Martes 3 de noviembre de 2026
Nueva Economía

Faltan viviendas en Canarias, pero ¿Cuánta electricidad hará falta cada año para construirlas?

Economista

Canarias necesita entre 32.000 y 44.000 viviendas que hoy no existen, y el déficit crece en unas 6.000 viviendas al año. El problema es nacional (el Banco de España cifra la brecha española en 750.000 viviendas), pero en un archipiélago de ocho islas, con suelo escaso, economía turística y sistemas eléctricos aislados, la falta de vivienda es ya un freno al crecimiento, al empleo, a la propia industria y al desarrollo social y económico de Canarias.

Este artículo responde a la pregunta que casi nadie se hace: si Canarias construye cada año las viviendas que necesita, ¿cuánta electricidad adicional hará falta y está el sistema eléctrico preparado para darla?

Canarias: se construye mucho menos de lo que se necesita

Todas las estimaciones coinciden en lo esencial: en Canarias faltan decenas de miles de viviendas, y la brecha crece cada año. Las cifras varían según quién las calcule, desde las más de 32.000 que estima BBVA Research hasta las 44.000 de la Asociación de Consultoras Inmobiliarias, pero el diagnóstico es el mismo.

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La explicación es sencilla. La población del archipiélago, que ya supera los 2,27 millones de habitantes, sigue creciendo, y cada año se forman más del doble de hogares de los que se terminan viviendas. Hace dos décadas Canarias llegó a producir varias veces más vivienda que hoy. Ahora, la promoción privada avanza a cuentagotas y la pública está prácticamente paralizada: en el primer semestre de 2026 no se inició ni una sola vivienda protegida, mientras miles de familias esperan en las listas de demandantes.

El resultado se nota en el bolsillo. Comprar o alquilar en las islas está en máximos históricos, el alquiler ya se lleva más de la mitad del sueldo medio y Canarias es de las comunidades donde más hogares dependen del alquiler. Detrás de muchos desahucios está, simplemente, la imposibilidad de pagarlo.

La paradoja es que el suelo no es el principal obstáculo: el Observatorio Canario de la Vivienda calcula que en suelo urbano ya consolidado cabrían unas 125.000 viviendas, muy por encima del déficit. Lo que falla es la capacidad de convertir ese suelo en casas.

Por qué en Canarias pesa más que en ningún otro sitio

En un territorio insular, la vivienda no es un mercado más: es la condición para que todo lo demás funcione, desde la sanidad hasta la industria. Cinco rasgos lo hacen especialmente crítico.

  1. Ocho mercados aislados, no uno. Cada isla tiene su propio suelo, su propia demanda y red. Un excedente en La Palma no resuelve la falta de pisos en Adeje o Las Palmas de Gran Canaria.
  2. Competencia directa con el turismo. Con un récord de 18,4 millones de visitantes en 2025, el uso turístico compite por el mismo suelo y las mismas casas. Siete municipios ya tienen más plazas turísticas que habitantes; Pájara llega a unas 165 por cada 100 vecinos.
  3. La vivienda vacacional retrocede, pero sigue pesando. El ISTAC contabilizó 36.497 viviendas vacacionales en plataformas en junio de 2026, un 20% menos que un año antes, tras la nueva ley. Aun así, la cifra equivale a casi todo el déficit residencial estimado.
  4. Construir cuesta más y rinde menos. Materiales importados, sobrecoste logístico, escasez de mano de obra y baja rentabilidad están paralizando promociones, sobre todo la protegida, donde las licitaciones quedan desiertas.
  5. Sin vivienda no llegan trabajadores. BBVA Research advierte que el déficit ya frena la llegada de talento y lastra el crecimiento potencial del archipiélago. Para la industria canaria significa vacantes sin cubrir y plantillas que no pueden vivir cerca del polígono.

En resumen: en la Península, un trabajador que no encuentra piso puede mudarse a la provincia de al lado. En Canarias, el mar marca el límite.

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La pregunta incómoda: si se construyen, ¿hay luz para ellas?

Respuesta corta: hoy, no de forma inmediata. Producir la electricidad que consumirían las nuevas viviendas a lo largo del año es asumible. Lo difícil es otra cosa: tener potencia suficiente en el momento de máxima demanda y una red capaz de llegar al barrio concreto donde se levanta cada promoción.

Un sistema aislado que ya va justo

Canarias no está conectada a la red peninsular. Cada isla, o par de islas, funciona como un sistema eléctrico independiente que debe producir en todo momento lo que consume, sin poder pedir ayuda al vecino. Esa independencia la protegió del gran apagón peninsular de abril de 2025, pero también la hace más frágil.

Y el margen es escaso. El archipiélago vive en emergencia energética declarada desde 2023. Red Eléctrica, como operador del sistema, ha advertido de que Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura no tienen hoy toda la potencia firme que necesitan para cubrir su demanda con seguridad, y el Gobierno ha tenido que autorizar plantas de emergencia para evitar apagones. A eso se suma que buena parte de las centrales son térmicas, antiguas y dependientes del petróleo, y que la proporción de nudos de la red sin capacidad para nuevas conexiones casi se duplicó en apenas unos meses a comienzos de 2026.

Hay pasos en la buena dirección: el Estado adjudicó en 2026 nueva capacidad de generación para todas las islas y avanza el Salto de Chira, la gran central de bombeo de Gran Canaria. Pero son soluciones que llegan para cubrir el déficit de hoy, no el crecimiento de mañana.

Cuánta electricidad pedirá cada año la vivienda que falta

Si Canarias quisiera cerrar su déficit en una década, tendría que construir unas 14.000 viviendas al año, más del triple que ahora. Para saber qué supondría eso para el sistema eléctrico conviene distinguir tres cosas que a menudo se confunden.

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La primera es la energía: lo que consumen las casas a lo largo del año. Aquí las noticias son relativamente buenas. Una vivienda canaria gasta poco, porque apenas necesita calefacción. Aun así, el ritmo de construcción necesario añadiría cada año un consumo comparable al de una ciudad mediana, lo que equivale a más o menos la mitad de lo que crece hoy toda la demanda eléctrica del archipiélago. Es exigente, pero se puede cubrir con renovables.

La segunda es el agua, el consumo invisible. En Canarias el agua se paga en electricidad: desalar, bombear y depurar se lleva casi una quinta parte de toda la electricidad de las islas, según el Instituto Tecnológico de Canarias. Cada hogar nuevo trae consigo ese gasto añadido, que en Lanzarote y Fuerteventura, donde casi toda el agua sale del mar, es todavía mayor.

La tercera, y la decisiva, es la potencia. No basta con producir la energía a lo largo del año: hay que tenerla disponible en el momento en que todo el mundo enciende la luz, cocina y pone la lavadora, normalmente al caer la tarde. Y además hay que poder llevarla hasta cada edificio. Es aquí donde el sistema canario no tiene margen.

El futuro hace el reto más grande. Las viviendas nuevas serán cada vez más eléctricas: aerotermia en lugar de bombona de butano, cocinas de inducción y coches que se recargan en el garaje por la noche. Es la dirección correcta para descarbonizar las islas, pero puede duplicar lo que cada hogar pide a la red en las horas punta.

Diez años construyendo: la punta acumulada frente al déficit actual

El gráfico lo resume de un vistazo: si las viviendas nuevas se electrifican, en menos de una década habrán añadido al sistema más potencia de la que hoy ya falta en Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura juntas. Incluso sin electrificar, su demanda equivaldría a buena parte de ese hueco. Construir sin reforzar la red, por tanto, no es una opción.

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Isla a isla: donde más se va a construir, ya falta potencia

Como cada isla es un sistema eléctrico aislado, el reto no se mide en el conjunto de Canarias sino isla por isla, y ahí las piezas no encajan bien.

Tenerife es el caso más tenso. Concentra la mayor parte de la demanda eléctrica, del suelo disponible para vivienda y del déficit habitacional. Y es, a la vez, una de las islas donde el operador del sistema ya ha pedido potencia adicional de urgencia. Si se construye lo que hace falta, la vivienda nueva podría, en una década, duplicar el desfase que la isla arrastra hoy.

Gran Canaria parte del mayor déficit de potencia del archipiélago, aunque tiene a su favor el Salto de Chira, que cuando entre en servicio dará al sistema una capacidad de almacenamiento y respuesta que hoy no tiene.

Lanzarote y Fuerteventura dependen casi por completo del agua desalada, de modo que cada casa nueva pesa allí más que en ninguna otra isla. En La Palma, La Gomera y El Hierro el volumen es menor, pero sus sistemas son tan pequeños que cualquier crecimiento se nota.

Cómo cubrirla: el tejado puede dar la energía, no la potencia

Cada promoción podría producir en su propia cubierta buena parte de la electricidad que consumirá, pero eso no resuelve la punta ni la conexión.

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Canarias tiene sol de sobra. Unas placas modestas en el tejado de cada edificio bastarían para generar, a lo largo del año, una parte muy importante de lo que gastan sus vecinos. Es la vía más rápida y barata para que la vivienda nueva no cargue al sistema.

El problema es el reloj. Los hogares consumen más al anochecer, justo cuando el sol se ha ido. Sin baterías en los edificios o sin grandes almacenamientos como el Salto de Chira, esa demanda de la tarde seguirá cubriéndose con centrales térmicas, que son precisamente las que ya no dan abasto.

Y hay un límite que ninguna placa salva: para conectar una promoción hace falta una subestación o un centro de transformación con capacidad libre. Esa infraestructura tarda años en planificarse y construirse, a menudo más que el propio edificio.

Conclusión: si Canarias construye las viviendas que necesita, el problema no será la energía, sino la potencia y la red. Hoy el sistema no tiene holgura: ya necesita plantas de emergencia para atender la demanda actual. Por eso cada nueva promoción debería llegar con su estudio de capacidad eléctrica, su autoconsumo y, cuando sea posible, su almacenamiento.

Qué hace falta: vivienda y energía, en el mismo plan

Construir viviendas sin planificar la red es inaugurar edificios a oscuras. Cinco líneas de actuación para que el esfuerzo no se quede a medias:

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  1. Planificar suelo y red a la vez. Que cada desarrollo residencial incluya desde el inicio su estudio de capacidad eléctrica y la subestación o refuerzo que necesita, coordinando ayuntamientos, Gobierno de Canarias, distribuidora y Red Eléctrica.
  2. Prioridad real para la vivienda en el acceso a la red. Aplicar en Canarias el carácter estratégico de la vivienda y liberar la capacidad reservada por proyectos que no avanzan.
  3. Generación firme y renovable dentro de las islas. Acelerar almacenamiento (Salto de Chira, baterías), autoconsumo en las nuevas promociones y la sustitución ordenada del parque térmico, para que el crecimiento de la demanda no dependa de grupos de emergencia.
  4. Construir más rápido y más barato. Agilizar licencias, impulsar la construcción industrializada y movilizar el suelo urbano ya disponible (capacidad para 125.000 viviendas), con especial urgencia en la vivienda protegida.
  5. Medir el problema con una sola cifra oficial. Un déficit que oscila entre 32.000 y 44.000 según la fuente dificulta planificar. Canarias necesita un indicador único, por isla, que cruce vivienda, población y capacidad eléctrica.

Por lo tanto, en un territorio fragmentado y aislado, cada vivienda nueva necesita tres cosas a la vez: suelo, licencia y kilovatios. Si falla una, la vivienda no existe.

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