Martes 8 de septiembre de 2026
Directivos

Javier M. Amigó: “Queremos demostrar que una vivienda saludable, eficiente y sostenible también puede ser asequible”

Javier M. Amigó. Arquitecto de Arquitec Biocostrucción Estudio.

Arquitec Bioconstrucción lleva años apostando por una arquitectura basada en materiales naturales, eficiencia energética y adaptación al clima. ¿Está creciendo en Canarias la demanda de viviendas que, además de ser sostenibles, mejoren realmente la salud y el confort de quienes las habitan?

Sí, creemos que existe una evolución clara. Hace algunos años, la sostenibilidad se entendía fundamentalmente como ahorro energético. Ahora existe una mayor preocupación por cómo influye la vivienda en nuestra calidad de vida: la temperatura interior, la humedad, la calidad del aire, la iluminación natural, la acústica o los materiales con los que convivimos.

También percibimos que el cliente llega más informado y plantea cuestiones que antes apenas aparecían. Se interesa por los materiales naturales, su origen y fabricación, por la ventilación, por evitar determinados productos o por conseguir una vivienda confortable sin depender permanentemente de sistemas mecánicos.

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Para nosotros es importante porque siempre hemos entendido la arquitectura sostenible desde una perspectiva amplia. Una vivienda no debería ser únicamente eficiente energéticamente; debe proporcionar buenas condiciones ambientales y ser saludable tanto para las personas como para el planeta.

Canarias tiene unas condiciones climáticas muy particulares y, al mismo tiempo, una elevada dependencia energética. ¿Hasta qué punto un buen diseño bioclimático puede reducir la necesidad de aire acondicionado y abaratar el coste de vivir en una vivienda?

Puede reducirla de manera muy significativa. En Canarias tenemos unas condiciones favorables para trabajar con criterios bioclimáticos, aunque existen diferencias entre islas, orientaciones, cotas y zonas climáticas.

Antes de instalar equipos hay que hacer arquitectura: estudiar la orientación, controlar la radiación solar —protegiéndonos de ella o aprovechándola según las condiciones—, favorecer la ventilación cruzada, aprovechar la inercia térmica, diseñar adecuadamente los huecos y utilizar correctamente el aislamiento. Una vivienda mal diseñada puede necesitar climatización incluso en un clima benigno. En cambio, una vivienda bien planteada puede mantener el confort durante buena parte del año con un consumo energético muy reducido.

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Además, no se trata solo de cuánto cuesta construirla, sino de cuánto cuesta habitarla durante treinta, cuarenta o cincuenta años. Ese coste debería formar parte de las decisiones de proyecto desde el principio.

El precio de la vivienda y los costes de construcción son actualmente uno de los grandes problemas del Archipiélago. ¿Es posible hacer que la bioconstrucción deje de percibirse como una opción exclusiva y se convierta en una alternativa viable para una vivienda más asequible?

Sí. La primera herramienta para hacer una vivienda sostenible y asequible es diseñar bien. Una vivienda compacta, correctamente orientada, con una superficie razonable, sistemas constructivos sencillos y soluciones pasivas puede ser mucho más sostenible que otra llena de tecnología.

Además, debemos valorar el coste completo de la vivienda. Una solución puede tener un coste inicial ligeramente superior y, sin embargo, reducir durante décadas el consumo energético, el mantenimiento o la necesidad de climatización. El problema aparece cuando la sostenibilidad se plantea como una serie de elementos que se añaden al proyecto al final. Nuestro planteamiento es el contrario: debe formar parte de las decisiones básicas del edificio desde el primer croquis.

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En sus proyectos apuestan por materiales naturales, reciclados o reciclables. ¿Cuáles considera más adecuados para Canarias y qué dificultades existen para generalizar su uso?

Nos interesa recuperar materiales que históricamente han funcionado bien en las islas y combinarlos con sistemas contemporáneos. La madera, la cal, la piedra, la tierra o determinados aislamientos naturales pueden ofrecer excelentes prestaciones.

También consideramos fundamental reutilizar materiales existentes cuando sea técnicamente viable. Muchas veces, la construcción más sostenible es la que evita fabricar y transportar un material nuevo.

Una dificultad evidente en Canarias es nuestra condición insular: muchos productos deben importarse, lo que incrementa su coste y su impacto ambiental. No obstante, el aumento de la demanda está favoreciendo una mayor oferta de productos de bioconstrucción y empresas especializadas.

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Esto permite potenciar los materiales locales, la reutilización, la economía circular y sistemas que reduzcan nuestra dependencia exterior. Aún queda camino por recorrer, pero estamos avanzando.

La rehabilitación del parque de viviendas existente puede ser clave ante la falta de suelo y de oferta residencial en las islas. ¿Debería Canarias apostar más por rehabilitar y mejorar energéticamente las viviendas que ya existen?

Sin ninguna duda. Construir vivienda nueva será necesario, pero sería un error abordar el problema exclusivamente desde esa perspectiva. Canarias dispone de un enorme patrimonio edificado que puede mejorar sus prestaciones y, en determinados casos, recuperar usos residenciales. Rehabilitar significa aprovechar estructuras, materiales, infraestructuras y suelo que ya han sido consumidos. Además, gran parte de nuestro parque residencial fue construido con criterios energéticos alejados de los actuales. Intervenciones sobre protección solar, ventilación, carpinterías, cubiertas o aislamiento pueden transformar radicalmente el comportamiento de una vivienda.

Antes de seguir ocupando territorio deberíamos preguntarnos cuánto podemos recuperar, adaptar y reutilizar de lo que ya tenemos.

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Uno de sus proyectos transforma una antigua casona canaria en hotel y museo, mientras otros integran vivienda y paisaje. ¿Cómo proteger el patrimonio y el territorio sin renunciar a las necesidades actuales?

Entendemos el patrimonio no solo como algo que conservar, sino como un conjunto de valores, materiales, técnicas, usos y formas de relacionarse con el territorio construidos a lo largo del tiempo. Cuando intervenimos en un edificio existente, analizamos qué elementos definen su valor e identidad y qué capacidad tiene para acoger nuevos usos. Cada edificio requiere encontrar su propio equilibrio entre permanencia y transformación. En muchos casos, incorporar un nuevo uso permite garantizar su continuidad. La clave está en realizar intervenciones proporcionadas, con materiales y soluciones compatibles, procurando que lo nuevo dialogue con lo existente sin necesidad de imitarlo.

En Canarias, patrimonio y paisaje están profundamente relacionados. La topografía, la vegetación, los sistemas constructivos tradicionales y las formas históricas de ocupar el territorio también forman parte de la identidad de cada lugar. Además, conservar y reutilizar lo existente tiene una importante dimensión ambiental: permite aprovechar materiales y estructuras ya construidos antes de plantear su sustitución. Se trata de aprender de lo que existe y permitir que evolucione sin perder aquello que lo hace valioso.

De cara a 2026, con la emergencia habitacional y la sostenibilidad como dos de los grandes retos de Canarias, ¿qué objetivos se marca Arquitec Bioconstrucción y qué papel quiere jugar el estudio en la creación de una vivienda canaria más saludable, eficiente y respetuosa con el territorio?

Nuestro objetivo es seguir demostrando, a través de proyectos reales, que otra manera de construir es posible.

Queremos avanzar hacia una arquitectura coherente con el clima y los recursos de Canarias, profundizar en la rehabilitación, en el empleo de materiales naturales y reutilizados y en soluciones que reduzcan tanto el consumo energético como el impacto ambiental de los edificios. Pero también queremos que esa arquitectura sea económicamente sensata.

La sostenibilidad no puede convertirse en un producto reservado a una minoría. Canarias necesita vivienda, pero necesita, sobre todo, buena vivienda: edificios duraderos, adaptables, saludables, eficientes y capaces de envejecer correctamente. Nuestro papel como arquitectos es demostrar que resolver una necesidad habitacional y respetar el territorio no son objetivos incompatibles. Precisamente, el reto está en conseguir ambas cosas de forma simultánea.

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