Jota Cabrera: “Tenemos todo para seguir haciendo crecer la agricultura canaria y competir en Europa”
Jota Cabrera. Export Manager de Bonny
Grupo Bonny lleva décadas ligado al campo canario. ¿Cómo ha cambiado la agricultura desde que comenzaron hasta hoy?
La familia Bonny lleva más de un siglo ligada a la agricultura en las Islas Canarias, aunque fue mi abuelo, Juliano Bonny, quien fundó la sociedad en 1935. Poco tiene que ver la agricultura de aquella época con la actual, que hoy es mucho más moderna y profesional.
Son varios los hitos que, a lo largo de este casi último siglo, han supuesto un antes y un después para el sector: la aparición de los invernaderos, que permiten una mayor protección de los cultivos; las desaladoras, que nos han permitido ser más independientes de las lluvias y de los pozos; la lucha integrada en los cultivos, para reducir el uso de productos fitosanitarios; la paletización del producto, frente a la carga caja por caja en los barcos; las máquinas empaquetadoras, con sistemas de clasificación del producto; o la aparición de fuentes de energía alternativas y sostenibles.
Todos estos avances han contribuido a obtener un producto de mayor calidad, con el menor impacto medioambiental posible y, algo muy importante, a mejorar las condiciones de los trabajadores. No hay que olvidar lo sacrificado que era ser agricultor en aquella época, y que sigue siéndolo en la actualidad.
Otro de los cambios que ha experimentado la agricultura en los últimos años es la enorme burocracia y la cantidad de controles a los que estamos sometidos. Antiguamente, para ser agricultor tenías que ser eso: agricultor. Ahora se exige tener conocimientos de contabilidad, ingeniería agrícola, administración, derecho, etc.
¿Qué es lo más difícil actualmente de producir frutas y hortalizas en Canarias?
Existen ciertos riesgos inherentes a la agricultura que son los mismos a los que se enfrentaban los agricultores hace un siglo. Por mucho que uno se prepare lo mejor posible para una nueva zafra, siempre pueden surgir imprevistos completamente ajenos a nuestro buen hacer que pueden arruinar la campaña y todo el esfuerzo realizado. Puede tratarse de inclemencias climáticas, cada vez más habituales, o de la aparición de nuevas plagas y virus.
En Canarias tenemos, además, una dificultad añadida que nos sitúa en clara desventaja competitiva frente a nuestros competidores: la lejanía de los mercados europeos. El transporte hasta nuestros clientes es un pilar fundamental para poder comercializar nuestros productos, pero cada vez resulta más complejo y caro, con un incremento exponencial de los costes en los últimos años debido a las incertidumbres sociopolíticas internacionales.
De nada sirve producir un producto exquisito si después no podemos llevarlo hasta el cliente final y comercializarlo. Cualquier acontecimiento internacional nos afecta de manera muy directa en los precios y en la disponibilidad del transporte: las dramáticas guerras recientes, el incremento del precio del transporte, el Brexit, el cierre de las fronteras rusas, etc.
El tomate fue durante años uno de los grandes símbolos de la agricultura de exportación canaria. ¿Sigue teniendo futuro este cultivo en las Islas?
El tomate sigue teniendo futuro en las Islas, pero para ello debemos remar todos en la misma dirección y necesitamos que el Gobierno haga una apuesta clara y firme por este sector.
Actualmente estamos negociando con la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias un plan para modernizar el sector, que conllevaría una inversión en infraestructuras y maquinaria para poder ser más competitivos. El consejero, Narvay Quintero, y su equipo están involucrados, y el Cabildo de Gran Canaria también ha mostrado su apoyo. Sin este plan, desgraciadamente, el tomate de exportación tiene los días contados.
También necesitamos que, de una vez por todas, la Unión Europea empiece a aplicar las cláusulas espejo a Marruecos y a terceros países. Es una falta de justicia que a los productores comunitarios se nos exijan numerosas limitaciones a la hora de aplicar determinados productos fitosanitarios, mientras que se tiende una alfombra roja a los productos que vienen de fuera, sin importar los tratamientos que se aplican.
Por no mencionar el aspecto socioeconómico: mientras nos enorgullecemos de los grandes avances en materia laboral y salarial que hemos alcanzado en Europa, miramos hacia otro lado a la hora de importar frutas y verduras de países con unas condiciones laborales que bien pueden asemejarse a la esclavitud.
En Canarias producimos un tomate excepcional, sabroso y de una calidad superior a la de nuestros competidores, pero, desgraciadamente, no competimos con ellos en igualdad de condiciones.
¿Qué importancia tienen la innovación y la tecnología para conseguir producir más y mejor con recursos limitados?
En el siglo actual es fundamental apostar por la innovación tecnológica para seguir siendo competitivos y asegurarnos un futuro. El Grupo Bonny fue la primera empresa agrícola en tener una desaladora propia a nivel mundial, así como pionera en la lucha integrada, mediante la prevención y el control de plagas a través de métodos biológicos. Estos métodos consisten en liberar insectos beneficiosos que actúan como enemigos naturales de las plagas, reduciendo así al mínimo el uso de tratamientos fitosanitarios.
Ahora nos toca seguir innovando y apostando por la tecnología en todos los ámbitos posibles, como ya hicieron las generaciones anteriores. Aplicar avances para minimizar el consumo de agua, aumentar el control de los cultivos mediante drones y con la ayuda de la inteligencia artificial, optimizar la clasificación y el destarado de la fruta, mecanizar en la medida de lo posible los procesos de empaquetado y minimizar los desechos y fungibles, tanto en el cultivo como en el empaquetado del producto, son retos fundamentales a los que nos enfrentamos en el futuro más inmediato.
Por otro lado, sin una gran inversión en I+D por parte de nuestros proveedores, hoy no existirían ni el Grupo Bonny ni la agricultura en Canarias. El desarrollo de variedades de tomate resistentes a las plagas y virus que nos afectan, y que al mismo tiempo mantienen la calidad del producto, ha sido y seguirá siendo fundamental para la supervivencia del sector.
Mirando al futuro, ¿qué oportunidades ve Grupo Bonny para que la agricultura canaria siga siendo competitiva?
El Grupo Bonny sigue siendo una empresa familiar y todos los miembros de la familia tenemos una vocación agrícola continuista. Si bien existen actualmente muchos desafíos y amenazas en este sector tan sacrificado, también vemos numerosas oportunidades.
Canarias sigue importando más del 90 % de los productos que consume. ¡Imaginemos la cantidad de proyectos que nos esperan! Además, existe una tendencia creciente del consumo en Europa de frutos tropicales, como la papaya, el mango, el maracuyá o la pitaya, y Canarias es un lugar ideal para cultivarlos.
A finales de este mes de septiembre hemos recolectado y comercializado nuestras primeras papayas y planeamos aumentar la superficie de cultivo.
Estamos preparados, sabemos lo que tenemos que hacer y tenemos muchísima ilusión. Por ello, auguro al menos otro siglo de productos cosechados por el Grupo Bonny, presentes en todas las cocinas canarias y en gran parte de Europa.