El sector turístico mundial y en general el conjunto de la economía, atraviesan en los últimos meses una etapa marcada por fuertes tensiones en los mercados energéticos. El aumento del precio de los combustibles, unido a que ya se habla de posibles restricciones de los mismos, dada la escasez que podríamos sufrir si el conflicto en Irán se prolongara más en el tiempo, hacen que la estructura de costes del transporte aéreo se esté redefiniendo y, con ello, también la dinámica del turismo en destinos insulares como Canarias.
Y es que el turismo en nuestra tierra presenta una singularidad económica evidente: la dependencia del transporte aéreo, ya que un porcentaje elevadísimo de los viajeros internacionales que nos visitan llegan al archipiélago a través de la aviación comercial, lo que provoca que la variable de los combustibles sean un factor crítico para la competitividad del destino, y es que ante variaciones en la cantidad y precios de este coste operativo de las aerolíneas, estas tienen que priorizar frecuencias y rutas con destinos con mayor y mejor ocupación garantizada, y en este apartado en Canarias salimos beneficiados ante el actual escenario, dada la fiabilidad y el buen hacer de nuestro destino, sumado a la seguridad de todo tipo que tradicionalmente transmitimos al mercado turístico.
Frente a los cambios que esta incertidumbre genera y que se suelen traducir en cambios en el comportamiento de compra del turista: como pueden ser los derivados en la duración de las estancias, la anticipación de compra… etc., en Canarias, aparte de la experiencia acumulada bajo circunstancias y crisis de todo tipo, mantenemos ventajas comparativas que como ya se dijo antes, nos benefician y pueden amortiguar el tener que tratar en un entorno de incertidumbre, como son el contar con un clima estable durante todo el año, contar con una alta especialización hotelera y en general de todos los servicios que conforman el paquete turístico, así como la percepción de seguridad y la alta calidad del destino como parte de nuestra marca en el mercado internacional.
De lo visto hasta ahora, se puede deducir que estos cambios y adaptaciones derivados de la incertidumbre provocada por la situación geopolítica internacional no tienen porque producir giros abruptos de ningún tipo, sino que más bien producen cambios en el perfil del turista y en su gasto medio, por lo que simplemente necesitaremos una vez más, hacer gala de nuestra capacidad de generar estrategias de adaptación en periodos muy cortos de tiempo, que podrían incluir incentivos a la eficiencia energética, más diversificación de mercados emisores y otras que se irían estudiando conforme las circunstancias fuesen cambiando, como ya viene siendo habitual en este turbo devenir histórico en el que se han convertido nuestras vidas a lo largo de la últimas décadas.
Por todo ello, y como una conclusión de carácter general y dada la coyuntura actual, las medidas a tener en cuenta deberían de ir orientadas a maximizar nuestras fortalezas, minimizando así posibles vulnerabilidades, garantizando de esta forma una buena competitividad a largo plazo, y es que la incertidumbre sobre los mercados de la energía no supone solamente cambios en los costes de las empresas, sino que representa un factor estructural capaz de redefinir el mercado turístico global y por todo ello, urge que para Canarias y dadas nuestras peculiaridades, se transformen estas posibles amenazas en oportunidades de crecimiento y mejora de nuestra estructura económica y social.










