23/07/2026

Comunicar con método
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AIRAM ABELLA. FORMADOR Y CONSULTOR EN COMUNICACIÓN

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Muchas pequeñas y medianas empresas ya comunican. Publican en redes sociales, preparan carteles, envían mensajes por WhatsApp, hacen presentaciones, diseñan promociones, responden a clientes, crean anuncios, actualizan su web y tratan de mantener viva su marca en un entorno cada vez más visual y exigente.

El problema, por tanto, no siempre es que comuniquen poco. Muchas veces el verdadero problema es que comunican sin sistema. Y cuando una empresa comunica sin sistema, cada pieza nace como una urgencia. Un post para salir del paso. Una historia para recordar una promoción. Un cartel que alguien necesita “para hoy”. Una presentación que se monta con prisas. Un anuncio que se lanza sin conexión con la campaña anterior. Un presupuesto que no parece de la misma empresa que su web. Una publicación que funciona, pero que no deja método para repetir lo aprendido.

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Durante años hemos hablado de digitalización como si bastara con incorporar herramientas. Pero muchas pymes ya tienen herramientas. Tienen redes sociales, correo electrónico, WhatsApp Business, plataformas de gestión, bancos de imágenes, aplicaciones de diseño y ahora también inteligencia artificial. La cuestión ya no es solo tener acceso a tecnología, sino saber convertirla en una forma de trabajar mejor.

Ahí es donde Canva ha dejado de ser únicamente una herramienta para diseñar piezas bonitas y empieza a entenderse como algo más amplio: un espacio desde el que ordenar la comunicación visual de un negocio.

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La diferencia es importante. Una cosa es abrir Canva para resolver una publicación puntual. Otra muy distinta es usar Canva para construir un sistema mínimo de comunicación: marca, mensajes, plantillas, campañas, colaboración, inteligencia artificial y medición.

Ese es el salto que muchas pymes todavía tienen pendiente.

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El primer paso es contar con un kit de marca real. No basta con subir un logotipo y elegir dos colores. Una empresa necesita definir cómo quiere ser reconocida: qué colores utiliza, qué tipografías le representan, qué estilo visual mantiene, cómo deben aparecer sus imágenes, qué tono usa en sus mensajes y qué elementos no deberían cambiar cada vez que alguien diseña una pieza nueva.

Si cada publicación parece de una empresa distinta, el problema no es Canva. El problema es que no hay sistema de marca.

El segundo paso es crear plantillas para todo aquello que se repite. Porque en una pyme se repiten muchas cosas: ofertas, promociones, testimonios, novedades, horarios, fichas de producto, presupuestos, presentaciones comerciales, carteles, stories, portadas de vídeo, newsletters o anuncios.

Lo que se repite no debería improvisarse. Debería convertirse en plantilla.

Una buena plantilla no limita la creatividad. Al contrario: libera tiempo, reduce errores y permite que distintas personas puedan comunicar con una misma lógica visual. Eso es especialmente importante en negocios pequeños, donde una misma persona puede encargarse de vender, atender, facturar, publicar y diseñar.

El tercer paso es ordenar los mensajes antes de diseñar. Esta es una de las grandes confusiones de muchas empresas: pensar que la comunicación empieza en la parte visual. Pero antes de elegir una imagen, una tipografía o un formato, hay que saber qué se quiere decir.

Toda pyme debería tener claros algunos mensajes básicos: quiénes somos, qué vendemos, qué problema resolvemos, por qué deberían elegirnos, qué beneficios ofrecemos, qué dudas suelen tener los clientes, qué nos diferencia y qué queremos que haga la persona después de ver nuestra comunicación.

Sin mensaje, el diseño solo maquilla la improvisación.

El cuarto paso es dejar de pensar en publicaciones sueltas y empezar a pensar en campañas. Una campaña no es necesariamente una gran inversión publicitaria. Para una pyme, una campaña puede ser una idea sencilla repetida con coherencia durante varios días o semanas en distintos puntos de contacto.

Por ejemplo: si tu empresa quiere promocionar un nuevo servicio, no debería limitarse a publicar un único post. Puede convertir esa misma idea en una presentación breve, una historia de Instagram, un cartel físico, un email, un anuncio, una pieza para WhatsApp, una ficha comercial y un pequeño vídeo explicativo. La clave no está en hacer más por hacer más, sino en adaptar el mismo mensaje con coherencia.

Una campaña no es un post bonito. Es una idea trabajada con método.

El quinto paso es utilizar la inteligencia artificial para acelerar, no para sustituir el criterio. La IA puede ayudar a generar ideas, adaptar textos, resumir información, proponer titulares, crear variaciones, transformar un mensaje en diferentes formatos o desbloquear procesos creativos. Pero la estrategia sigue siendo humana.

La inteligencia artificial responde mejor cuando la empresa sabe qué quiere comunicar. Por eso, antes de pedirle a una herramienta que cree, conviene haber definido el objetivo, el público, el tono y el mensaje. De lo contrario, solo estaremos generando más contenido, no necesariamente mejor comunicación.

Este fue, precisamente, uno de los grandes aprendizajes que me traje del Canva Community Labs celebrado en Barcelona, un encuentro en el que se presentó la nueva comunidad de emprendedores y pymes de Canva España.

Más allá del evento, lo interesante fue la dirección del proyecto: entender que las pymes no necesitan únicamente herramientas, sino también comunidad, formación, referencias cercanas y espacios donde aprender haciendo.

Bajo la coordinación de Nery Barbosa, directora de la Comunidad de Emprendedores y PYMEs de Canva España, este nuevo ecosistema nace con una idea muy clara: conectar a profesionales, makers, emprendedores y empresas que ya no ven Canva solo como una plataforma de diseño, sino como una herramienta para crear, comunicar y crecer mejor.

Y eso tiene mucho sentido en un país de pymes. Empresas pequeñas, autónomos, comercios, negocios familiares, profesionales independientes, startups, asociaciones, proyectos culturales, marcas personales o empresas turísticas comparten una realidad: tienen que comunicar cada vez más, pero no siempre cuentan con grandes equipos, grandes presupuestos o departamentos de marketing.

En territorios como Canarias, esta conversación es especialmente necesaria. Tenemos empresas con producto, identidad, talento y capacidad de diferenciación, pero muchas veces falta estructura comunicativa. Hay buenos negocios que no se explican bien. Hay proyectos valiosos que publican sin continuidad. Hay marcas que transmiten menos confianza de la que realmente merecen porque su comunicación visual no está ordenada.

Como Canvassador, mi lectura es clara: el verdadero valor de estas herramientas no está en hacer más diseños, sino en ayudar a las empresas a trabajar con más criterio, más velocidad y más coherencia.

La cuestión, por tanto, no está en la herramienta, sino en el uso que hacemos de ella. Una pyme puede seguir utilizando Canva para resolver urgencias puntuales o puede empezar a integrarlo como parte de una forma más ordenada, coherente y estratégica de comunicar.

Ahí está la diferencia entre diseñar por necesidad y comunicar con intención.

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