Juana Martín firma otro de los desfiles más interesantes de esta pasarela. Su novia se desmarca del clasicismo intemporal y se adentra en otros terrenos, todos regados con esas gotas de rocío fresco que empapan de romanticismo el campo andaluz. “La colección se llama Alborear, y está inspirada en la primera luz del día en un olivar cordobés”, revela, orgullosa de su tierra, de su sangre, de su raza. Un adn que marca cada una de sus prendas y se nota en cada puntada.

“Es muy artesanal”, añade mientras una de sus costureras, con pasión, termina de bordar a mano uno de sus vestidos.

Los volantes, las espaldas tatuadas con encaje y las flores, bordadas o aplicadas, decoran vestidos sofisticados que, a veces, se muestran atrevidos con femeninas transparencias.

En un estilo muy distinto vemos diseños de patrón sencillo, casi monacal, con el cuello cerrado y manga larga.

“Mi novia es muy novia, los vestidos de fiesta blancos ya los muestro en los desfiles de prê-à-porter, aquí traigo moda para novias que les gusta el protocolo. A las novias les gusta casarse de forma tradicional y luego, algunas, se cambian para la fiesta, para esas hago un segundo vestido”.