La singularidad económica y fiscal de Canarias constituye una herramienta fundamental para compensar los condicionantes estructurales que afectan al archipiélago. Nuestra condición ultraperiférica, la fragmentación territorial y la lejanía respecto a los principales mercados europeos justifican la existencia de un régimen diferenciado que permita mantener la competitividad de las empresas y garantizar el abastecimiento de las islas.
Sin embargo, más allá de su diseño normativo, esta singularidad tiene una incidencia directa en la actividad diaria de los operadores económicos. En sectores como la distribución alimentaria, donde dependemos de un abastecimiento continuo y de cadenas de suministro extremadamente sensibles a los tiempos y a la eficiencia logística, cualquier procedimiento adicional tiene consecuencias inmediatas sobre la operativa empresarial.
Cada mercancía que entra en Canarias debe superar una serie de controles y trámites aduaneros que incorporan una capa administrativa y documental muy diferente a la existente en el territorio peninsular. Estas mercancías pueden ser sometidas a distintos niveles de inspección, desde controles documentales hasta inspecciones físicas, circunstancias que obligan a las empresas a mantener una gestión permanente de procedimientos, documentación y despachos aduaneros.
Esta realidad adquiere una especial importancia en el caso de los productos perecederos. En nuestro sector, un retraso administrativo no es simplemente una incidencia puntual; puede afectar directamente a la disponibilidad de los productos en los lineales, incrementar costes logísticos y reducir la vida útil de las mercancías antes de llegar al consumidor. Cuando se trabaja con miles de referencias y con productos de alta rotación, cada hora cuenta.
El Régimen Económico y Fiscal de Canarias ha demostrado ser una herramienta imprescindible para compensar estas dificultades estructurales. Desde ASUICAN consideramos que su existencia ha contribuido de manera decisiva a mantener la estabilidad y la competitividad empresarial en las islas. No obstante, una cosa es el diseño del sistema y otra su aplicación práctica. Ahí es donde todavía encontramos importantes oportunidades de mejora.
Las empresas seguimos enfrentándonos a procedimientos complejos, cargas burocráticas significativas e interpretaciones administrativas que, en ocasiones, generan incertidumbre. Esta situación resulta especialmente problemática en un contexto en el que la logística moderna exige rapidez, trazabilidad y capacidad de respuesta inmediata. El objetivo no debe ser modificar los principios que sustentan el REF, sino adaptar su funcionamiento a las necesidades actuales del comercio y de las cadenas de suministro.
La simplificación administrativa es una cuestión clave. Aunque durante los últimos años se han producido avances importantes en materia de digitalización y en la mejora de determinados procedimientos, la experiencia diaria demuestra que aún existe un amplio margen para seguir avanzando. Persisten duplicidades documentales y controles que, en determinados casos, vuelven a realizarse en destino pese a haber sido efectuados previamente en origen. Asimismo, la falta de interoperabilidad entre administraciones dificulta la agilidad que demandan las empresas.
La digitalización no puede limitarse a trasladar trámites al formato electrónico. El verdadero reto consiste en simplificar procedimientos, eliminar redundancias y lograr que los distintos sistemas administrativos trabajen de forma coordinada. Para sectores como el de la distribución alimentaria, donde la rapidez es un factor determinante, disponer de procesos más ágiles y homogéneos resulta esencial.
Junto a estos desafíos, Canarias cuenta con una oportunidad estratégica de enorme relevancia. Nuestra ubicación geográfica entre Europa, África y América, unida a la seguridad jurídica derivada de nuestra pertenencia a la Unión Europea y a la existencia de infraestructuras portuarias consolidadas, nos sitúa en una posición privilegiada para desempeñar un papel relevante como plataforma logística internacional.
No obstante, la posición geográfica por sí sola no garantiza el éxito. La competencia entre plataformas logísticas es cada vez mayor y los operadores buscan entornos eficientes, digitalizados y con costes previsibles. Para aprovechar plenamente nuestro potencial es imprescindible reforzar la competitividad administrativa y operativa del archipiélago, eliminando obstáculos innecesarios y facilitando la actividad empresarial.
Además, debemos tener presente que Canarias no solo importa mercancías. También cuenta con sectores productivos y exportadores que necesitan un sistema logístico eficiente para competir en igualdad de condiciones. Cualquier mejora en la gestión aduanera, en la coordinación administrativa o en la simplificación de procedimientos repercute positivamente tanto en el abastecimiento interior como en la capacidad exportadora de nuestras empresas.
La logística moderna funciona con márgenes de tiempo cada vez más reducidos. Pensar que recibir una mercancía unas horas antes o después carece de importancia supone desconocer el funcionamiento real de las cadenas de suministro actuales. En sectores como el nuestro, donde trabajamos con productos perecederos y necesidades de abastecimiento constantes, cada hora puede marcar la diferencia entre la eficiencia y el sobrecoste.
Canarias dispone de todos los elementos necesarios para consolidar su competitividad y fortalecer su papel en el comercio internacional. Para lograrlo, debemos seguir avanzando en digitalización efectiva, coordinación institucional, simplificación administrativa y modernización de los procedimientos. Solo así podremos transformar nuestras singularidades en una verdadera ventaja competitiva para el conjunto de la economía canaria.












