Lunes 5 de octubre de 2026
Nueva Economía

El día que una buena empresa baja la persiana

Nos esforzamos por crear nuevas empresas, atraer inversión y fomentar el emprendimiento. Pero quizá estemos olvidando algo mucho más elemental: evitar que desaparezcan negocios viables simplemente porque nadie ha preparado su continuidad.

Hay una imagen que el otro día, caminando por Santa Cruz, me hizo reflexionar. Una empresa de toda la vida que el día siguiente ya no abre. Un taller que llevaba treinta años funcionando. Una pequeña industria familiar. Una tienda en la que conocían a sus clientes por el nombre.

Persiana bajada. Y un cartel: “Cerrado por jubilación”.

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Normalmente pensamos que forma parte de la vida. Alguien ha trabajado durante décadas, llega el momento de jubilarse y el negocio termina con él. Pero ¿deberíamos verlo con tanta normalidad?. Porque detrás de algunas de esas persianas no hay una empresa que haya fracasado. Hay clientes, trabajadores, proveedores, maquinaria, conocimiento y una reputación construida durante veinte, treinta o cuarenta años.

Lo único que falta es alguien que continúe.

¿De verdad podemos permitirnos perder una empresa que funciona simplemente porque su propietario se jubila?. Creo que esta pregunta va a ser cada vez más importante en Canarias.

Nos preocupamos mucho por crear. Menos por conservar

Canarias ha alcanzado los 148.807 trabajadores autónomos, más de 3.200 adicionales en un año. Al mismo tiempo, septiembre cerró con 140.303 desempleados, el dato de paro registrado más bajo desde diciembre de 2007. Son buenas noticias.

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Pero precisamente por eso me hago otra pregunta. ¿Cuántos emprendedores están empezando hoy desde cero mientras, quizá a pocos kilómetros, existe una empresa viable cuyo propietario busca una salida porque quiere jubilarse?

Crear una empresa es extraordinariamente difícil. Hay que encontrar clientes, conseguir proveedores, financiarse, contratar, equivocarse, aprender y, sobre todo, sobrevivir. Por eso resulta paradójico que dediquemos tantos esfuerzos a crear empresas nuevas y bastante menos a conseguir que continúen aquellas que ya han demostrado que funcionan.

Y en Canarias tiene especial importancia. El 99,9 % de nuestro tejido empresarial está formado por pymes y microempresas, alrededor de 146.000 empresas.Son talleres, comercios, industrias, distribuidores, empresas de mantenimiento, carpinterías o pequeños negocios familiares. Y poseen algo que rara vez aparece en un balance: conocimiento acumulado.

Saber quién es el cliente. Qué necesita. Qué proveedor responde. Cómo fabricar un producto. Qué trabajador conoce mejor cada proceso. Qué errores se cometieron y no conviene repetir. Eso también es capital. Y cuando una empresa viable cierra sin relevo, lo perdemos.

El relevo no tiene por qué estar en la familia.

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Durante mucho tiempo dimos por hecho que una empresa familiar pasaría de padres a hijos. Hoy no tiene por qué ser así. Y me parece normal. Un empresario puede haber dedicado cuarenta años a levantar una compañía y descubrir que sus hijos tienen otro proyecto de vida. El error está en confundir relevo empresarial con relevo familiar.

Si los hijos no quieren continuar, quizá pueda hacerlo un trabajador de la propia empresa. Un profesional del sector. Un emprendedor. Otra compañía. O incluso un canario que lleva años trabajando fuera y quiere regresar.

Lo importante no debería ser mantener el apellido sobre la puerta. Debería ser mantener la actividad, el empleo, los clientes y el conocimiento. Detectar antes de cerrar. El peor momento para buscar un sucesor es cuando el empresario ya ha decidido bajar la persiana.

Una empresa no se transmite en tres meses.

Por eso pondría en marcha un sistema canario de detección temprana del relevo empresarial, voluntario y confidencial. La pregunta sería muy sencilla: ¿Qué quiere que ocurra con su empresa cuando decida jubilarse?.

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Si quiere venderla, ayudémosle a prepararla. Si quiere transmitirla a trabajadores, estudiemos cómo. Si necesita encontrar un comprador, busquémoslo. Y si existen obstáculos financieros, fiscales o jurídicos, intentemos resolverlos antes de que sea demasiado tarde.

El Gobierno de Canarias ya ha dado un primer paso con el Programa de Continuidad Empresarial en el Comercio, que prevé identificar inicialmente 50 empresas con problemas de relevo y conseguir al menos diez procesos de continuidad. Me parece una iniciativa acertada. Pero esas 50 empresas deberían ser el proyecto piloto, no la meta.

Extendería progresivamente el modelo a otros sectores, especialmente a aquellos donde la pérdida de conocimiento empresarial pueda tener mayor impacto.

Crear un mercado de empresas con futuro. Daría un segundo paso.

Crearía Empresas con Futuro Canarias, un espacio profesional y confidencial que conectara a empresarios que quieren dejar una empresa viable con personas interesadas en continuarla.

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No hablo de un portal de “se traspasa”. Las empresas deberían pasar previamente por un análisis de viabilidad, valoración y necesidades de inversión. Y quien quisiera asumirlas recibiría acompañamiento empresarial, jurídico y financiero.

Porque también deberíamos cambiar nuestra manera de entender el emprendimiento. Emprender no tiene por qué significar siempre empezar desde cero. Continuar lo que otro construyó y hacerlo crecer también es emprender. Y aquí aparece uno de los principales obstáculos: la financiación. Crearía una línea específica de préstamos y garantías para adquirir empresas viables por relevo generacional, siempre vinculada a un proyecto de futuro: inversión, digitalización, productividad, nuevos mercados o empleo.

No estaríamos financiando simplemente una compraventa. Estaríamos financiando la siguiente etapa de una empresa. El sucesor puede estar mucho más cerca de lo que pensamos. A veces el mejor candidato ya está dentro. Un encargado que lleva veinte años. Una directora de producción. Dos trabajadores que conocen perfectamente el negocio. El problema es que normalmente no disponen del capital necesario para adquirirlo. Facilitar financiación y fórmulas de adquisición progresiva permitiría, en determinados casos, mantener empresas, conservar empleos y convertir trabajadores en empresarios.

Y haría algo más.

Conectaría este programa con los profesionales canarios que viven fuera y quieren regresar. Llevamos años hablando de recuperar talento. Quizá algunos de esos profesionales no quieran volver para buscar un empleo ni para crear una empresa desde cero, pero sí podrían hacerlo para dirigir o adquirir una compañía que ya tiene trabajadores, clientes y mercado.

Estaríamos resolviendo dos problemas con una misma política: relevo empresarial y retorno del talento.

Hay una parte que no cabe en un Excel.

Pero creo que hay algo más que deberíamos entender. Para muchos pequeños empresarios, su empresa no es simplemente una inversión. Es una parte enorme de su vida. Han pasado treinta o cuarenta años allí. Han vivido crisis. Han tenido meses difíciles. Han visto crecer profesionalmente a sus trabajadores. Han conocido varias generaciones de clientes.

Y cuando llega el momento de jubilarse, naturalmente quieren obtener un precio justo. Pero muchos quieren algo más. Quieren saber que aquello que construyeron continuará. Que sus trabajadores conservarán su empleo. Que sus clientes seguirán siendo atendidos. Que lo que levantaron durante media vida no desaparecerá al día siguiente de marcharse. Eso también tiene valor.

Una cifra nueva

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Cada año contamos cuántas empresas nacen, cuántos autónomos tenemos o cuántas sociedades se constituyen. Yo añadiría otra cifra: ¿Cuántas empresas viables hemos conseguido que no desaparezcan por falta de relevo?.

Empezaría identificando 500 empresas potencialmente afectadas y, una vez consolidado el sistema, me marcaría como objetivo conseguir al menos 100 transmisiones empresariales exitosas cada año. Puede parecer poco. Pero si cada una conserva cinco, diez o veinte empleos, mantiene proveedores, genera actividad en su municipio y encuentra un nuevo empresario capaz de hacerla crecer, el impacto empieza a ser considerable. Y no estaríamos manteniendo artificialmente negocios que no funcionan. Estaríamos haciendo justamente lo contrario: ayudando a que empresas que funcionan sigan funcionando.

Antes de bajar la persiana.

Canarias necesita nuevas empresas, emprendedores, inversión y compañías capaces de ganar tamaño. Pero quizá debamos incorporar una idea bastante sencilla a nuestra política económica. Antes de crear una empresa desde cero, miremos si existe una buena empresa esperando a alguien que la continúe.

Porque crear una cartera de clientes puede llevar diez años. Construir una reputación, veinte. Formar un buen equipo, muchísimo tiempo. Y todo eso puede desaparecer el día que alguien baja definitivamente una persiana. Por eso, la próxima vez que vea uno de esos carteles de “cerrado por jubilación”, probablemente volveré a hacerme la misma pregunta: ¿tenía realmente que cerrar?

Y quizá me lo pregunte también, porque sé que detrás de una empresa, hay mucho más que números. Yo mismo he tenido la suerte de vivir lo que significa que alguien te abra los ojos y te descubre que hay un futuro, que quizá tú todavía no habías imaginado.

Ayudar a crear empresas es importante. Ayudarlas a crecer también y más en Canarias.

Por eso en los próximos años, deberíamos centrarnos también en una que una política económica necesaria para Canarias, consiste simplemente en conseguir que las buenas empresas no mueran con la jubilación de quien las creó.

Porque eso no es conservar el pasado.

Es darle un nuevo propietario al futuro.

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