06/05/2026

Canarias, punto de partida
C

Montserrat Hernández. Directora de Tribuna de Canarias

Te puede interesar

Hay territorios que se explican por su ubicación. Y hay otros que, con el tiempo, terminan explicándose por lo que hacen con ella. Canarias ha vivido durante décadas en esa frontera difusa entre ambas cosas: un lugar que parecía condenado a justificarse por la distancia y que, sin embargo, ha ido encontrando (casi sin hacer ruido) una manera distinta de situarse en el mapa.

El 30 de mayo suele invitar a mirar hacia dentro. A celebrar lo que somos, a reconocernos en una identidad compartida que, en el caso del archipiélago, tiene tanto de historia como de carácter. Pero quizá este año convendría introducir un pequeño matiz en ese ejercicio. No tanto preguntarnos quiénes somos (que lo sabemos) como desde dónde queremos serlo.

- Publicidad -

Porque, en realidad, la cuestión ya no es si Canarias está lejos o cerca. Esa conversación empieza a pertenecer a otra etapa. La pregunta relevante hoy es otra: si seguimos pensándonos como un destino o si empezamos a asumir, de una vez por todas, que también somos un punto de partida.

Durante mucho tiempo, la economía canaria ha orbitado alrededor de esa idea de llegada. Llegan turistas, llegan inversiones, llegan oportunidades que dependen, en gran medida, de lo que sucede fuera. Y esa dinámica, que ha sido clave para el desarrollo del archipiélago, ha construido también una forma de entendernos: como un lugar al que se viene.

- Publicidad -

Nada hay de erróneo en eso. Pero empieza a resultar incompleto.

Porque mientras ese relato se ha consolidado, otro ha ido creciendo en paralelo, sin demasiada atención mediática ni grandes titulares. Un tejido empresarial que ya no se limita a gestionar lo que llega, sino que empieza a generar lo que sale. Empresas que nacen aquí y miran fuera desde el primer momento. Proyectos que no entienden la insularidad como una barrera, sino como una circunstancia más dentro de un entorno cada vez más conectado.

- Publicidad -

No es un cambio abrupto, ni responde a una decisión concreta. Es, más bien, una evolución. Una forma distinta de posicionarse que se ha ido abriendo paso a través de la experiencia, de la necesidad y, en no pocas ocasiones, de cierta intuición empresarial que ha sabido leer mejor el momento que los propios discursos oficiales.

Y, sin embargo, cuesta incorporarlo al relato.

Seguimos recurriendo con facilidad a la idea de periferia, como si el mundo siguiera funcionando con los mismos parámetros de hace décadas. Seguimos midiendo la competitividad en kilómetros, cuando hace tiempo que se mide en capacidad, en talento y en ambición. Seguimos explicando Canarias desde lo que la separa, cuando empieza a tener más sentido hacerlo desde lo que la conecta.

Europa, África, América. Más que puntos cardinales, hoy son contextos operativos. Espacios de relación económica, de intercambio, de oportunidad. Y en ese cruce, Canarias no ocupa un lugar anecdótico. Ocupa, si quiere asumirlo, una posición con potencial real.

No se trata de construir un relato grandilocuente ni de caer en el entusiasmo fácil. Hay límites que siguen ahí y que forman parte de la ecuación: los costes asociados a la insularidad, la complejidad administrativa, las tensiones en ámbitos clave como la vivienda o el mercado laboral. Ignorarlos sería, además de poco realista, contraproducente. Pero tampoco ayuda seguir explicándolo todo desde esa lógica.

Porque lo que empieza a definirse ahora no es la capacidad de resistir —esa está sobradamente demostrada—, sino la capacidad de proyectar. De utilizar lo que somos no solo para sostener una economía, sino para impulsarla en nuevas direcciones. De entender que la posición geográfica, que durante tanto tiempo se percibió como condicionante, puede convertirse en una palanca.

Ese giro, que puede parecer sutil, tiene implicaciones profundas.

Cambia la forma en la que se concibe la empresa, obligándola a pensar en términos más abiertos.

Cambia la manera en la que las instituciones deben acompañar ese proceso, con políticas menos centradas en la gestión del corto plazo y más orientadas a facilitar crecimiento real. Y cambia, sobre todo, la narrativa colectiva: esa que determina si un territorio se resigna a un papel o decide ampliarlo.

Quizá por eso el Día de Canarias ofrece algo más que una oportunidad para celebrar. Permite, si se quiere, ajustar el foco.

No para negar lo que hemos sido, sino para reconocer lo que está emergiendo. Para asumir que el archipiélago ya no es solo ese lugar al que se llega buscando clima, descanso o una oportunidad puntual. Es también un espacio desde el que se construyen proyectos, desde el que se toman decisiones, desde el que se puede competir.

Y eso obliga a una cierta coherencia.

A dejar de mirarnos únicamente como receptores y empezar a hacerlo también como emisores. A reforzar aquello que permite dar ese salto: formación, innovación, entorno empresarial, seguridad jurídica. A entender que el crecimiento no puede medirse solo en volumen, sino en la calidad de lo que se genera. No es una transformación que vaya a producirse de un día para otro, ni que dependa de un único actor. Pero sí es un movimiento que ya está en marcha. Y que, precisamente por eso, merece ser reconocido.

Tal vez ese sea el verdadero sentido de este momento.

No tanto reafirmar lo que siempre hemos dicho de nosotros mismos, sino atrevernos a decir algo distinto. Algo que no niega el pasado, pero que no se queda en él. Algo que no necesita exagerar las fortalezas, pero que tampoco se empeña en minimizar lo que ya es evidente.

Porque Canarias, hoy, sigue siendo un destino. Pero empieza, cada vez con más claridad, a ser también otra cosa.

Un punto de partida.

- Advertisement -

Más noticias

Santa Cruz impulsa su transformación sostenible con la II Jornada Internacional Ciudad 360º

El Palmetum acogió un encuentro clave que situó a la capital tinerfeña en el mapa internacional del debate sobre el futuro sostenible de las ciudades.

Más noticias