroturismo y qué papel juegan las certificaciones como Starlight en su control?
La clave está en que la contaminación lumínica no entiende de límites: lo que se hace a 20 o 50 kilómetros afecta directamente a la calidad del cielo. Por eso insistimos mucho en la responsabilidad compartida y en que cualquier proyecto de iluminación, esté o no dentro de una zona certificada, debe seguir buenas prácticas.
Las certificaciones Starlight están demostrando ser una herramienta muy eficaz, porque no solo protegen el cielo, sino que también generan beneficios económicos: una iluminación bien diseñada puede ahorrar hasta un 80% de energía y, además, impulsa el astroturismo.
Los territorios certificados tienden a mejorar, a evitar proyectos perjudiciales y a sumar nuevos municipios. Incluso en lugares sin normativa específica, la concienciación y la certificación están marcando la diferencia.
Aun así, queda camino por recorrer: necesitamos marcos legales más sólidos y, sobre todo, que se apliquen. Mientras tanto, ya estamos viendo un cambio positivo, con instituciones y organismos que priorizan cada vez más una iluminación sostenible.

Usted ha sido reconocida como una de las mujeres más influyentes de Canarias por Forbes 2026. ¿Qué significado tiene para usted este reconocimiento y qué mensaje cree que puede trasladar a las nuevas generaciones de investigadoras y profesionales canarias?

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La verdad es que me he sentido muy orgullosa y agradecida por recibir un reconocimiento de una entidad tan relevante como Forbes España. Lo vivo, sobre todo, con mucha ilusión, pero también con humildad y un fuerte sentido de responsabilidad.
Este tipo de reconocimientos son, por un lado, un respaldo al trabajo realizado, una señal de que el camino es el correcto. Pero, por otro, son también un altavoz para dar visibilidad a las causas por las que trabajamos.
En mi caso, hay dos grandes pilares: por un lado, la protección del cielo y la astronomía, el derecho a la luz de las estrellas; y por otro, mi compromiso con la igualdad, especialmente en la visibilización del talento femenino y el impulso de la presencia de mujeres en ámbitos científicos, tecnológicos y de toma de decisiones.
Creo que estos premios ayudan a demostrar que es posible avanzar en esa dirección y, sobre todo, a inspirar a las nuevas generaciones a implicarse y continuar ese camino. Ojalá este reconocimiento sirva precisamente para eso.

“Las certificaciones
Starlight están
demostrando ser una
herramienta muy
eficaz»

Para finalizar, ¿cuáles son los grandes retos que se marca Fundación Starlight de cara a 2026, especialmente en Canarias, tanto en protección del cielo nocturno como en el impulso de un modelo turístico más sostenible, innovador y de mayor valor añadido?
Uno de los principales desafíos del astroturismo es seguir defendiendo la protección del cielo como un recurso esencial. En este sentido, estamos impulsando el reconocimiento del cielo como un nuevo Objetivo de Desarrollo Sostenible, el ODS 18, una iniciativa promovida por Fundación Starlight junto a asociaciones profesionales y presentada ante organismos nacionales e internacionales.
El cielo es un elemento transversal: está ligado al clima, la biodiversidad, la salud humana y el equilibrio de los ecosistemas, pero aún no cuenta con un reconocimiento específico en la Agenda 2030. Por eso, uno de nuestros grandes retos es generar conciencia social, sumar apoyos y lograr que este objetivo se incorpore a nivel global.
Paralelamente, en 2026 estamos centrados en la preparación del eclipse, con formación de embajadores, profesionales y medios de comunicación, para garantizar una gestión responsable y de calidad.
Otro desafío clave es la profesionalización del sector. El astroturismo requiere formación especializada que combine conocimientos científicos y turísticos.
Por último, la sensibilización sigue siendo fundamental: proteger el cielo no solo es una cuestión ambiental, sino también una oportunidad económica para el desarrollo sostenible de entornos rurales.

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